Hay partidos que sirven para ganar. Y hay otros que sirven para ordenar el debate.
La noche de Stephon Castle ante Dallas pertenece claramente al segundo grupo. Aunque también hiciese check en lo primero (triunfo por 138-125).
No tanto por el 42-12-12 —que también—, sino por el mensaje que deja: su ROY no es, ni de lejos, un ROY al estilo de Michael Carter-WIlliams. Ni siquiera a lo Malcom Brodgdon o, si me apuras, a lo Andrew Wiggins. Este novato del año ha venido para quedarse. Ha llegado para no parar de crecer. Está aquí para romper su propio techo una y otra vez, y juega su segunda temporada en la NBA como si la primera no fuese aval suficiente. Como para convencernos a todos de que no fue ROY por incompetencia.
Que no fue número 4 del Draft por error.
Castle –a pesar de Dylan Harper– está practicando un baloncesto sophomore del suficiente nivel como para que nadie dude de cuál debe ser su papel en San Antonio en los años venideros: el de exterior titular con hambre de All-Star.
Porque lo que hizo Castle anoche fue algo más que una anomalía estadística. Fue una demostración de por qué los Spurs han decidido darle las llaves… aunque a algunos todavía les incomode.
Unidos por una causa mayor
Porque en San Antonio, se fue instalando una dinámica extraña desde la misma noche del Draft 2025: pequeños bandos enfrentados dentro de la propia afición. Los defensores de De’Aaron Fox, los de Castle, y los que ya miraban a Dylan Harper como si el resto sobrara. Como si el crecimiento o éxito de uno tuviera que anular o ser incompatible con el del otro.
La realidad a día de hoy en pista es justo la contraria. Cuando uno brilla, los demás lo celebran.
El triple-doble de 40 puntos llegó en menos de 32 minutos, con una eficiencia absurda (15 de 19) y sin que el ataque se volviera caótico por ello, al servicio del hombre on fire. Castle conectó diez tiros seguidos antes de fallar el primero. No por racha, sino por lectura. Supo cuándo atacar, cuándo mirar y cuándo soltar.
Y mientras tanto, defendía. Robos al bote, ayudas largas y contacto constante. Esa clase de impacto, de suciedad pertinaz, que pasa fácilmente desapercibida en noches de récord como esta. Pero Castle fue parte viva también (con su único tapón) de los once ‘not today‘ que se llevaron Mavericks.
1️⃣1️⃣ blocks for the squad last night 🔒@Ledger | #sponsored pic.twitter.com/9Uk7iyBxVh
— San Antonio Spurs (@spurs) February 8, 2026
De tú a tú al Almirante
El actual Rookie del Año está promediando, como respaldo de lo ya dicho, siete asistencias por partido, top-10 de la liga. En un equipo con Victor Wembanyama y De’Aaron Fox, pero donde es segundo en Usage.
Insistimos: sophomore. 21 años. Números de 17 puntos, 7 asistencias, 5 rebotes y más de un robo por noche. Un jugón subido al carro de la precocidad.
Campeón universitario en UConn, competidor feroz, físico explosivo y una mentalidad claramente orientada al aprendizaje, anoche todo su afán por mejorar se juntó y arremolinó para un boxscore de época. O, como directamente dijo Wemby: “El mejor partido de su carrera hasta ahora”.
Castle se convierte, así, en el jugador más joven de la historia de la NBA (21 años y 98 días) en registrar un partido de 40 puntos, 12 rebotes y 12 asistencias, superando la marca previa de Oscar Robertson (22 años y 33 días), según datos de ESPN Research, además de sentarse a la mesa de otra leyenda, David Robinson, como los dos únicos jugadores de los Spurs capaces de promediar un triple-doble anotando cuarenta puntos.
There have been two Spurs in franchise history to record a 40-point triple double:
— San Antonio Spurs (@spurs) February 8, 2026
◼️ David Robinson (2)
◼️ Stephon Castle pic.twitter.com/dj4UzueIqy
“El mejor partido de su carrera hasta ahora. Es una de las mejores hojas estadísticas que he visto con mis propios ojos».
— Victor Wembanyama
«Tener un partido así es, sin duda, un sueño hecho realidad. Me sentí muy cómodo con cada tiro que lancé y verlos entrar fue una gran sensación”, dijo el propio protagonista a los medios.
Más contexto a lo histórico de la hazaña: Castle alcanzó el triple-doble en, exactamente, 31 minutos y 51 segundos, el segundo menor tiempo jamás registrado en un triple-doble de 40 puntos desde que se empezaron a contabilizar los minutos en la temporada 1970-71. El récord lo ostenta otro jugador en activo, James Harden (43-10-12) con 29:34 en pista.
El TRIPLE-DOBLE de STEPHON CASTLE ante los Mavs 🤯
— NBASpain (@NBAspain) February 8, 2026
💎40 PUNTOS
💎12 REBOTES
💎12 ASISTENCIAS
💎3 ROBOS
Espectacular. pic.twitter.com/aCITeVyict
Comunión jugador-afición
“En algunos momentos le defendieron con su cinco (jugadores) y en otros le presionaron muy arriba, como ya habían hecho en el partido anterior”, lo contaba el entrenador de los Spurs, Mitch Johnson, con Dallas como rival por segunda vez en tres días. “Esperábamos que volvieran a hacerlo. Empezó con dos o tres posesiones generando ventajas para sus compañeros. Cuando afrontas el partido con ese enfoque, es increíble cómo acabas siendo tú mismo el beneficiado de las ventajas que has creado. Creo que estuvo absolutamente fenomenal toda la noche: controlando el ritmo, atacando y equilibrándolo todo al mismo tiempo».
Nada más terminar el partido, un Frost Bank Center lleno hasta la bandera (18.617 espectadores), levantaba las manos celebrando mientras esperaba pacientemente a que Castle cogiera el mazo para golpear un gran tambor situado en la pista, entre palmaditas en la cabeza y toallazos de sus compañeros.
Con una toalla alrededor del cuello, Castle golpeó el tambor.
Boom, boom…
…¡Clap! respondió el público.
“Era la primera vez”, confesó el percusionista. “Creo que no lo hice mal”.
Steph’s turn! 🥁 pic.twitter.com/8xu1pYFZhX
— San Antonio Spurs (@spurs) February 8, 2026
(Fotografía de portada de Daniel Dunn-Imagn Images)





