Dirk Nowitzki el héroe

será aún mayor héroe para los si estos acaban consiguiendo el anillo ante los Heat. El jugador alemán ya ha protagonizado dos actuaciones memorables y vitales para que el conjunto de Dallas consiguiera empatar por dos veces la eliminatoria y es que si en un partido anotó la canasta decisiva con la mano en la que tenía un dedo con un problema en el ligamento, en el cuarto partido hizo lo mismo pero con 38.5 grados centígrados de fiebre en su cuerpo.

En Dallas ya empiezan a pensar que el ‘espíritu ‘ se está haciendo presente en la persona del juagador germano y es que como dijo el  presidente de operaciones de la franquicia tejana Donnie Nelson: “Esa fue nuestra versión de Willis Reed”.

Estas dos acciones heroicas de Nowitzki han recordado el momento en el que en 1970 y con el séptimo partido de la final todavía por disputarse entre Knicks y Lakers, Willis Reed saltó a la pista a calentar lo que dio un subidón a los aficionados que abarrotaban el Madison Square Garden aquel día, los cuales no esperaban la presencia de una de sus estrellas por entonces para este encuentro por lesión. Reed aunque cojeando disputó algunos minutos del choque definitivo y fue el “alma mater” y el estímulo para que aquellos Knicks del 70 acabaran derrotando a los Lakers por 4-3.

Sin duda aquel momento es uno de los más recordados por los aficionados a la NBA. Este cuarto partido en el que Dirk Nowitzki jugó con fiebre y que los Mavs ganaron gracias a él por 86-83, devolvió a la memoria otro de los grandes momentos de la historia en esta liga, aquel en el que en el quinto choque de las finales de 1997 ante Utah Jazz, con 39 grados de fiebre, fue la clave para que los Bulls ganaran aquel encuentro y posteriormente uno de sus seis anillos en la era Jordan.


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