Que la defensa gana campeonatos es una de las máximas más repetidas en la NBA. Sin embargo, otra no menos cierta pero más interiorizada es que lo que la defensa no gana son MVPs. Y no vamos a hacernos los sorprendidos en pleno 2026. Este ha sido casi siempre un galardón que ha dado prioridad al aspecto ofensivo del juego y para el que lo que ocurre en la mitad trasera de la cancha tiene un peso relativo. Es un criterio más, pero rara vez el determinante.
Y siendo justos, no está mal que así sea. Si entendemos el ataque y la defensa como fuerzas antagónicas, crear es siempre más vistoso y complejo que destruir, y los highlights que hicieron que muchos se enamorasen de esta liga eran en un 90% acciones ofensivas porque es ahí donde está la magia que hace a la NBA diferente. Y teniendo en cuenta que la defensa ya tiene su propio galardón en el DPOY, que el MVP sea en cierto modo el premio del ataque tiene su sentido.
De hecho, incluso cuando jugadores muy dominantes defensivamente se han coronado como los mejores de la temporada, lo han hecho con actuaciones ofensivas igualmente arrolladoras. El caso más marcado es el de Giannis en 2020, año en que fue elegido Mejor Defensor pero en el que, si fue también MVP, fue porque terminó entre los cinco máximos anotadores de la NBA y todo el ataque de los Bucks, líderes de la liga regular, giraba a su alrededor.
Lo otro, un bonito añadido. Pero lo importante era lo que pasaba a nivel ofensivo.
Pero la llegada al estrellato de Victor Wembanyama obliga a replantear esta premisa. Porque ya no estamos ante un gran defensor, ni siquiera ante uno de los mejores. Estamos ante el que es considerado de forma prácticamente unánime el mejor defensor del mundo con un margen relativamente amplio. De hecho, desde al año pasado su única condición para ganar el premio a Mejor Defensor de la NBA es llegar al mínimo de 65 partidos, pues su dominio es tal que nadie se atreve a cuestionarlo.
Es tal que ni siquiera haría falta que me pusiese a dar a argumentos para defender una frase tan lapidaria. Y llegados a este punto, es difícil ignorar esta superioridad a la hora de pensar en el jugador más valioso de la liga.
Un antes y un después
En los últimos años, parece que cada uno de los ganadores del MVP han, de una manera u otra, redefinido el baloncesto moderno. Stephen Curry cambió la forma de entender el tiro exterior para convertirlo en la base del juego, Westbrook y Harden llevaron más allá el concepto de ataque heliocéntrico con porcentajes de uso jamás vistos, Jokic reinventó la posición de pívot convirtiéndose en el mejor pasador jamás visto, Giannis y Embiid representaron a nuevos perfiles atléticos llamados a marcar una era, Shai coronó el regreso del uno contra uno como recurso habitual…
Y en este contexto llega Wemby, que va también un paso más allá en todo lo que entendemos que puede hacer un hombre grande en ataque pero que sobre todo es la culminación defensiva del calificativo de unicornio tan empleado en la última década. Ha llevado a un nuevo nivel el concepto de protección de aro, demostrando una capacidad inhumana para llegar a defender cualquier tiro en cualquier posición y dejando muestras de una versatilidad sin precedentes.
Wemby was EVERYWHERE on this defensive possession. 🤯 pic.twitter.com/sHaX3PxAnf
— NBA on NBC and Peacock (@NBAonNBC) March 17, 2026
Wembanyama lidera la NBA en tapones (3) y en impacto en el porcentaje de acierto en los tiros que puntea (-8,9%) a pesar de que más de la mitad de la liga se niega a lanzar si nota su presencia a menos de tres metros. Cuando está en pista, los Spurs conceden 9,2 puntos menos por cada 100 posesiones y pasan de ser una defensa mediocre (116,3 – 21º) a una de élite (107,1 – 3º). Su presencia permite que, en pleno regreso de los quintetos grandes, San Antonio juegue con tres bases y un alero de apenas 2,01.
Y la lista sigue. Pero aun así, todo lo que se diga de Wembanyama no hace justicia a lo que supone ver a Wembanyama.
Sin embargo, pese a este innegable dominio y a que los Spurs son el segundo clasificado de la liga y se han consagrado como un equipo a temer, apenas se ha hablado de él como candidato al MVP. Ha estado rondando las primeras posiciones, sí, pero siempre en una especie de segundo escalafón. Se ha hablado de Shai y Jokic, ahora Doncic ha ganado fuerza, se habló incluso de Cade y Jalen Brown cuando parecía que muchos no iban a llegar a los 65 partidos. Pero poco de Wemby.
Tan poco que ha tenido que hacerlo él.
Victor Wembanyama makes a strong case for why he should be the MVP 🤔
— ClutchPoints (@ClutchPoints) March 24, 2026
"My first one would be that defense is 50% of the game and that it is undervalued so far in the MVP race. I believe I'm the most impactful player defensively in the league. Second argument would be that we… pic.twitter.com/egEdL1KlBx
El francés ha salido a defender su caso en sala de prensa, algo que ha hecho para obligarme a reescribir este artículo que ya tenía a medias intentar poner en valor una temporada que, aunque no estaba pasando desapercibida en cuanto a repercusión, quizás sí como candidatura a ser elegido mejor jugador de la temporada. Una que nos obliga a replantearnos hasta qué punto el DPOY puede quedarse corto a la hora de reconocer a un perfil que nunca habíamos visto.
¿Y el ataque qué?
Todo este alegato en favor de su defensa como argumento no debe confundirse con un menosprecio de su impacto ofensivo. Wembanyama está firmando también una temporada estratosférica en ataque, pero es verdad que lo está haciendo de una forma muy diferente a otras superestrellas. Por así decirlo, de una forma menos premiable. Una que llama menos la atención de los votantes.
Porque, en una era de grandísimos números en ataque, 24,3 puntos y 3 asistencias son estadísticas difícilmente sorprendentes. Son, literalmente, las mismas cifras que está promediando Michael Porter Jr. en Brooklyn, y cuesta deslumbrar con ellas cuando entre los otros tres candidatos hay dos que registran más de 30 puntos por partido y otro que promedia un triple-doble. Pero centrarse en ellas es ser seguramente demasiado reduccionista.
Y es que, entre superestrellas omnipresentes en ataque, Wembanyama destaca como un jugador que no necesariamente requiere que todo pase por él, que sabe usar su gravedad para liberar espacios y generar mejores tiros a sus compañeros, y que recibe mucho menos el balón que otras grandes figuras. Más que ser el sistema, en ocasiones pasa a ser una pieza más del mismo. Lo cual se está confirmando como una fórmula de éxito en San Antonio.
Por tanto, demandarle que eleve sus números para ser MVP es seguramente injusto. Primero, porque no es su estilo de juego, pero segundo y más importante porque el área donde es insultantemente superior, donde es indiscutiblemente el jugador más valioso del mundo, está en otro sitio. Uno que normalmente no se premia tanto en estas votaciones. Pero ante talentos excepcionales, tal vez convenga hacer excepciones.
(Fotografía de portada: Troy Taormina-Imagn Images)





