Los Clippers no han cambiado

Los angelinos arrasan en Minnesota pese a los grandes cambios del mercado de traspasos

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Por Aitor Darias

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‘¿Qué están haciendo los Clippers?’ era una pregunta legítima hace un par de días, primero tras el intercambio de James Harden por Darius Garland pero sobre todo con la salida de Ivica Zubac. ¿Estaban los angelinos desmantelando el proyecto? ¿Estaba Kawhi en la rampa de salida? Sea como fuere, parecía que se venían grandes cambios y que comenzaba una nueva era en la franquicia.

Y sin embargo, la vida sigue.

Con el equipo todavía a medio renovar y las nuevas incorporaciones todavía pendientes de llegar, los de Tyronn Lue han dado continuidad a la gran dinámica que arrastran en las últimas semanas y se han impuesto con contundencia en Minnesota. Con un arrollador 96-115, han recordado por qué han sido uno de los equipo más en forma del Oeste durante tanto tiempo y han demostrado que no tienen intención de borrarse de la pelea por la postemporada. No mientras él siga en la plantilla.

El show monólogo de Kawhi

Kawhi Leonard ha demostrado en más de una ocasión que no le importa tener que tirar de un carro en solitario. Viéndole la cara cualquiera diría que no le importa nada en general, pero en una pista de baloncesto en concreto es alguien que tira con lo que le des. ¿Un MVP y un All-Defense? Fantástico. ¿Nueve guerreros dispuesto a morir en defensa y no mirar al aro más que el mínimo imprescindible? Sea.

Y es que para mirar al aro ya estaba él, que, sabedor de que debía asumir más galones que nunca, se fue hasta los 41 puntos en una de esas muestras de liderazgo que algunos llamarían poco eficientes pero que en ocasiones son necesarias. Lanzó 30 tiros y falló más de la mitad, sí, pero eso era lo que los Clippers necesitaban hoy. Y a él no le importó mancharse las manos. Menos aún al ver que el resto se estaban manchando de la cabeza a los pies.

Mientras el alero monopolizaba el ataque, sus compañeros trituraban defensivamente a unos Timberwolves que de mitad del segundo cuarto en adelante no tuvieron ni voz ni voto en el devenir del encuentro. Edwards, muy incómodo, era incapaz de imponerse y anotaba a cuentagotas; Randle, igual de maniatado, no conseguía emerger como una ayuda útil, y el resto poco podía hacer más que ver el barco hundirse.

Al último cuarto se llegó con una brecha de 21 puntos que llegó a crecer hasta los 28, y solo debido a ello pudo Minnesota maquillar unos números ofensivos que fueron paupérrimos mientras los Clippers sintieron necesidad de apretar. Tras conceder solo 59 tantos en tres cuartos, los visitantes abrieron la mano y se permitieron disfrutar de un cierre más distendido, pues el mensaje a enviar ya estaba claro. La plantilla ha cambiado, pero la tendencia no. Este equipo cree en sí mismo. Y quiere mirar para arriba.

(Fotografía de portada: Bruce Kluckhohn-Imagn Images)

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