Tareas impuestas y deberes parcialmente hechos: el clutch

Si no es fácil ganar, menos aún es hacerlo con margen y solvencia. Y es por ello que manejar el clutch, marca la diferencia en muchos equipos con aspiraciones.

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Por Enrique Bajo

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Son un equipo más potente de lo que indica la clasificación. Y menos contundente de lo que deberían, llegado los cierres apretados en el último cuarto. Esa calle de doble sentido en donde pizarra y mentalidad marcan la diferencia: el clutch.

Los Minnesota Timberwolves llegaron al duelo ante Boston con un balance de 10-8. El mismo que el de su adversario. Y ambos arrastrando un mismo diagnóstico: debilidad en la agonía de marcador. Chris Finch, técnico de los T-Wolves, tenía dos datos grabados a fuego en su mente antes del choque: el de ser totalmente incapaces de ganar a un rival con récord positivo, y el -4.4 de net rating en un clutch que les estaba pasando factura a nivel de resultados.

  • +10 contra los Kings con 6 minutos restantes: derrota en la prórroga.
  • +8 frente a Phoenix con 49 segundos por jugar: derrota (sin prórroga).
  • 110–98 vs. Boston con 3:50 por jugar: se evita la catástrofe.

Con talento, progreso… y una pizca de suerte.

Porque el problema en Minny no es la falta de talento, sino la falta de oficio al cierre. Con avances como el visto anoche ante su público, van dando importantes pasos para mejorar.

No fue fácil. El guion de siempre se repitió… hasta las últimas páginas: McDaniels fuera por faltas, parcial de 12-0 para los Celtics y el Target Center que se hace diminuto en medio de un déjà vu.

Pero esta vez, Edwards hizo lo que un líder de su pretendida categoría, debe empezar a hacer: liderar cuando más empinada es la cuesta.

El escolta tomó control. Leyó cambios defensivos. Se desprendió e hizo circular la bola en las acciones importantes. Y, sí, cerró con un triple lleno de caos y épica, pero tras ejecutar previamente, y con acierto, dos jugadas clave:

  1. Pick-and-roll, buena respuesta a la defensa agresiva de Boston y short-roll con Randle para terminar abriendo a un Conley abierto en la esquina (min. 8:18).
  2. Penetración decidida con irremediable visita a la personal. Dos tiros libres para adentro y +5 en el luminoso (min. 8:28).

Maduración y crecimiento en vivo. Lo que Edwards no supo hacer ante Thunder, Kings y Suns, lo hizo anoche.

La intervención del head coach

Chris Finch (siguiendo esta pieza de Jon Krawczynski de The Athletic) era muy consciente del problema, de la magnitud del mismo y de una posible receta con la que tratar de solventarlo: si el equipo se atasca en los cierres, necesita más IQ en pista. Y por eso está haciendo un ajuste clave en la rotación: Conley juega menos para llegar con oxígeno al final. Un base de 38 años no está para 34 minutos, pero sí para dirigir el juego durante los cinco que decantan un partido.

Con él y Edwards compartiendo pista y hoja de ruta, el ataque no se desordena tanto. Y ante Boston se notó.

Por otra parte, la conexión de Edwards con Randle -aunque tosca todavía- va a mejor, y ya hay jugadas donde el primero lo busca en mismatches que antes dejaban pasar.

Se hace camino al andar

La foto real de la temporada de Minnesota no es la de un equipo de 11-8 que da tumbos. Es la de un equipo que compite todos los partidos, domina en muchos de sus tramos y naufraga en finales fruto de su mala de decisiones y no de la ausencia de nivel para llevar (las buenas) a cabo.

Pero con un Edwards, que además de un precioso duelo anotador con Jaylen Brown, nos regaló precisión y sentido del juego, se mantiene su avance en la dirección correcta para adherise a ese lema que tanto nos gusta:

«Big time players, make big time plays»

Y el clutch en Minnesota (no en Boston, donde es de -20,9) ya no suena tan mal: -1,8 y balance neutro de victorias (4-4).

(Fotografía de portada de Matt Blewett-Imagn Images)

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