A insistencia nadie gana a los Minnesota Timberwolves. Son ya muchos años en la élite de la NBA y una vez más no les ha temblado el pulso a la hora de jugársela con un movimiento de envergadura; tanto es así que han cerrado la llegada de LaMelo Ball para formar un temible backcourt junto a Anthony Edwards. ¿Podrán dar el salto que tanto desean? Lo que es seguro es que como poco prometen tanta diversión como emoción.
No damos más rodeos y nos metemos en el lío con datos, resultados de la campaña anterior, un vistazo a su plantilla y a sus futuros agentes libres, los objetivos del curso, el jugador a seguir y un pronóstico para dar forma a la previa del equipo campeón en 2021.
Minnesota Timberwolves 2026-27

Así encaran la temporada
Con ilusión renovada. Estos Minnesota Timberwolves solo están casados con Anthony Edwards –como debe ser– y no tienen problema en remover el árbol y lanzarse para intentar hacer de un buen equipo otro campeón. Y sí, justo por ello han dado un giro de 180 grados al modelo al sumar a su plantilla a LaMelo Ball.
El exbase de los Charlotte Hornets supone un soplo de aire fresco, pero a su vez genera ciertas dudas, ya que hasta el momento se le ha visto más como un jugador efectista que efectivo. Más claro: verle jugar es muy bonito, pero… ¿realmente se puede ganar con él?
Justo eso es lo que esperan descubrir para bien unos Wolves que han vaciado en parte su pintura con las salidas de Julius Randle y Naz Reid, apostando así por un nueva ruta para romper por fin la barrera de las finales de la Conferencia Oeste, justo donde se estrelló en su día Kevin Garnett y donde no quiere morir su actual jugador franquicia, Anthony Edwards.

A la espera de ver el resultado, no se puede sino alabar a una gerencia que ha dado pasos acertados en el último lustro y que se está atreviendo como pocas a no insister en un modelo cuando realmente creen que está agotado. Hay ganas de verles este año, pero antes vamos a profundizar más en lo que tienen en plantilla –mucho más enfocado al perímetro– y lo que pueden hacer sobre el parqué.
LaMelo Ball, hora de la verdad
No vamos a menospreciar ni mucho menos a los Charlotte Hornets, pero es ahora cuando LaMelo Ball realmente debe sacar el jugador que lleva dentro. Durante años –y más allá de las recurrentes lesiones– nos ha hecho disfrutar con acciones de hightlights, pero es ahora cuando el brillo debe trascender de lo personal para coger color (victorias) en lo colectivo.
El gran cometido del point guard de 25 años será directamente hacer jugar mejor a Minnesota. No es que en años pasados lo hiciesen mal, pero sorprende que con un ritmo mucho más alto que Charlotte –100,5 posesiones por 48 minutos frente a las 96,8 de los de Carolina del Norte– fuesen mucho menos eficientes –116,8 puntos por 100 posesiones por 119,4 de los Hornets–. Es justo ahí donde LaMelo debe meter el bisturí.
Porque Charlotte no jugaba a toda velocidad, pero con LaMelo en pista la eficiencia ofensiva se disparaba; tanto es así que acabaron la temporada siendo el quinto mejor equipo de la NBA en tal apartado estadístico, destacando el hecho de que con Ball en pista fue 12,6 puntos por 100 posesiones mejor que cuando estaba en el banquillo: 123,2 frente a 110,6.
Chris Finch sabe sin duda lo que tiene entre manos. Recientemente ha dado un toque a LaMelo respecto a su selección de tiro, pero no por ello deja de entender que el juego puede fluir de un modo totalmente distinto a través de sus manos. Hay que tener en cuenta que en la 2025-26 los Wolves fueron 16º en asistencias pese a ser el 9º equipos con más ritmo de la NBA. Ahí hay margen para que LaMelo cambie la naturaleza del ataque.
Y para terminar con este chico nacido en Anaheim (California), no podemos olvidar que si bien su baloncesto habla por sí solo –20,8 puntos, 7,4 asistencias, 5,7 rebotes y 1,4 robos de promedio en su carrera–, queda la duda de si aguantará físicamente. En el curso 2025-26 disputó 72 partidos, pero en los tres anteriores se quedó en una media de 35. Exacto, de su salud depende inmensamente qué serán estos Timberwolves.
Un cambio de estilo obligado
Y no porque lo exija LaMelo Ball, sino porque como tal lo ha elegido la franquicia. Si hace tiempo apostaron por lo que se denominaron ‘torres gemelas’ al unir en la pintura a Karl-Anthony Towns y Rudy Gobert, ahora el francés se ha quedado como el último eslabón de una cadena de hombres grandes claramente debilitada –a posta– para dar lugar a otro estilo.
Los Wolves se han lanzado de cabeza a la versatilidad en su roster; tanto es así que Gobert es el único ‘cinco’ al uso, estando también por ahí un Joan Beringer que en su segundo año debe tener más minutos dada la escasez de interiores. Y bueno, con two-way contracts tienen a Rocco Zirkarsky y Zyon Pullin, pero en caso alguno forman parte de plan inicial.
Jaden McDaniels, Jonathan Kuminga, Cody Williams, Trey Lyles… Hablamos de aleros que pueden actuar de ‘cuatro’ y que otorgan una nueva fisonomía al equipo y que a su vez deben servir para que a partir de LaMelo Ball y Anthony Edwards vamos un baloncesto en gran parte diferente al de pasadas campañas.
A grandes rasgos podemos decir que Minnesota ha pasado se ser un equipo con bastante creación desde el frontcourt a otro mucho más orientado al perímetro, el ritmo y el pase. Justo a ello ha apuntado durante la pretemporada el entrenador del equipo, Chris Finch, quien no ha dudado a la hora de subrayar que espera que con Ball los Wolves puedan pasar mejor y generar más movimiento sin balón, todo ello manteniendo a Anthony Edwards como eje ofensivo.
En las pasadas campañas veíamos como Randle aportaba mucho desde el bote, recibía en el poste alto, atacaba físicamente y a partir de ahí generaba puntos y asistencias. Ahora el plan es que la bola esté siempre en movimiento, incluso cuando Ball se siente. Para ello renovaron a Ayo Dosunmu y mantienen en plantilla a otros jugadores como Donte DiVincenzo o Bones Hyland. La fuerza y el tamaño han dado paso a la velocidad y al movimiento; o al menos eso pretenden.
Anthony Edwards, liberado y… ¿aspirante al MVP?
Sí, y casi que también. Una de las cosas más interesantes de la temporada que se viene es el cambio de rol de Anthony Edwards, porque sí, va a transformarse por completo.
Durante quizás demasiado tiempo Edwards ha tenido que ejercer de facto como base. Ya fuese porque Mike Conley estaba en decadencia, por lesiones de jugadores como Donte DiVincenzo que debían ayudarle en la tarea o simplemente por la falta de refuerzos, la realidad es que la estrella de los Timberwolves se veía obligada a un sobreesfuerzo posesión tras posesión.
Aunque después todo debe quedar plasmado en pista a partir de la pizarra de Finch, podemos decir sin miedo a equivocarnos que con Randle, Edwards tenía que ser frecuentemente el que generaba la ventaja inicial. Ahora, con Ball, puede convertirse más a menudo en el que aprovecha la ventaja creada por otro. Y sí, todo eso nos lleva a la pregunta de si puede dar un salto tan grande (individual y colectivo) como para aspirar al MVP.
Si bien en las últimas temporadas parece que el premio a mejor jugador de la temporada no admite nuevos aspirantes, en esta ocasión nos permitimos la licencia de soñar con un Anthony Edwards en la terna. Por estadística y talento tenemos a Nikola Jokic, por eficacia y balance del equipo a Shai Gilgeous-Alexander y por simple naturaleza a un Victor Wembanyama que es harina de otro costal.

Los números son los que son –ya los estamos viendo ahí arriba al comparar la pasada campaña de Edwards con los últimos cinco MVP; sin embargo, confiamos plenamente en que es el momento para que el escolta de 25 años vaya más allá y lidere a los suyos para ser un equipo realmente temible en la NBA.
El jugador a seguir: Jonathan Kuminga
Un año más esperamos a Jonathan Kuminga, pero este con más motivo. Dado su fracaso como pieza que podía tomar una especia de relevo generacional en los Warriors y que su paso por Atlanta acabó con más sombras que luces, es ahora, en un contexto de máxima exigencia en el que le van a pedir que aporte hacia un deseado campeonato, cuando debe encontrar ese equilibrio que le es desconocido.
Lo más sorprende de su trayectoria es que por números uno diría que debe ser una pieza muy codiciada en la NBA, pero ha terminado firmando dos años por 13 millones de dólares con un solo curso garantizado. 12,5 puntos y 4,2 rebotes por noche en solo 22,1 minutos por noche son unos guarismos que dejan claras dos cosas: tiene cualidades para jugar a esto y a su vez no lo está aprovechando.
Quizás a Kuminga solo le falta encontrar su sitio. Tras cinco años en la Liga aún cuesta definir qué es exactamente; y sí, se exigen jugadores globales, pero también que tengan una clara virtud. La suya puede ser el físico y a partir de ahí marcar diferencias en defensa, pero hasta la fecha ha sido demasiado anárquico. En todo caso, confiamos en que en este nuevo contexto logre revertir la tendencia y que consiga brillar de manera consistente. Oportunidades no van a faltarle, ya que apunta a comenzar como titular.
El pronóstico de nbamaniacs
Con LaMelo Ball, un Anthony Edwards liberado, un perímetro versátil y con gran capacidad defensiva… No nos la podemos jugar a que vayan a mejorar per se respecto a pasadas campañas, pero sí a que esa posibilidad existe y podrían llegar a colarse entre los mejores de la Conferencia Oeste, y con eso hablamos superar las 50 victorias con cierta comodidad. ¿Demasiado ambiciosos? No si les respetan las lesiones y logran encajar como desean a LaMelo Ball. Es un año para disfrutar y soñar con los Wolves.
Equipo anterior: Atlanta Hawks; Próximo equipo: Houston Rockets
(Fotografía de portada: IMAGN IMAGES via Reuters Connect)





