Previa NBA 2026-27: Orlando Magic | El beneficio de la duda

Los Orlando Magic no se han vuelto locos y han evitado cualquier bandazo que amenazase con destruir lo que con tanto mimo y paciencia han construido

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Por Enrique Bajo

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Espero que nadie apostase ni billetes del Monopoly siguiendo mi previa de los Magic del año pasado.

Pronostiqué 56-57 victorias y escribí que alcanzar las cincuenta debería pagarse a 1,05. Pero partía de una premisa que, un año más en Orlando, no se cumplió lo suficiente. Salud plena para sus titulares.

Pero ni el fichaje a medida de Desmond Bane ni un Paolo Banchero estancado en su paso de estrella a superestrella compensaron los 48 partidos que se perdió Franz Wagner, los 46 de su hermano Mo y los 25 de Jalen Suggs.

Motivos para venirse arriba había sin duda: una defensa de campeonato, dos jóvenes estrellas en fase de maduración y un escolta de élite llegando en el mercado estival para poner algo de luz donde llevaban años jugando a tientas, el tiro exterior.

Les costó arrancar, y cuando lo hicieron, las circunstancias les impidieron tomar velocidad de crucero.

Con todo, firmaron una buena temporada regular, aunque su net rating defensivo ni se acercó al de la temporada anterior; aun así, un par de triunfos más y hubiesen terminado quintos del Este, pero tan apretada estuvo la zona media que con sus 45 victorias se vieron nuevamente abocados al play-in y una tercera eliminación consecutiva en primera ronda.

Esta vez con el añadido de dejar escapar un doloroso 3-1 ante Detroit. Fue la mejor muestra de que el equipo lo tenían y de que estaban listos para competir con los mejores; al borde de eliminar al campeón del Este en regular season, nada menos.

Y fruto de eso, de saber que estuvieron cerca y de que rematar la faena ante los Pistons pudo haberlo cambiado todo, en Florida han decidido intentarlo otra vez con prácticamente los mismos jugadores. El gran fichaje del verano, de hecho, ocupará la silla del entrenador. El otro, Nikola Vucevic, todo un emblema de la franquicia, regresa a casa, un lustro después para un último servicio.

Datos, resultados de la campaña anterior, un vistazo a la plantilla 2026-27, los objetivos del curso, el jugador a seguir y un pronóstico para unos Orlando Magic que conservan la columna vertebral y razones suficientes para seguir pensando a lo grande.

Así encaran la temporada

Jeff Weltman ha mirado la plantilla y ha decidido que el problema principal estaba en cómo se utilizaba. Es lo que cabe interpretar de un verano en el que ha sustituido a Mosley –ha decepcionado a todos los que creímos en él– por Sean Sweeney (asistente principal en San Antonio Spurs) y mantenido el quinteto de Suggs, Bane, Franz, Banchero y Wendell Carter Jr.

No todo fue culpa de Mosley. Como decíamos al principio, los Magic parecen partir siempre desde la última línea de parrilla (al lado de NOLA, el otro gran gafe de la NBA), y sus titulares responden a esa diabólica estructura contractual de fijos-discontinuos.

Jugando juntos acumularon apenas 272 minutos entre fase regular y playoffs, con un saldo de +13,5 puntos por cien posesiones. Una muestra demasiado pequeña para asegurar que tienes un aspirante al título, pero demasiado buena para ignorarla al hacer balance.

La directiva ha decidido agarrarse a este dato y su magnífico poder de ramificación, y limitarse a peinar los flecos de la alfombra.

Vucevic ocupará el hueco interior que deja Moritz Wagner, y aunque su paso por Boston ha sido un fiasco aún debería, mínimo, ser capaz de igualar lo que el alemán en términos ofensivos.

Pero el verdadero argumento para apostar por la continuidad es la juventud de la plantilla y su natural margen de evolución. Me centro en quien más me calló la boca dando el salto que temí que no iba a ser capaz de dar: un jugador de tercer año que no tuvieron en cuenta en las votaciones para el MIP, pero que bien pudieron haberlo hecho. El salto multifacético fue más que notable en Anthony Black (15 puntos por encuentro), teniendo ahora como siguiente objetivo el elevar algo más sus porcentajes de aciertos tanto en tiros de campo como desde la curva exterior.

Con poco o nada que reseñar del Draft 2026 –donde se quedaron con Izaiyah Nelson (pick 51) a quien le han firmado un contrato dual– la otra vía de crecimiento está en lo que puedan dar de sí jóvenes y secundarios como Tristan da Silva, Noah Penda o Jase Richardson.

Porque en cuanto al plan principal, Orlando ya puso el dinero y las rondas encima de la mesa cuando fue a por Bane. La renovación de Paolo fijó el primer límite por un lado y la de Bane los ‘atrapó’ por el extremo opuesto. La apuesta grande ya está hecha.

Por eso Sweeney llega con bastante más responsabilidad que la de cambiar dos sistemas. Tiene que demostrar que todo aquello en lo que se invirtió es suficiente para hacer bailar el Este a su son.

Sean Sweeney y la cinta métrica

Sweeney debuta como entrenador principal tras pasar por Dallas y San Antonio. Y si algo está dejando claro durante estos primeros entrenamientos es dónde quiere a cada uno. Literalmente.

Ha hablado de ocupar toda la anchura y profundidad de la pista, de alternar cuatro jugadores abiertos con un interior y situaciones con los cinco fuera. Suggs ha explicado que en lo que llevamos de training camp, el cuerpo técnico corrige hasta desviaciones de medio paso. Y eso es porque Sweeney llega decidido a recuperar la esencia de los Magic de 2025. Aquellos en los que medio paso marcaba la diferencia entre la anticipación, la ayuda a tiempo y el robo.

Banchero y Wagner: ¿tienen remedio?

En lo ofensivo, pocas novedades y cierto miedo al déjà vu. Con Banchero y Franz atacando hacia dentro, los atascos en la circulación y generación de espacios es un miedo que vuelve a sobrevolar, más tras no haber incorporado ningún generador de élite.

Paolo viene de promediar 22,2 puntos y 5,2 asistencias, pero su 30,5% en triples sigue invitando a los rivales a agruparse más cerca del aro.

Bajo este contexto –que dudo se solucione de la noche a la mañana –me interesa especialmente cuánto puede producir el italo-estadounidense sin tener que recibir siempre arriba y empezar la jugada desde cero.

Cuando más sobresalen sus virtudes es en movimiento, y espero que Sweeney dibuje pizarras donde lo coloque como bloqueador de Bane o Wagner, recibiendo tras una continuación corta o ganando una posición más profunda antes del pase. Tiene el cuerpo, el manejo y la visión para hacer daño desde el vértigo y el dinamismo sin pelota.

Con Bane pasa algo parecido. Su primer año no fue un fracaso individual: disputó los 82 partidos, promedió 20,1 puntos y metió el 39,1% de sus triples. El matiz está en que solo lanzó 5,2 por noche. Para el jugador que debía ensanchar este ataque, es una miseria. No puede ser que Suggs lance más triples que él. Es imperdonable.

Por tanto, es perentorio que el cuerpo técnico encuentre la forma de generar más acciones que terminen con el balón en manos de Bane, su mejor lanzador de tres con diferencia, para ejecutar tiros liberados.

Suggs, vuelta a su esencia

Pero volvamos a los orígenes. La defensa, sí o sí, debe volver a ser el motor de este equipo.

El año pasado esperábamos que la llegada de Bane aliviase la dependencia de ella; lo que ocurrió fue que el equipo perdió parte de su firmeza atrás sin llegar a convertirse en una potencia ofensiva.

Mosley merece que se recuerde lo que él mismo construyó. Orlando aprendió a competir defendiendo y el relevo debe recuperar esa exigencia sin convertir cada partido en una oposición a meter cien puntos.

Suggs es fundamental por la presión que aplica sobre el balón y por cómo pelea cada bloqueo. Y aunque Jonathan Isaac ya no esté, el roster tiene tamaño y recursos para volver a colocarse entre las mejores defensas del circuito.

El jugador a seguir: Franz Wagner

El año pasado escogí a Paolo. Esta vez quiero detenerme en el hombre al que seguimos llamando segunda espada, quizá por costumbre y quizá porque resulta más cómodo que discutir cómo deben repartirse el equipo, el balón, la gravedad y la atención del rival.

Franz jugó 34 partidos de fase regular y se perdió los tres últimos ante Detroit por una lesión en el gemelo. La cronología la sabemos: Orlando pasó del 3-1 al 3-4. Difícil eludir la causalidad y hablar sólo de mera correlación.

Sus 20,6 puntos, con un 48,1% de campo, llegaron en una temporada demasiado interrumpida para sacar conclusiones definitivas sobre su techo y rol en este equipo.

Lo que más me gusta del teutón es que puede aumentar su importancia sin reclamar que todo suceda a través de él. Puede iniciar, recibir la ventaja que haya creado otro, cortar o cambiar el ritmo de una penetración cuando parece que ya no queda sitio. Ese tamaño con esa capacidad para encontrar caminos es un lujo que Orlando todavía no ha podido explotar de manera estable y prolongada.

Con Sweeney me gustaría verlo participar más en acciones compartidas con Paolo, en vez de limitarse a mantener el ataque a flote cuando uno de los dos descansa. Que el rival tenga que defenderlos a ambos dentro de la misma jugada sabiendo que pueden combinarse en cualquier momento.

Y si todo esto ocurre, a sus 25 años es casi inevitable: jugará su primer All-Star Game.

El pronóstico de nbamaniacs

Este año reculo un poco, aunque sin bajarme del carro.

50-32 y clasificación directa para playoffs.

Me cuesta ignorar lo que puede dar ese quinteto si no sufren los avatares de una larga temporada más que el resto de sus rivales de Conferencia. Confío en el crecimiento de Black y en la posibilidad de que un ataque mejor organizado, donde a Bane se le exprima como se debe, les ahorre tantos partidos de remar contra su propio desacierto.

Luego, en playoffs, pasar una ronda debería ser el mínimo con el que juzgarlos. A partir de ahí, ya veremos. No hay techo; solo oportunidades.

Anterior equipo: Philadelphia 76ers. Próximo equipo: Toronto Raptors.

(Fotografía de portada de Jeremy Reper-USA TODAY Sports)

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