Alec Brown: tirar para sobrevivir


El Movistar Estudiantes, que tantas cosas mal ha hecho en los últimos tiempos, llevó a cabo con Alec Brown dos acciones brillantes. La primera, llamarle e incorporarle en la primavera pasada para solidificar un juego interior dañado tras la baja de Ondrej Balvin. La segunda, renovarlo este verano.

Brown, pívot atípico, o quizá ya no tanto en un mundo de small ball, nos recibe en el Magariños, templo de muchas cosas para el baloncesto colegial. Estamos en los días previos al partido ante el F.C. Barcelona Lassa y en la víspera de un encuentro de la Basketball Champions League, esa tercera competición europea que ha sido suficiente reclamo para muchos de los jugadores del Estudiantes y aquello de “jugar en Europa”.

Brown, desde sus 2,16 metros, ya fue clave en la ronda previa de clasificación, como si sólo se tratase de continuar aquella finura con la que se desenvolvió en los últimos seis encuentros de la Liga Endesa 2016-17. Entonces, el center con mente de alero siempre sumó como mínimo 10 puntos por partido, se fue hasta los 17 ante el Real Madrid y acabó su curso con un estratosférico 64 por ciento de acierto en triples (14/22).

En su regreso a Madrid –“adoro la ciudad”– nos cuenta, Brown ha añadido algo más de provecho a su altura y envergadura. Colocar tapones no es nuevo para él, ya que fue el 7º máximo taponador en la G League 2016-17, pero de un jugador con tales centímetros siempre se puede pensar que ha de usar también las manos para capturar rebotes. Y en eso anda el de Winona, Minnesota, que ya en los cuatro primeros encuentros de esta Liga Endesa  2017-18 promedia 11 tantos, 5 rebotes y 2 tapones, con números parecidos en Europa.

El baloncesto, como lógica

“He jugado al baloncesto desde siempre”, cuenta a nbamaniacs  sentado una de las salas de las oficinas del Magariños, con vistas a la pista donde, ducha mediante, se ha exprimido una mañana más. Brown, nacido hace 25 años en la fría Minnesota, ha tenido un balón cerca desde antes incluso de que la memoria le suelte las primeras imágenes. “Mi padre jugó en la Universidad de Winona y mi hermano, aunque no llegó a este punto, es entrenador”.

La infancia de Brown en Winona, mientras crecía a pasos agigantados, fue feliz. Nos lo dice y lo suponemos cuando se le dibuja una sonrisa al evocar aquellos años. “Jugaba a todo. Al baloncesto, al béisbol, al fútbol, al tenis… al soccer.”

Sin embargo, la biología disparó a un joven hacia una altura que necesariamente le tenía que vincular con el baloncesto. Y encima era bueno, disponía de argumentos para labrarse una carrera profesional. En sus cuatro años en la Universidad de Wisconsin Green Bay enseñó que además de una progresiva buena mano, sobre todo a partir del tercer curso, cuando empezó a tirar —y a acertar— de manera continuada de tres, tenía solidez bajo los tableros. Brown era la pesadilla de sus rivales en la Conferencia Horizon, de la que salió en 2014 como el máximo taponador de su historia (309).

“Fueron buenos tiempos. El entrenador me adoraba”, rebobina sobre sus días en la NCAA, donde fue titular desde el primer partido que disputó como freshman, en la 2010-11. De hecho, Brown formó parte del quinteto inicial en 66 de los 67 duelos que disputó a lo largo de sus cuatro temporadas en Wisconsin.

Draft de 2014, lesión de hombro y G League

Así que, igual que la lógica y el talento le habían impulsado hacia el baloncesto, la lógica también le situó como candidato a ser elegido en el Draft. El momento soñado para todo deportista estadounidense. Y sin embargo, para Brown, todo aquello no tuvo un rédito posterior.

“Número 50 del Draft de 2014, sí. Y ya sabes, en esa posición, no hay contrato garantizado. Así que me fui a jugar la Summer League, me lesioné el hombro, estuve medio año de recuperación y vino el Obradoiro en la 2015-16”. En toda esa parte del relato, también se incluye su primer viaje en la G League, febrero de 2015 en el afiliado de los Suns, y su regreso a las ligas de verano. Brown jugó hasta en tres ocasiones con los Suns, durante los periodos estivales de 2014, 2015 y 2016. Pero nada. Ni training camp. “Nunca me llamaron para la pretemporada. ¿Por qué? No lo sé. Quizá un año por el hombro, otros querían que me fuera al extranjero a probarme, otro eligieron en el Draft a otros jugadores en las mismas posiciones. ¿Sabes? Es todo muy político”.

Renace en los Windy City Bulls

Brown estuvo durante toda la temporada 2015-16 en la Liga Endesa, pero no era el Brown cien por cien sano, a tope. A veces un paso menos son tres más para el futuro. Tras su primer curso en el extranjero, Brown utilizó la G League para lo que realmente debe servir esta competición: avanzar, desarrollarse. Los 50 partidos en los Windy City Bulls durante la 2016-17 le valieron para adquirir una dinámica de juego que no había palpado casi desde sus días de NCAA.

“La G League es la mejor opción para tratar de entrar en la NBA. Sin embargo, para un jugador tan alto como yo es difícil. Hay mucho tirador, mucho jugador que tiene el balón en las manos. Pero en Chicago teníamos un buen equipo y ellos sabían de mi habilidad para tirar y me buscaban”. Brown, además de esa estadística de 1,9 tapones que le hizo ser de los mejores en la competición, vivió bien en el perímetro de los Windy City y acabó con 10,7 puntos y un 36,4 por ciento de tiros de tres. Recordamos que mide 2,16 metros. O te adaptas, o mueres. Y Brown vio que en la G League podía dar rienda suelta a esa muñeca que ya empezó a soltar en su curso de junior Wisconsin.

La llamada desde Madrid

Abril de 2017. “Yo estaba en casa, en Winona, y daba la temporada por terminada. Estaba en la montaña y no tenía idea de nada de lo que iba a pasar. Entonces me llamaron del Estudiantes, hablé con Willy Villar y con el entrenador y aquí vine al día siguiente. Si tenía una oferta, la debía coger”. Y ahí sigue.

En el cuadro estudiantil, tras ver de lo que había sido capaz en sólo un puñado de encuentros durante el curso pasado, decidieron renovarle. “Renové porque de verdad que las seis semanas de primavera en el Estudiantes fueron lo mejor que he vivido desde que soy profesional. Tenía otras ofertas, interesantes, pero vivir en Madrid, cómo jugamos, mi rol en el equipo, mis compañeros… todo esto hizo que me quedara aquí. Fue una decisión fácil”.

Campeón de Las Vegas Summer League con los Lakers

Entre los nombres de Lonzo Ball o de Kyle Kuzma, absolutas estrellas de Las Vegas Summer League 2017, Brown se pudo colar en la conquista de ese campeonato. Aunque cuando le decimos que lo ganó, tuerce el gesto, como si no se considerara parte de todo eso. “Jugué muy poco. Ellos me dijeron una cosa e hicieron otra. Pero como te he comentado, es así, son decisiones muy políticas, no hay nada que pueda hacer”. Brown estuvo en pista sólo 12 minutos en todo el torneo de Las Vegas.

Al menos, pudo compartir algunos días con algunos de los jugadores señalados para mandar en el porvenir de los Lakers. “Son muy buenos. Si ves los partidos, saben que controlan el juego. Tienen gran potencial. Son chicos de NBA”, asegura sobre Ball y Kuzma. “Pude hablar poco con él, pero es un chico muy tranquilo, de verdad”, afirma Brown acerca de cómo es Lonzo en las distancias cortas.

Un oro que sí le pertenece

Brown, antes de reincorporarse al Estudiantes en septiembre, conquistó el oro con la selección de los Estados Unidos en la AmeriCup. Aquí, el pívot sí tuvo más presencia en la rotación. “Jugué”, sonríe. “No mucho, pero lo que es más importante es que logré entrar en el equipo. Cuando llegué al training camp nadie esperaba que fuese a lograr entrar en el equipo final”. Jeff Van Gundy debía hacer cortes en la preselección que trabajaba en la segunda semana de agosto en Houston. Y Brown tenía todas las papeletas para ser el elegido. Pero no. “Jugué muy bien durante esos días, hasta el punto que Van Gundy me dijo: ‘Ven con nosotros. Igual no juegas siempre, pero nos has impresionado’. Definitivamente, mereció la pena el esfuerzo. Gané un oro, estuve en países que como Argentina y Uruguay que no había visitado. Fue impresionante. Nunca lo voy a olvidar”.

Brown concluye los elogios a aquellos días dorados de verano con unas palabras agradables, pero sinceras, a su seleccionador. “Jeff es un tipo muy profesional y muy perfeccionista en todo lo que rodea su trabajo. Pero fuera de la pista es alguien muy, muy divertido”.

¿Puerta cerrada a la NBA?

“Lo voy a intentar cada verano”. Así se muestra Brown sobre sus opciones de lograr entrar en un plantel de la NBA. Su compañero de selección, C.J. Williams, es un claro ejemplo de que todo es posible. Hablamos sobre ello y sobre los contratos duales que dejan dos puestos más por franquicia (60 fichas extra) desde esta 2017-18 para lograr el sueño de la NBA, mientras cerramos una conversación extensa, sin prisas. “Tenemos un gran equipo”, comenta, sin alzar ni un ápice esa voz fuerte pero a la vez  tranquila de un hombre que, a sus 25 años, ha encontrado su sitio en Madrid. A Brown le sirvió la G League, la Summer League, el Draft y la selección de Estados Unidos. Todo son pasos, buenos o malos. Pero se dan por algo.

“Estoy completamente recuperado de mis lesiones”. Y golpea con los nudillos la enorme mesa de madera sobre la que hemos colocado al principio de todo un balón de baloncesto. Con esas herramientas, y con sus manos de un hombre de 216 centímetros, Brown aniquila al Barcelona unos días después. No ha sido el protagonista de la mañana, no, pero 10 puntos en el último cuarto con su firma, incluidos dos triples con bastante arrojo, sellan la victoria colegial. En Goya rebosan de alegría. Quizá, y sólo quizá, después de tanto tiempo puedan hacer algo importante, huir de un curso anodino, volver a ser por momentos, por meses, el Estudiantes. A los hombros de tipos como Brown, es posible.


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