Anthony Bennett : el número 1 del Draft lo sigue intentando en la G League


En diciembre de 2015, Anthony Bennett se convertía en el primer número 1 del Draft de la NBA que disputaba minutos en la G League. Lo hacía en los Raptors 905, afiliado de la franquicia de Toronto. Anthony Bennett ya antes había conseguido ser también el primero en algo, pero en algo mejor, como convertirse en el primer canadiense en salir con el pick 1 del Draft de la NBA (año 2013, Cleveland Cavaliers).

La decisión de ese Bennett de 2015 de descender a la liga menor, en su Canadá natal, fue defendida por el propio jugador como una maniobra para pulir su juego, para crecer. Un acto voluntario que se redujo a 6 partidos, pobres números, y que terminó en última instancia que su despido por los Toronto Raptors en marzo de 2016. Aquel Bennett, aquel jugador que ya suscitaba dudas desde el minuto inicial de su elección por parte de Cleveland, no era capaz de sobresalir en ningún sitio y se quedaba fuera de esos Raptors que tocarían su pico histórico como franquicia al llegar a las Finales del Este 2016. Para entonces, el de Ontario ya estaba casi fuera de la NBA, aunque tuvo un último intento de reengancharse vía Nets, con los que jugó 23 duelos de la 2016-17, para ser despedido justo antes de que su contrato quedara garantizado para toda la temporada. Era enero de 2017 y casi doce meses después hacer las maletas en los Raptors, las hacía en los Nets. Desde entonces, no ha vuelto a jugar un duelo oficial en la NBA, lugar del que salió con 151 partidos a sus espaldas, solo cuatro titularidades y unos pobres números de 4,4 puntos y 3,1 rebotes, repartidos entre los Cavaliers, los Timberwolves, los Raptors y los Nets.

La G League como asidero

En mayo de 2017, Bennett ganaba la Euroliga con el Fenerbahçe, al que había llegado para vivir a las órdenes de Zeljko Obradovic su debut en Europa. Promedió 1,2 puntos en su conquista continental, lo que supuso directamente que la opción de quedarse con el cuadro turco para al 2017-18 fuera inmediatamente cancelada.

Por esos días, Bennett lanzaba una proclama: “Reiré el último. Tengo 24 años y mucho tiempo por delante”. Pero ese presente hablaba de un otrora número 1 del Draft que había salido a la pista en la final de la Euroliga para jugar los minutos de la basura y que ya a inicios de mayo se había quedado sin ficha para disputar la liga de Turquía. “Simplemente quiero ser el jugador que era en la universidad”. Bennet jugó una única campaña en la NCAA, la 2012/13, donde aportó en 35 partidos unos guarismos de 16,1 puntos y 8,1 rebotes. Sí, su mejor baloncesto de lejos, pero ¿suficiente para ser número 1 del Draft?

No lo parece, aunque lo cierto es que Bennett no se quiere salir de la órbita de la NBA. En octubre de 2017, tras realizar la pretemporada con Phoenix, fue despedido y se enroló en los Northern Arizona Suns, el afiliado de Phoenix en la G League. No duró mucho, ya que en diciembre era enviado a los Maine Red Claws, el afiliado de los Celtics. En mitad de todo eso, hizo alguna parada con la selección de Canadá, con la que ya había conquistado alguna medalla internacional absoluta y con la que quizá ha dejado ver su mejor versión.

Porque en la G League, nada del otro mundo. Tras 43 partidos y cuatro equipos, Raptors 905, Long Island Nets, Arizona Suns y Maine Red Claws, estos lo traspasaban en octubre de 2018 a los Agua Caliente Clippers. Quinto destino en la G League, donde ha debutado con unos tristes 10 puntos, 1 rebote, 1 asistencia y 1 tapón en 14 minutos. No fue ni titular. Con unos 16 millones de dólares ganados en su intrascendente paso por la NBA, y eso que en el despido de Minnesota en 2015 dejó en la cuenta de los Timberwolves algo más de dos millones de dólares vía buy out, Bennett ahora percibe el salario único de la G League, 7.000 dólares al mes. Como tantos otros, no estará en esta competición por dinero. Presumiblemente lo hace por visibilidad, por seguir en el siempre interesante foco de la G League. En su caso, seguramente sea la mejor forma, o quizá la única, de buscar un regreso a la NBA, a una NBA que parece haberle quedado gigante. “Ese es el objetivo, volver y quedarme allí. Tengo la habilidad para ello”, apuntaba tras llegar a su nuevo destino a The Orange County Register.

La vida curte

La etiqueta del número 1 del Draft pesa y hasta la fecha Bennett puede pasar a la historia por ser un gran fiasco, de los más grandes de la historia del Draft. Por eso, o porque su nombre estuvo inmerso en el traspaso que puso a Kevin Love en el verano de 2014 en Cleveland, y a Bennett en Minnesota. El resto, ya saben cómo terminó. Uno, jugador franquicia de los Cavaliers tras la marcha de LeBron. El otro, como suplente en la G League.

“Allí jugaba con una sonrisa en mi cara. Era divertido, no tenía preocupaciones, corriendo de arriba a abajo. Hay un montón de cosas que puedo intentar volver a hacer”, rememoraba en mayo de 2017 el ala-pívot sobre sus días en la Universidad de Nevada, Las Vegas.  Ahora, un año más tarde, se repite el relato, pero con un cuarto de siglo ya cumplido y poco recorrido, al menos en lo baloncestístico, hecho.

Bennett, quien será empleado como un buen objeto de reclamo publicitario por parte de los Agua Caliente Clippers, apunta que todo lo que rodeó a su elección en 2013 en el primer puesto del Draft fue una locura. “Tengo que construir sobre eso”. Con los hombros curados, algo que lo atormentó desde sus días de la NCAA, y sometido a una operación para corregir la apnea del sueño, Bennett ha mejorado cosas en su juego, ha crecido como tirador, está más ágil, con menos peso – algo que ya vimos en los Nets- y, definitivamente, quiere seguir jugando a esto. “En la vida pasan cosas, sí. Pero el amor por el juego no se ha ido. Ha habido subidas y bajadas, pero trato de ser fuerte por mí y por toda la gente que me rodea, porque creo que puedo ayudar y compartir mi experiencia con los más jóvenes”.


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