Nicolas Batum sube un vídeo de casi 10 minutos a sus redes. Aparece con su hijo. Inmediatamente sabes lo que significa, pero sorprende en un jugador que, a diferencia de la mayoría de los de su quinta, mantenía un nivel compet¡tivo más que digno. Con 37 años y 18 temporadas NBA a las espaldas (más un saco de veranos vistiendo la bleu), el francés ha dicho basta.
Habiendo encontrado en Los Angeles Clippers su zona de confort, probablemente no estuviese preparado para mudanzas forzadas o, peor aún, afrontar la reconstrucción en la franquicia angelina. En 2025 había firmado por 11,48 millones de dólares y dos años, el segundo de ellos una opción de equipo que se declinó el pasado junio. Justo antes de firmar dicho contrato, había sido vital para llevar a los Denver Nuggets a 7 partidos en los playoffs.
Batum, que en algún punto de su carrera asomó como candidato a segunda espada de Kemba Walker y supo reinventarse a la perfección para ser un cuatro moderno e incluso cinco en quintetos de small ball, ha alargado su trayectoria profesional como un especialista defensivo, excelente tirador y, en general, un mejorador de jugadas invisible.
Se marcha sin el premio del campeonato NBA, pero con 7 medallas con la selección gala. Un oro europeo en 2013, dos platas olímpicas (2020 y 2024), otra plata en el Eurobasket de 2011 y 3 bronces entre Copas del Mundo (2) y Europa. ¿Cuántas serían de oro de no haber coexistido con España?
En definitiva, lo deja uno de esos jugadores que adornan el paisaje de forma casi inperceptible. Pero cuyo buenhacer siempre fue valioso para sus equipos.
(Fotografía de portada de Nicolas Batum/X)





