Luka Doncic sufre y brilla ante su ídolo LeBron James

Una tímida sonrisa delataba a antes del salto inicial. Por primera vez esta temporada, sus viajaban a Los Angeles para enfrentarse a los , un partido que el joven talento esloveno esperaba con singular emoción. saludaba uno a uno a sus rivales, incluyendo a Doncic. Chocaron sus manos y se dieron un breve abrazo. Lo protocolario para James tan tantos miles de partidos y de rivales diferentes. Para Doncic, todo lo contrario.

Un partido muy especial

Preguntado por ESPN el pasado verano sobre a qué jugador tenía más ganas de enfrentarse en la NBA, su respuesta fue clara: “Es definitivamente LeBron James porque fue mi ídolo. Es mi ídolo. Será divertido”.

Desde hace ya unos años, ya sea con el Real Madrid o la selección eslovena, Luka Doncic solo era reconocible en la cancha como un adolescente por su disperso vello facial y por su acné juvenil. Su insultante dominio del juego no solo le dio minutos en los campeones europeos de clubes y de selecciones. Le dio también las riendas del juego, la capacidad de crear jugadas para otros o para él, sintiendo el respeto que los entrenadores solo sienten hacia los grandes veteranos.

Así fue con Pablo Laso en Madrid y con Igor Kokoskov en Eslovenia. En Dallas, el veterano tampoco había presentado demasiadas dudas, si bien la presencia de otro exterior insultantemente talentoso como le hace compartir responsabilidades. Sin embargo, ante los Lakers, Carlisle pareció sentir esas dudas por primera vez.

Primera mitad para el olvido

Quizás por el impacto emocional de compartir cancha por primera vez con LeBron James, por los problemas de espalda que ha arrastrado en los últimos o por la dificultad del muy especial quinteto de los Lakers, Doncic perdió su magia al arrancar el duelo. La pegajosa defensa y los interminables brazos de fueron una pesadilla para él desde la primera posesión.

En defensa, tampoco mejoraba su situación. Los Lakers volvieron a salir con un equipo donde LeBron James era el segundo jugador más bajo. Más acostumbrado a emparejarse con jugadores de su tamaño o menor, Doncic se encontraba intentando detener a Ingram, a o al propio LeBron James, quienes encontraban fáciles caminos al aro en el uno contra uno.

En el primer cuarto, Doncic fue incapaz de sumar un punto, con un 0/4 en tiros de campo incluyendo un 0/3 en triples, su única solución para superar la envergadura de Ingram. En el segundo, Rick Carlisle le dejó sentado más tiempo del habitual, jugando solo 3 minutos. Un parcial de 0-11 lanzado por los suplentes, especialmente por un J.J. Barea que siempre se crece ante los Lakers, le deba la razón

El equipo de Luke Walton volvió a encontrar buena sintonía en su cinco inicial. LeBron James siguió su reciente tradición de ejercer más de distribuidor de juego en los minutos iniciales (5 de sus 6 asistencias en el primer cuarto), involucrando a sus compañeros desde el principio, para atacar más el aro en el resto del partido. El sistema funcionó, con todos los titulares anotando al menos 12 puntos.

Pese a ello, y a que nunca llegaron a dominar en el partido, los Mavs nunca se vinieron abajo. Además, recuperarían por fin a Luka Doncic tras el descanso. LeBron James presentó su versión más letal, con 14 puntos de sus 29 totales en el tercer cuarto. Pero Doncic empezaba a sentirse más cómodo con el balón en las manos, encontrando mejores situaciones para superar la defensa angelina. Si los Mavs iban a tener alguna opción de asaltar el Staples Center, muy probablemente iba a pasar por el número 3 del último Draft.

El resurgir

Y así fue. A 6 minutos del final, Doncic regresaba a cancha con sus Mavs 11 abajo, tras una gran combinación entre y rematado por el pívot. En su primera jugada, el esloveno subía el balón, aprovechaba una pantalla de para ganar espacio sobre Kentavious Caldwell-Pope y clavaba sin dudar un triple limpio tras solo 8 segundos de posesión.

Era el aperitivo de un final estelar, anotando 6 de sus 14 puntos totales en los últimos 3 minutos, además de repartir 2 asistencias. De una forma u otra, 11 de los últimos 13 puntos de Dallas, por solo 3 de los Lakers en ese parcial, tuvieron su firma. La última canasta suya, a solo 7 segundos del final, fue especial: jugada individual entrando a canasta ante el complicado Josh Hart resuelto con una bomba casi acrobática. Dentro y empate a 113, poniendo de los nervios a un Staples Center que había visto a los Lakers dominar por hasta 19 puntos de ventaja.

Al final, un doloroso error defensivo le costó el triunfo a Dallas. No fue de ninguno de sus jóvenes estrellas, sino de un veterano de mil batallas como . Con los Lakers en bonus desde hacía bastantes minutos y sin tiempo muerto disponible, cometió una falta a LeBron James lejos del aro con solo 2 segundos por jugarse. James metió el segundo, obligando a los Mavs a un milagro para ganar que J.J. Barea, con un lejano y forzado triple, no pudo ofrecer. El más que necesario triunfo se fue para los Lakers por un ajustado 114-113.

Regalo especial

Para Dallas, otro equipo con problemas para cerrar partidos, suponía su quinta derrota seguida, todas ellas por menos de 10 puntos de ventaja. Para Luka Doncic, pese a la decepción, quedaba quizás su último capricho del adolescente fanático del baloncesto que acababa de conocer a su ídolo. Tras el partido, esperó a la puerta del vestuario de los Lakers para recibir el uniforme firmado de LeBron James. “Siempre quise tenerlo”, declaraba a continuación. “Fue algo importante para mí”.

Aparte de su firma, LeBron James escribía también de su puño y letra uno de sus lemas favoritos: “Strive For Greatness” (“Lucha por la grandeza”). Doncic se permitió quizás una mitad para dejarse dominar por las emociones, pero en los minutos finales fue a por la grandeza y a por la yugular de los Lakers. La próxima vez también sonreirá cuando salude a LeBron James, aunque ya no tan tímidamente. Tanto los Lakers como la NBA están ya sobre aviso: Luka Doncic es un jugador especial.


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