Los hay que envejecen como el buen vino; y luego está él, que si se pudiese presentar al Draft 2027 seguiría siendo pick de lotería.
LeBron James cumplirá 42 años exactamente dentro de dos meses y vive la que es su 24ª temporada en la NBA. Un récord absoluto. Nadie había alcanzado las veinticuatro. Ni las veintitrés. Y los que llegaron a las veintidós (Vince Carter) o a las veintiuna (Garnett, Nowitzki, Parish, Paul, Willis), lo hicieron todos en condición de casi exjugadores. Por dar un dato, de estos seis de arriba, quien más puntos promedió en su última campaña antes de retirarse fue Dirk, con 7,3 tantos por noche.
LeBron también está sufriendo un declive en sus números: como profesional, jamás ha terminado una regular season por debajo de los veinte puntos; actualmente está en vías de hacerlo pues, en cinco encuentros con los Philadelphia 76ers, únicamente está en los 16,4 y con el peor eFG% desde su año rookie, con un 48,6%.
Incapaz, a su vez, de salvar los muebles en ninguna de las otras dos grandes plazas: ni en rebotes ni en asistencias alcanza los dobles dígitos.
En su conjunto, tenemos un James que con su nueva elástica promedia, por el momento, 16,4 puntos, 7 rebotes, 7 asistencias, 1,6 robos y 1 tapón… un muerto tan vivo y coleante como el Capitán Barbosa. Y el pasado viernes, basta de ironía, el viejo rey se ajustó la corona para ofrecernos su mejor actuación hasta la fecha desde que llegó a Pensilvania.
Ajeno a su edad, desplegó un juego al más puro estilo de sus mejores épocas frente a los Knicks, los actuales campeones de la NBA.
Durante 33 minutos –los que promedia en este inicio de curso– dio todo un repertorio de su todavía poder atlético: se marchó en velocidad de Hart para poner una bandeja, pivotó al posté con fuerza sobre Mikal Bridges para sacar el 2+1, y rectificó en defensa para cerrarle las puertas del aro a OG Anunoby con un magnífico tapón.
Después de que los Sixers dejaran escapar una ventaja de 14 puntos en el último cuarto, fue James —a fallo de Tyrese Maxey— quien sentenció el encuentro contra los knickerbockers.
Ala-pívot es solo un nombre
Basta consultar Basketball-Reference para comprobar que el de Akron ha jugado de todo en la NBA, ocupando las 5 demarcaciones con un éxito sin igual. En su año de novato, con juventud infinita, se desenvolvió sobre todo de escolta, pero desde el año siguiente se movió a la que sería su peana fetiche durante más de una década: la de alero. Entre medias, pasó dos temporadas actuando de ‘4’ oficioso porque había un tal Chris Bosh en Miami al que no podían atrapar bajo el metacrilato. Y hasta tuvo sus primeros ratos de ‘5’, una posición en la que, con el paso del tiempo y el peso de los kilómetros, se ha ido sintiendo cada vez más cómodo al muscular lo suficiente y utilizar el cuerpo con la eficiencia qu te dan dos décadas de veteranía.
En Philly, su rol de salida va a depender mucho de cuándo esté Joel Embiid disponible y de cuándo no. Si está el camerunés, su puesto más habitual será el de ala-pívot, orbitando entre el ala y la zona restringida en situaciones de necesidad.
Lo de arrancar de base –recursos le sobran y los aplica, de facto, en varios tramos del partido– no será necesario, como sí lo fue en aquella 2020-21 en unos Lakers huérfanos de base.
Pero en estos 76ers está de más, pues en Tyrese Maxey tiene LeBron, me atrevo a afirmar, a uno de los point guards más excepcionales con los que ha jugado nunca en la NBA, con permiso de Luka Doncic y Kyrie Irving. De hecho, de las siete asistencias que repartió James ante los Knicks, varias, más que pases de finalización fueron desplazamientos normales a siete metros del aro bajo el rótulo «Maxey, hazla tú».
Entre él y Jaylen Brown, no cabe duda que en estos instantes es el tejano quien lleva las riendas y el peso del quinteto. LeBron, a sus 42 años, reducido a escudero de lujo y cómodo en las inmediaciones del triple-doble.
«Ha estado rindiendo bien», comentó el entrenador Nick Nurse tras el triunfo ante los Knicks en un duelo que, además, inauguraba su NBA Cup. «Pero, sin duda, este ha sido su mejor partido».
Si hablamos de récords, ya no le quedan muchos hitos estadísticos significativos a James por alcanzar, así que habrá que conformarse con este último: igualar a Kareem Abdul-Jabbar como el quinto jugador de mayor edad en la historia de la NBA en registrar un partido de al menos 20 puntos.
Sin embargo, conquistar un quinto campeonato de la NBA con su cuarto equipo —tras haber ganado anillos con Miami, Cleveland y los Lakers— sí sería un logro digno a destacar en el libros de récords.
Un fantástico primer mes
Los Sixers han comenzado la temporada con un balance de 6-1 –líderes de la Conferencia Este– a pesar de que su quinteto titular habitual apenas ha compartido cancha en tres ocasiones esta temporada.
Además, ya cuentan con un registro de 2-0 frente a los Knicks, vigentes defensores del título, tras haberles ganado también en Nueva York en la jornada inaugural.
James firmó con los Sixers como agente libre, en gran medida, para divertirse, jugar con amigos cercanos —como Maxey— y seguir compitiendo a gran nivel en un plantel con las máximas aspiraciones. Tras el primer mes de la temporada, se puede decir que está saliendo victorioso en todos esos aspectos.

«Me lo estoy pasando genial», comenta el ’23’. «Me encanta lo que aportamos cada noche. Adoro nuestro espíritu competitivo; todos vienen dispuestos a trabajar y se esfuerzan al máximo. Además, es un grupo muy divertido. Siendo sincero, ¡soy como un niño grande! Es un placer estar con estos chicos, y me alegro muchísimo de haber tomado la decisión de venir aquí».
He participado en algunos de los partidos más importantes de la historia de este deporte. Poder aportar calma al equipo en los momentos finales es, sencillamente, fruto de mi experiencia. Ya sea con el balón en mis manos o sin él, mi labor consiste en situar a mis compañeros en la posición correcta y guiarlos durante el juego».
(Fotografía de portada de Bill Streicher-Imagn Images)





