Heat - Knicks, el duelo que todos queremos ver

Nueva York baja el telón hasta la próxima temporada

Se acabó. Cuatro partidos ha durado la aventura de los New York en los Playoffs del 2011. Tras siete años de ausencia, los Boston Celtics han barrido a placer al equipo de D’Antoni. Un conjunto roto y al que los problemas físicos de Chauncey Billups y Amare Stoudemire han supuesto un inconveniente más a su participación en la post-temporada.

Los dos primeros encuentros, ambos ajustados y con victoria de los verdes, dieron cierta esperanza al aficionado de Nueva York al ver lo que su equipo había logrado en Massachusetts. Pero nada más lejos de la realidad. Si en el primer partido fue Ray Allen quien apuntaló la victoria, en el segundo lo fue Garnett. En los dos encuentros disputados en el Madison Square Garden los de Doc Rivers dieron un auténtico baño a su rival. Sólo se salvó de la quema. A ilusión no le ganó nadie y sólo la escasa ayuda de sus compañeros no dio un mayor premio a los de Nueva York.

El doloroso 4-0 pone fin a una temporada que ha supuesto un cambio de ciclo en la travesía negativa de los Knicks. Las victorias volvieron, se superó el año por encima del 50% y se llegó a los Playoffs con dos equipos distintos. El Pre-Melodrama y el Post-Melodrama.

El Pre-Melodrama llegó con Amare Stoudemire como principal estandarte. Ni Lebron James, ni Chris Bosh dieron el sí quiero a los Knicks, pero sí lo hizo la antigua estrella de los Suns. Le acompañó un base sólido como Raymond Felton desde North Carolina, junto a un puñado de secundarios como Roger Mason Jr., Shawne Williams, Timofey Mozgov, Kelena Azubuike, Rony Turiaf, Anthony Randolph y los rookies Landry Fields y Andy Rautins.

Un equipo prácticamente nuevo al que Mike D’Antoni tenía la pretemporada para adaptarlos  junto a los ya veteranos Danilo Gallinari, Toney Douglas, Wilson Chandler y el semi-retirado Eddy Curry.

Con Amare Stoudemire al frente de la ofensiva de D’Antoni, el ala-pívot era el líder de los suyos. Mandaba dentro y fuera del vestuario, sus números eran de MVP y todo parecía sonreírle al jugador. Además, no echaba en falta a Steve Nash, ya que tras un arranque dubitativo, encontró en Raymond Felton el socio perfecto. Por su parte, el base, mucho más ofensivo que en su etapa de los Bobcats, había logrado adaptarse al estilo Run & Gun y por primera vez en su carrera tenía opciones de acudir al All-Star.

Junto a ellos, Wilson Chandler partía desde el banco y apuntaba a mejor Sexto hombre del año. Además del poderío exterior de Gallinari, el draft había traído una sorpresa en forma de escolta de 2ª ronda, Landry Fields.  Buen defensor y un jugador con una extremada madurez en la cancha.

Pero aquí no acababan la sorpresas, ya que, un jugador que estaba más fuera que dentro de la liga, un alero detenido en varias ocasiones se ganó un puesto. Su nombre, Shawne Williams. El jugador no tenía buen cartel, pero a base de trabajo y seriedad terminó arrancando el último puesto del roster al hijísimo, Patrick Ewing Jr.

Todo parecía funcionar en Nueva York. Un equipo joven, con un juego alegre y el estilo del técnico italoamericano había llegado a los suyos. Por primera vez desde hace muchos años los Knicks se asentaban en los puestos de Playoffs y además llegaban al All-Star por encima del 50% en victorias-derrotas (28-26).

Tras el fin de semana de las Estrellas, las prisas desmantelaron a un equipo que parecía funcionar. Por obra y gracia de James Dolan llegó la tan ansiada segunda estrella, Carmelo Anthony. Y con él un veterano MVP como Chauncey Billups y en el paquete también entraron Anthony Carter, Shelden Williams, Renaldo Balkman y Corey Brewer.

Ray Felton, que había entrado en vereda, y los queridísimos Wilson Chandler, Danilo Gallinari y Timofey Mozgov ponían rumbo a Colorado. En tan sólo unas horas el conjunto que D’Antoni había mimado y trabajado se había desmontado. Llegaba la estela de Melo, pero faltaban piezas y tiempo con el que poner a tono el ritmo para la post-temporada.

La ilusión arrebató todos los rincones de Nueva York. Ahora tenían dos estrellas con los que llegar lejos, con los que labrar un futuro, pero lo que todo parecía un cuento de hadas, pronto se convirtió en pesadilla.

En el Post-Melodrama Billups no se adaptaba al juego rápido de su técnico, Melo pedía demasiado balón y la otra estrella, Stoudemire, veía como pasaba a segundo plano. Una situación que no gustaba al ala-pívot.

Se había dado demasiado. Se había perdido jugadores claves y tocaba empezar de nuevo. Pese a los problemas, llegó el fin de la temporada regular con un récord positivo de 42-40 y con la 6ª plaza del Este. Volvían los Playoffs a la Big Apple y sólo eso era motivo de ilusión. El rival, los siempre duros Boston Celtics, era lo de menos. Volvían las grandes ocasiones al Madison Square Garden.

En el primer partido de la eliminatoria una primera parte increíble permitió soñar a los de Nueva York. Pero lejos de la realidad, un triple de Ray Allen a escasos segundos del final los devolvió a la tierra (87-85).

Tras el estreno, los nervios desaparecieron. En otro trabajado partido, los pupilos de D’Antoni tuvieron opciones y en un espectacular encuentro de Carmelo Anthony (42 puntos), los neoyorquinos se toparon con un Garnett que fue clave en los instantes finales. De nuevo se saboreó la victoria, pero por segunda ocasión las individualidades privaron a los Knicks de la gloria (96-93).

Con los dos primeros encuentros disputados en Massachusetts, los Playoffs ponían rumbo a Nueva York en un ambiente espectacular. Las entradas estaban agotadas, numerosos medios se quedaban sin hueco en la zona de prensa y el equipo, tocado físicamente, pensaba que podía sacar algo positivo por sus anteriores hazañas.

Y en el tercer envite llegó Rajon Rondo. Un triple-doble para él, además de las brillantes actuaciones de la dupla Pierce-Allen, fueron demasiado para los de la Big Apple (96-113).

Después de realizar un partido peor que malo, llegaba el cuarto (y definitivo). Sólo servía la victoria. O se ganaba, o se decía adiós a la temporada. Pero ni por esas. Sin Billups y sin un base que pusiera orden, y con un Stoudemire entre algodones por problemas de espalda, la notable actuación de Melo (32 puntos) de poco sirvió.  Los Celtics mandaron a placer y tras ver como su rival les reducía una amplia renta a tan sólo 4 puntos, aparecieron de nuevo los veteranos para sellar el pase a las Semifinales de Conferencia (89-101).

Y con la derrota del pasado 24 de abril la ciudad de Nueva York bajó el telón del baloncesto. Es hora de pensar en frío los fallos del año. En pensar si fue precipitada la llegada de Carmelo y en buscar soluciones de cara a los próximos años.

La próxima temporada Chauncey Billups será agente libre, aunque los Knicks tendrán la team option de renovación por 14 millones de dólares. Junto a él Rony Turiaf también termina contrato y un buen puñado de secundarios como Bill Walker, Shawne Williams, Anthony Carter, Shelden Williams, Roger Mason Jr. y Jared Jeffries.

Faltará decidir quiénes servirán para el futuro proyecto y la continuación del técnico Mike D’Antoni y la del General Manager Donnie Walsh. Todo en manos de James Dolan, el cual ya se ha encargado de subir el precio medio del abono la próxima temporada en un 49%. Si pide ese esfuerzo al aficionado, él deberá realizar otro esfuerzo por brindarles un equipo competitivo.

Paciencia, esa será la clave con la que reconstruir un equipo que apuntaba maneras, pero que de un plumazo se le desvió de su rumbo.


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