A día de hoy, considero a Osgood Perkins responsable de los minutos más terroríficos que he pasado en mi vida. Hay algo en su cine que revuelve cosas en lo más profundo de mi ser, desde la reciente Longlegs a su opera prima February y sin olvidar la denostada (que parece que solo me gusta a mí) Soy la Bonita Criatura que Vive en esta Casa. Su manera de rodar el espacio vacío como un rincón amenazante, la atmósfera que genera su continua calma tensa, la inquietante atonalidad de las bandas sonoras de su hermano Elvis… Nada me pone los pelos de punta como su estilo a la hora de filmar.
Ahora, si mi equipo jugase en la Conferencia Oeste, creo que eso habría cambiado esta madrugada. Y el culpable sería Victor Wembanyama. Más concretamente, sus seis primeros minutos del Game 3 ante los Timberwolves.
Años y años de NBA me han permitido ver muchas cosas. A LeBron hacer que los deportistas más atléticos del mundo parezcan niños, a Curry anotar un triple tras otro desde cualquier lugar de la pista, a Harden obligar a su par a defenderlo por detrás para negarle el step back, a Giannis redefinir el concepto de hombre alto, a Jokic manipular defensas para anotar o asistir en cada posesión…
Pero creo que no había visto un dominio semejante.
Temo estar sobrerreaccionando, y lo he visto ya un par de veces repetido para asegurarme de que la impresión no cambia una vez superado el shock. Y lo cierto es que no. Wemby ha firmado un tramo con un nivel de superioridad inconcebible en la élite y que excede cualquier comparación que se pueda hacer. Y que no se entiende si no se revive paso a paso.
Una tras otra
Minnesota no anotó una sola canasta hasta que Wembanyama se fue al banquillo. Eso para empezar. No necesariamente por falta de acierto, no por incapacidad para generar situaciones; simplemente porque Victor estaba ahí. Una y otra vez.
En el primer lanzamiento, McDaniels tenía la oportunidad de anotar bajo el aro, pero la ayuda de Wemby le obligó a dar demasiada altura a su tiro para esquivar sus gigantescos brazos. Fallo. 30 segundos después, el alero volvió a romper a su par y a irse para dentro, pero adivinad quién estaba ahí para, ahora sí, ponerle un tapón. Otro fallo. Y la cosa solo estaba empezando. Era solo el arranque de una figura capaz de condicionar cada cosa que pasaba en cancha.
— joase goans (@clippisitos) May 9, 2026
Wembanyama taponó o punteó siete de los 10 lanzamientos de Minnesota en su primer stint en pista, y llegó a un punto en el que no era necesaria ya su presencia física, pues su mera idea bastaba para provocar errores. En cierto momento, Dosunmu prefirió intentar un 1 vs 3 en transición que pararse y dar tiempo al resto a acompañarle porque eso implicaba que Victor llegaría también a campo defensivo. Y, fruto de las prisas, perdió el balón. Todo por intentar evitar su presencia. Todo por culpa de su reino del terror.
Y podríamos hablar también de lo que hizo en la otra mitad de la cancha, pero es que resulta casi irrelevante. A pesar de que volvió a dominar en la pintura, de que sumó 9 de los 11 puntos de los suyos y de que hasta que se fue al banquillo por primera vez solo hubo una canasta en todo el partido no anotada por él (un tiro de media distancia de Vassell), lo que hace detrás opaca lo que hace delante incluso cuando lo que hace delante es bárbaro en sí mismo.
Sobre todo porque, al final, muchas veces lo segundo nace de lo primero. De su capacidad para forzar un error, coger el rebote, iniciar la transición y terminar finalizando. O permitir que finalice otro, casi que es lo de menos. La conclusión siempre termina siendo la misma, y es que los mejores minutos ofensivos de los Spurs coinciden muchas veces con los mejores minutos defensivos de Wembanyama.
Y basta con verlos jugar para comprobar que no es casualidad.
El partido de Wemby fue colosal en su totalidad, ya se encargan los números de reflejarlo, pero hay algo en esos primeros seis minutos que sirve como terrorífico anticipo del jugador en el que se está convirtiendo. Uno que puede plantarse ante unos Timberwolves que se han probado como uno de los mejores equipos del mundo y no dejarlos jugar hasta que él se sienta. En su tercer año, no lo olvidemos. Si eso no os da escalofríos, es que sois fans de los Spurs.
(Fotografía de portada: Scott Wachter-Imagn Images)





