La Semana de las Rivalidades es uno de esos gimmicks con los que la NBA ha tratado, sin aparente éxito, de revitalizar ciertos tramos de la temporada regular. Pero, si el objetivo es convertirla de verdad en un concepto atractivo, un duelo entre Rockets y Spurs se antojaba como la forma ideal de arrancar la de 2026. Derbi regional, dos proyectos en alza y, sobre todo, el cara a cara entre Kevin Durant y Victor Wembanyama como principal estandarte. Todo estaba servido.
Y sin embargo, alguien se coló en esta fiesta a la que en teoría no podía entrar nadie de menos de 2,10. Lo que debía ser un duelo entre gigantes con un set de habilidades indecentemente amplio para su tamaño acabó convertido en la revolución de los pequeños, con un Reed Sheppard que se autoproclamó protagonista del encuentro y que, con su irrupción en el último cuarto, cambió por completo el rumbo del mismo. Y lo hizo para dar a los Rockets una sufrida victoria por 111-106.
Basket Champagnie
No obstante, el primero en querer acaparar un protagonismo que en principio le estaba vedado fue Julian Champagnie, que a base de triples lideró un inicio fulgurante que hizo a los Spurs tomar desde muy temprano las riendas del choque. Y aunque el frenético ritmo y el alto acierto de los de Mitch Johnson no era solo cosa suya, fue él quien, con sus seis triples en la primera parte (ocho en total) hizo funcionar a la perfección este planteamiento.
Wemby estaba teniendo problemas para imponerse a una defensa muy física y agresiva sobre él, pero este era un problema fácil de ignorar en tanto que todo a su alrededor fluía de maravilla. Harper y Castle hacían volar a San Antonio en transición, el balón circulaba y los tiros exteriores entraban (11/24 al descanso) para hacer que la diferencia llegara a los 16 puntos y que el partido se jugara a lo que los visitantes querían. Qué importaba entonces que el francés no estuviera cómodo.
Pero acabó importando. Porque en cuanto ese tramo de inspiración pasó, el ritmo cayó y hubo que buscar otras formas de encontrar puntos, todo empezó a venirse abajo. Fue ahí cuando los Spurs trataron de acudir a un Wembanyama que tenía siempre un defensor muy pegado, que no podía botar ante un bosque de manos, que no podía encontrar buenos tiros ni anotar los que generaba. Fue ahí cuando llegó el atasco.
Fue ahí cuando, tras anotar 70 tantos en la primera mitad, se quedaron en 36 en la segunda.
Y sin embargo, Houston no consigo aprovechar de inmediato este cambio de dinámica, pues tampoco estaba siendo una noche especialmente inspirada para los de Udoka. Durant, también muy cerrado, sufrió casi tanto como Wemby para ser protagonista, y aunque firmó un choque mucho más eficiente que el francés en el tiro y supo aprovechar la atención de la defensa para generar para sus compañeros, fue incapaz de entrar en su modo más dominante.
Con solo 12 tiros a canasta, nunca se vio a ese KD que toma el partido por la fuerza con alguna racha anotadora de esas que dicen «aquí mando yo». Y tampoco pudo hacerlo Sengun, también maniatado por el gran tamaño de San Antonio en la pintura. Así que tuvo que hacerlo él.
Revolución total
Reed Sheppard terminó el choque como máximo anotador con 21 puntos, de los que 12 llegaron en el último cuarto. Y sin embargo, limitar su impacto a su anotación sería ignorar muchas de las cosas que hizo. Sus triples fueron los que empezaron de verdad a reducir la ventaja visitante, pero no fue su única forma de cambiar la dinámica. Sus manos en defensa provocaron pérdidas, su voluntad para correr propició puntos en transición, su amenaza generó espacios.
REED SHEPPARD FOURTH QUARTER TAKEOVER 🔥
— NBA on ESPN (@ESPNNBA) January 21, 2026
He dropped 21 PTS off the bench in the Rockets' comeback W vs. San Antonio 🍿 pic.twitter.com/4tMELafd8G
Fue un terror en los dos aros. Uno sin el que no se entiende el parcial de 29-14 con el que los Rockets dieron la vuelta al choque y el radical vuelco que dio la situación en cuestión de un par de minutos.
Sheppard, eso sí, no estuvo solo, pues una vez que hubo cambiado por completo el sino del encuentro Jabari Smith Jr. apareció para echarle una mano con dos canastas vitales y Sengun se encargó de anotar el gancho que puso el 108-104 a falta de medio minuto para el final. Una diferencia que no era excesiva pero que, con los Spurs sin ideas y errando un tiro forzado tras otro, sí fue suficiente. Suficiente para ganar y para dejar claro que en Texas hay más de un aspirante a derroca a OKC del trono del Oeste.
(Fotografía de portada: Thomas Shea-Imagn Images)





