La leyenda de Lonzo y Fox

sufrió un esguince en su tobillo izquierdo durante el entrenamiento de los del viernes. Por culpa de este percance, el base es oficialmente duda para el duelo que su equipo disputará este sábado ante los . Hasta aquí, todo normal. El base de 21 años ya se perdió 30 partidos por lesión en la pasada campaña, y pasó por el quirófano en verano por un desgarro en su menisco izquierdo. A su pesar, los problemas físicos han sido recurrentes durante su etapa en los .

Pero la posibilidad de perderse el partido ante Sacramento despierta otras suspicacias. De ser finalmente baja, Ball evitará enfrentarse a De’Aaron Fox, un base de su misma generación y cuya breve historia cruzada ha estado siempre cargada de un interés especial. Una leyenda que empezó en marzo de 2017 en Memphis.

El primer golpe de Fox

Era el Sweet Sixteen, los octavos de final del torneo de la NCAA. Dos de los mejores bases de primer año de la competición universitaria se enfrentaban liderando a dos prestigiosas universidades: Lonzo Ball con UCLA y De‘Aaron Fox con Kentucky. Pero el esperado duelo de talentos acabó en monólogo. Fox jugaría su mejor partido con los Wildcats, terminando con 39 puntos, con un 13/20 en tiros de campo, y 4 asistencias.

Más de la mitad de sus puntos (20) los lograba en la pintura, pese a la presencia de tres futuros NBA como T.J. Leaf, Thomas Welsh y Ike Anigbogu en el juego interior de UCLA. La velocidad de Fox desbordó jugada tras jugada a Lonzo Ball, quien cerró su último partido universitario con 10 puntos y 8 asistencias. Kentucky avanzaba al Elite Eight imponiéndose por 86-75. De’Aaron Fox, de paso, mejoraría su cotización en el siguiente Draft.

El partido entre Kentucky y UCLA habría quedado solo para el recuerdo de los aficionados al baloncesto universitario si los padres de Ball y Fox hubieran mantenido un perfil más discreto. Aaron Fox y el ya extrañamente célebre LaVar Ball se enfrascaron en una batalla dialéctica tras el Draft de 2017 en el que De’Aaron Fox acabaría siendo elegido en el 6º puesto, cuatro por debajo de Lonzo Ball. La frase más rotunda no fue sorprendentemente del padre de este último sino de Aaron Fox: “Mi hijo (De’Aaron) ya se lo comió (originalmente, “eat his ass”) dos veces”.

Cosas de familia

Ya con Ball en los Lakers y Fox en los Kings, el primer duelo entre ambos iba a llegar en la Liga de Verano de Las Vegas. Ball había empezado a un gran nivel en lo que eran los primeros pasos a un premio final de MVP del torneo. Pero su duelo contra el base de Sacramento nunca llegaría. Un esguince de tobillo, la misma lesión que ahora, le dejaba sin jugar. Las bromas sobre el “miedo” de Ball hacia Fox, especialmente desde la afición de Sacramento, empezaban a llegar a la NBA.

Equipos cercanos geográficamente, Lakers y Kings acostumbran a enfrentarse en pretemporada, y la de 2017 no fue una excepción. El primer enfrentamiento como profesionales entre Lonzo Ball y De’Aaron Fox estaba a punto de celebrarse. Pero el tobillo de Ball volvió a entrometerse. Otro esguince le dejaba fuera de combate para el duelo californiano.

Hubo que esperar al 22 de noviembre para ver por fin a Lonzo Ball y a De’Aaron Fox encontrarse en una cancha de baloncesto por primera vez desde el March Madness. Los Kings se llevarían el partido de temporada regular con 13 puntos de Fox ante los 11 puntos, 11 asistencias y 7 rebotes de Ball. Fueron los interiores de Sacramento, con 48 puntos combinados entre Willie Cauley-Stein y Zach Randolph, los que acabarían decidiendo el partido.

El balance de victorias entre ambos se equilibró en enero, con una victoria de los Lakers por 99-86. Ninguno de sus jóvenes bases tuvo un buen día mirando al aro, con 15 puntos (6/16) para Fox y 5 (2/10) para Ball. Eso sí, los 11 rebotes, 11 asistencias y 5 robos, incluyendo uno a Buddy Hield a 44 segundos del final, de Ball serían importantes para el triunfo de los Lakers.

Más bajas

Saliendo de una lesión de rodilla, Lonzo Ball volvería a perderse otro enfrentamiento contra De’Aaron Fox en febrero, descansando en el segundo partido en días consecutivos de sus Lakers. Y la lesión de menisco que terminó su temporada a dos semanas del cierre de la temporada regular también le dejó fuera del último duelo de su equipo ante Sacramento. En total, de seis opciones de jugar contra Fox en 2017-18, solo aprovechó dos.

Pese al precedente de Memphis, De’Aaron Fox nunca pareció superior a Lonzo Ball en su primer año en la NBA. De hecho, el base de los Lakers acabaría entrando en el segundo mejor quinteto de novatos, algo que Fox no logró. Pero en la presente temporada, la nueva estrella de los Kings ha dado un paso adelante que aún no se ha visto en Los Angeles. Con un balance de 7-5, Sacramento está viviendo uno de sus arranques más dulces en tiempos recientes, igualando su mejor inicio desde 2004.

Y De’Aaron Fox tiene mucha culpa. El base promedia 18,5 puntos, 7,5 asistencias y un 39,4% en triples. Números de estrella en potencia para un jugador que aún no ha cumplido los 21 años. A su extraordinaria explosividad se le ha añadido una impresionante mejora en su tiro y en su visión de juego. De su mano, los Kings vuelven a soñar con los playoffs.

Para Lonzo Ball, el arranque ha sido más irregular. Pese a ganarse el puesto de titular y mejorar sus porcentajes de tiro, ha estado más discreto compartiendo cancha con otros directores de juego, particularmente LeBron James. Sus 9,0 puntos y 4,5 asistencias por partido en 26,1 minutos en pista no despiertan demasiado entusiasmo en lo que iba a ser su año de consolidación.

Pelota, pato, zorro

En ese contexto, su nueva lesión de tobillo antes de un partido contra De’Aaron Fox vuelve a arquear las cejas de todo aficionado y profesional que recuerda la historia entre ambos. Contando también el duelo de la última pretemporada que Ball no jugó, todavía recuperándose de su operación de menisco (debutaría al partido siguiente), serían ya seis ausencias en ocho duelos directos desde la llegada de ambos en la NBA. Pensar que hay algo sospechoso en estas bajas ha creado ya una pequeña leyenda que incluso puede explicarse con tres emojis:

“Ball ducks Fox” (Ball evita a Fox), explicado con un balón de baloncesto, un pato y un zorro. Como en toda leyenda, la mayoría es falso. Conociendo el historial de lesiones de Lonzo Ball incluso cuando no tiene que enfrentarse a Sacramento, su 2 de 7 (quizás 2 de 8) de ausencias está en los márgenes de la normalidad estadística. Sin embargo, es Fox quien está imponiéndose en las comparaciones por rendimiento y por su mera presencia en la cancha. Si el tobillo se lo permite, el partido de este sábado tendrá un valor extra para Lonzo Ball. La rivalidad que empezó en Memphis aún sigue muy viva.