Los Celtics esperan que Shaq pueda aportar todavía

Duncan y Shaq todavía cuentan

ya no es lo que un día fue. Como tampoco lo es Shaquille O’Neal, ni de cerca. Ambos siempre serán, sin embargo, los dos big men más dominantes de la pasada década, y sus equipos, a día de hoy, todavía les necesitan.

Empecemos con Duncan. Larga y enorme carrera NBA siempre ligada a un solo equipo y a un solo entrenador, Duncan es el mejor ejemplo de jugador todavía en activo que pronto será miembro del Hall Of Fame. The Big Fundamental, le apodó el propio Shaq auque, a diferencia de éste, Duncan no suele conceder apodos a otros jugadores, ni a sí mismo.

Sigamos con Shaq. O’Neal ha cambiado de equipo últimamente tanto o más que de coche. En total, seis franquicias y numerosos entrenadores han pasado por su carrera. Shaquille aparece en películas, graba video-clips de rap y protagoniza varios anuncios para TV. A diferencia de Duncan, Shaq es todo improvisación, extravagancia y diversión. Como Duncan, Shaq tiene 4 anillos de la NBA.

Duncan y Shaq fueron protagonistas de numerosas grandes batallas a principios de la pasada década, cuando los y los se encontraban año sí año también en cualquier ronda de los Playoffs de la Conferencia Oeste. Duncan sigue hoy en San Antonio, Shaq está en Boston, tras pasar entre tanto por Miami, Phoenix y Cleveland. TD cumple 35 este mes, mientras que Shaq está ya en los 39.

El año pasado, Duncan parecía ya acabado. Una serie de lesiones y una precipitada eliminación en la primera ronda de los pasados Playoffs llevaban a la mayoría de analistas a pensar que la ventana de los Spurs se había cerrado definitivamente. Había, se escribía entonces, que dar el primer paso hacia delante de la era post-Duncan. Pero este año, Duncan, Manu Ginobili, y el resto del equipo, han sido los primeros en alcanzar las 50 victorias en temporada regular. San Antonio barrió primero a Los Angeles y luego a Miami, con lo que parecía que el anillo número cinco estaba ya de camino, por sorpresa de todos, incluso de ellos mismos.

Pero las cosas han cambiado. San Antonio todavía conserva el mejor record de la Liga (59-19), y aunque sus dos últimos partidos han sido victorias, venían de perder seis de forma consecutiva (Duncan no jugó en cuatro de ellos), algo que no había sucedido nunca en las 14 temporadas que el ala-pivot de los Spurs ha militado en el equipo.

Mientras, O’Neal firmó con los este pasado verano. Su único motivo era la (última) búsqueda de su quinto anillo, pues con Garnett, Pierce, Allen y Rondo, los C’s han llegado a dos de las últimas tres Finales. Como los Spurs, los Celtics empezaron la temporada muy fuertes. Por aquel entonces, O’Neal, ya no más en su anterior papel de Jugados más Dominante de la NBA, era un perfecto complemento en un temible frontcourt que incluía a Kendrick Perkins, Glen Davis y Jermaine O’Neal. Pero cuando Perkins fue traspasado y su recambio, Nenad Krstic, se lesionó, Shaq debía ser una pieza importante en este final de temporada.

Pero O’Neal se ha perdido 27 partidos debido a una inoportuna pero lógica lesión en su ya dañado tendón de Aquiles. Y cuando volvió el pasado domingo ante Detroit, lo hizo por tan solo seis minutos tras sentir un tirón en la pantorrilla. Dicen en Boston que no estará demasiado tiempo fuera, y eso es una buena noticia para los Celtics, pues probablemente ahora lo necesiten más de lo que nunca se hubieran pensado.

Sea como sea, el “modo pánico” no se encenderá ahora ni en Texas ni en Massachusetts. Ambos equipos saben que, para ellos, la posición en la que lleguen a la post-temporada no es lo más importante. Ambos han demostrado recientemente que pueden ganar a domicilio en Playoffs ante cualquiera que sea el rival y que, cuando más lejana sea la ronda, más determinación tienen por ganar. Saben también, ambos, que si esta no es la última oportunidad, poco le falta. Al menos, no existen a día de hoy garantías sobre lo que pueda acontecer el próximo año.

Duncan y O’Neal son, en gran parte, el motivo de tal enfoque. Pero aunque hoy ya no sean tan poderosos como un día fueron, los dos jugadores más influyentes y dominantes de la última década todavía cuentan, y mucho. Quizá más de lo que nunca nadie imaginó.


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