Ben Wallace, el ‘Bad Boy’ que derrotó a la depresión


En la NBA y en todo el deporte americano en general, los trastornos localizados dentro de las fronteras del cerebro son y han sido tabú hasta hace muy poco tiempo. Lo siguen siendo, pero cada vez menos. En el pasado, los propios jugadores tomaban como inconcebible que figuras con una influencia tal en la sociedad como ellos pudieran airear sus demonios internos. Tenían que lidiar con ello en estoico silencio para no quebrantar la imagen de ídolos que todo el mundo les tenía dibujada. Sin embargo, de los dos últimos años hasta ahora, la NBA ha sido pionera haciendo públicos algunos casos de jugadores sufriendo trastornos sobre todo de ansiedad y depresión. Kevin Love, Paul Pierce, Jahlil Okafor el último… La lista no ha parado de crecer en los últimos meses y a ellos también se les ha unido una personalidad ya retirada pero con una influencia ingente en sus años como profesional. Es el caso del viejo Ben Wallace.

El gigante (aunque era pívot, en la práctica sus medidas llegaban solo a 2,05 metros) de aquellos Detroit Pistons empezó a luchar contra la depresión poco tiempo después de colgar las botas, como pudo relatar al medio The Undefeated. Wallace no padeció problemas relacionados con su economía familiar ni nada parecido (ese problema da para otro reportaje bastante amplio), sino que cuando se vio fuera de la vorágine de partidos que supone una temporada NBA (82 por equipo y más de 1.200 en total), comenzó a padecer una severa depresión que duró dos años y le llevó a perder más de 20 kilos de peso. Su salud mental y física quedaron bastante comprometidas.

“El baloncesto prácticamente te controla la mente. Te lleva a un viaje de altibajos muy grandes. Te hace que lo necesites todo el tiempo. Un día puedes coger 20 rebotes en un partido y al día siguiente salir y coger solo siete u ocho. Y entonces te quedas ansioso esperando a que llegue el siguiente partido para demostrar lo que vales. Cuando te retiras de las canchas, empiezas a sentirte apartado, nadie se preocupa por ti, no recibes tantas llamadas como antes. Es entonces cuando empiezas a decaer, pero al día siguiente no hay un partido para recuperar el ánimo, y sigues hundiéndote, y hundiéndote”, pudo relatar Ben Wallace en su revelador artículo para The Undefeated.

La jubilación estaba llevando la cabeza de Big Ben a lugares que hasta entonces no había explorado, puesto que su cabeza se había mantenido siempre ocupada con las preocupaciones relativas a la competición. Pero al salir de ella, se hundió en el sentimiento de vacío que dejó su retiro de la mejor liga del mundo.

La ayuda de Rick Carlisle

Fue entonces cuando descolgó el teléfono en busca de la ayuda que tanto necesitaba. Él era consciente, lo cual eliminaba el primer paso. Un viejo conocido como Rick Carlisle (había sido su entrenador durante dos temporadas en Detroit, de 2001 a 2003) podía empezar a mostrarle la solución que su vida e inquietudes necesitaban. No fue la única llamada que Ben Wallace realizó aquel día, pero sí la primera; sabía quién podía ayudarle de verdad. Era el viejo y sabio Carlisle.

“Esa fue una llamada muy importante para mí porque Rick es de esas personas para las que he jugado y me conoce bien. Él cogió el teléfono y sabía qué era lo que yo necesitaba en esa situación. Me dio una lista de personas a las que podía llamar. También llamé a Mike Woodson (asistente en aquellos Pistons) y a Doc Rivers, y también me ayudaron, me enseñaron la dirección correcta”, apunta Wallace en su testimonio.

Encontrar la motivación

El gran problema residía en que Ben no encontraba ningún otro pasatiempo al que confiar su vida (como la NBA) que le devolviera la motivación que sí sintió cuando estuvo ligado a la liga. Había ahorrado todo el dinero que había podido durante su carrera para tener un retiro placentero con su familia, pero sentía que su vida dejaba de tener sentido tras el adiós. Había pasado de no pernoctar prácticamente nunca por su casa (durante su etapa profesional) a hacerlo prácticamente a tiempo completo. El cambio era demasiado grande y llegó de golpe;  por eso su cabeza no lo soportó. Entonces debía encontrar otro ente en el que volver a ocupar su vida, sus inquietudes y motivaciones; algo que le volviera a mover a levantarse por la mañana.

En la conversación con la gente que le ayudó, sobre todo con Carlisle, el técnico de los Dallas Mavericks le mencionó que tal vez una solución fuera volver a estar ligado al baloncesto, esta vez desde fuera. No sería un problema dado su pedigrí como jugador, aunque en ese momento no tenía ofertas de ningún tipo y tampoco tenía formación específica para ser entrenador o directivo. Entonces Rick Carlisle le comentó si tendría algún inconveniente en empezar desde abajo, en hacerlo desde la G League (liga de desarrollo), a lo que Wallace respondió que no habría ningún problema. Haría lo que hiciera falta para volver a sentir la motivación de sus días profesionales y, con ella, dejar atrás la depresión.

Presidente en la ‘G League’

Vaya que si lo hizo, pues en estos momentos Ben Wallace ha regresado al mundo baloncestístico: es directivo (co-propietario y presidente) de los Grand Rapids Drive de la G League, equipo asociado a los Detroit Pistons en la liga nodriza de la NBA.

Dónde si no iba a encontrar Wallace, una leyenda en la Motown, la primera oportunidad de su carrera lejos del corto y las batallas en la pintura. Al lado de Detroit, pues la ciudad de Gran Rapids está también en el estado de Michigan y unas cuatro horas en coche le separan de la antigua capital del motor. Recordemos que Ben Wallace fue campeón de la NBA (2004) con los Pistons, llegó a unas Finales más (2005, cayó ante San Antonio) y fue nombrado Mejor Defensor de la temporada en cuatro ocasiones (2002, 2003, 2005, 2006).

Y como antes hicieran los otros jugadores que airearon sus problemas, Wallace trata de ofrecer la receta para que quienes sufran problemas similares en el futuro estén preparados.

“El error que cometí fue pensar que cuando terminase mi carrera iba a poder irme tranquilamente y encontrar otra cosa en la que invertir el tiempo. Está muy bien que ahora los chicos estén comenzando a tener negocios fuera del baloncesto mientras están en activo. Yo esperé hasta haber terminado mi carrera. Fue un error. Estaba preparado económicamente pero no tenía la formación previa que se necesita. Ese fue mi mayor ajuste, acostumbrarme a vivir sin tener un calendario. Antes de eso estuve volviendo locos a mi mujer y mis hijos”, comparte Wallace.

Dorsal retirado en Detroit

El gran Ben fue uno de los jugadores más influyentes en defensa durante los últimos años de la década de los 90 y los primeros 2000. Junto al beligerante quinteto que formaba con Rasheed Wallace, Chauncey Billups, Richard Hamilton y Tayshaun Prince, reprodujo uno de los grupos más duros de aquella época. Hasta derrotaron a los Lakers de los cuatro fantásticos (Shaq, Kobe, Karl Malone y Gary Payton) en las Finales de 2004.

No en vano, su dorsal número 3 cuelga de lo alto del Little Caesars Arena de Detroit, cancha heredera del Palace de Auburn Hills.

“Tenemos los cinco un grupo de chat. Aún somos el B5 (Big Five), el mejor quinteto que hay. Son mis hermanos”, asegura un Ben Wallace que también valora que sus problemas con la depresión pasaron ya a mejor vida. Gracias, cómo si no, al baloncesto.


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