10 años de la final de Pekín, ¿el mejor partido FIBA?

Para muchos, la obra culmen que el baloncesto FIBA engendró en toda su historia. No por aplastamiento desconsiderado de una de las partes —como acostumbraba el Dream Team en 1992— a la otra, sino porque Estados Unidos y España reprodujeron el choque de dos vastos imperios que se estaban repartiendo el territorio mundial en aquel momento. La cima del mundo y su inmediato competidor en una noche que casi termina en epopeya fruto de la resistencia de y compañía.

Aquelllos Estados Unidos contaban con los dos mejores jugadores del momento. Por un lado un (30 años) que estrenaba su primera y única condición de MVP en toda su carrera; y, por otro, el vástago natural de los grandes dominadores, (23).

Ya con a su corta edad pero incipiente experiencia (había debutado en la NBA con 18), James era el líder de aquel vestuario junto a Kobe; aunque , técnico jefe, hubiera nombrado capitán al veterano Jason Kidd (35 años).

“Aunque Coach K había designado a Jason Kidd como capitán, LeBron era mucho más que un capitán. Ya fuera preparando un desayuno por la mañana, yendo al gimnasio antes de entrenarse o algo así, LeBron era quien llamaba a todo el mundo y decía: hey, estoy haciendo esto, tíos, si todos queremos tener química y conseguir el objetivo hay que hacer bien las cosas. Era quien decía las cosas para que todo el mundo pudiera estar unido. Era impresionante que hiciera eso con su edad”, relata de aquello Tayshaun Prince, también integrante de tal constelación.

Kobe y LeBron, los líderes

El liderazgo de Kobe se colaba por otros huecos. “Aparecía trabajando muy duro todo el tiempo, en el trabajo diario, dejando que tú lo vieras”, añade Prince y recoge Yahoo! Sports. Dos líderes acostumbrados al altavoz exclusivo en sus vestuarios y que jugaban juntos por primera vez; pero el experimento resultó bien. “Forjaron una gran relación. Los dos hicieron cosas para hacer todo más fácil a sus compañeros y me lo hicieron más fácil a mí interactuando juntos como líderes y haciendo lo que era necesario para ganar el oro”, alega Coah K al respecto.

Quizá el otro gran monumento de aquel equipo fuera Dwyane Wade, que ya había sido campeón de la NBA hacía dos años, y asestó nada menos que 27 puntos a España en la final siendo máximo anotador del partido.

Los protagonistas

Recordemos que aquel (denominado como Redeem Team, equipo de la redención) había sido concebido con un único objetivo: vengar los descarrilamientos de 2002 (sextos en el Mundial de casa, Indianápolis), 2004 (bronce en los Juegos de Atenas), o 2006 (bronce en el Mundial de Japón). En los Estados Unidos siempre se ha creído que nadie ostenta su nivel baloncestístico en todo el mundo, y tres tropiezos seguidos habían sido demasiado. Coach K y todos los maestres de USA Basketball echaron a volar los cuervos y convocaron las espadas más habilidosas de la liga. Los mejores volverían a estar en el conjunto nacional con el objetivo de volver a aplastar al resto del mapa. De acallar revoluciones.

Aplastaron a casi todo el mundo excepto a España en la gran final. En aquel equipo figuraban conocidos NBA como los citados James, Bryant, Kidd, Prince más una selección de lo más maduro de la competición americana: Dwyane Wade (27 años), Dwight Howard (22), Carmelo Anthony (24), Chris Paul (23), Carlos Boozer (26), Deron Williams (24), Michael Redd (28) o Chris Bosh (24).

Por España, al mando de la resistencia estaban Pau Gasol (28 años), José Calderón (27) —que no disputó la final por una lesión muscular—, Felipe Reyes (28), Juan Carlos Navarro (28), Jorge Garbajosa (30), Marc Gasol (23), Rudy Fernández (23), Ricky Rubio (17), Raül López (27) Carlos Jiménez (32), Jorge Garbajosa (30), Berni Rodríguez (27) y Alex Mumbrú (29).

Casi una epopeya, ¿o lo fue?

Quizá, más que la supremacía del ‘Tío Sam’, que ya se esperaba, lo que se recuerda de aquella final es el espíritu numantino de la selección española. Nunca arrojó los remos y jamás le perdió la cara al partido aun con la teórica superioridad física y técnica de las estrellas de la NBA. Aun sin José Calderón al aparato como base —qué partido y qué descaro de Ricky Rubio con 17 años— el equipo de Aíto García Reneses compitió hasta el final (118-107) y se convirtió en ganador moral para el resto de lugares del mundo que no fueran los Estados Unidos. Por apoyo a la causa menos exuberante —de inicio— más de medio mundo apoyaba a España. Y el partido a punto estuvo de acabar en epopeya.

Lo fue para todos los aficionados españoles, que sin duda recuerdan tal 24 de agosto de 2008 como una de las cimas de la generación más ganadora de su deporte. Diez años ya y muchos siguen siendo estrellas e importantes en la NBA. También por el otro bando, donde LeBron James sigue siendo el jugador más dominante de los últimos 20 años. Una cita para la historia repleta de futuros hall of famers y momentos a la altura del mejor partido no NBA de todos los tiempos.


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