Boban Marjanovic, 221 centímetros de incomprensión


Si Gregg Popovich se hubiera quedado más tiempo con Boban Marjanovic, quién sabe el papel que ahora jugaría el serbio en la NBA y en los Spurs. Sin embargo, fue el propio entrenador de San Antonio el que empujó al balcánico fuera de Texas. La razón no era una cuestión deportiva, pues el pívot había sido del gusto de Pops, sino que se trataba de un asunto de dinero.

En la locura de la agencia libre de 2016, cualquier jugador podía pescar un contrato millonario. También Marjanovic, que recibió ese verano una llamada desde Michigan que a otro le habría dejado pocas dudas: 21 millones de dólares por tres cursos. Esto era lo que le ofrecían en Detroit a Marjanovic, quien no obstante, en su nobleza extrema, mostró a Popovich una lealtad que no se lleva hoy día. Cuentan las fuentes del relato que el ex del Estrella Roja le dijo a Popovich que si él se lo pedía, se quedaba, aunque fuera por menos dinero. Claro, Marjanovic había ganado 1,5 millones de dólares en la 2015-16, su primera campaña en los Spurs y en San Antonio. Y claro, la franquicia del sur no estaba dispuesta a igualar lo que le daban desde Detroit.

Quien haya tratado con Marjanovic alguna vez, y el que escribe esto es uno de ellos, entenderá que esta historia tiene verosimilitud, porque es el interior de 221 centímetros un tipo sincero, amable desde su altísima atalaya y lleno de bondad. Por eso cuaja todo y por eso el remate de sus días en San Antonio son una perfecta definición de alguien que jamás va a levantar la voz por nada. “Saca tu culo de aquí”, le dijo Popovich a Marjanovic cuando este le dijo que allá en Detroit le abonaban un salario anual siete veces mayor al que había percibido.

Nadie parece entenderle

En San Antonio, durante toda esa 2015-16, Marjanovic creció y creció deportivamente. En un baloncesto que cada vez abraza menos este tipo de perfiles, es decir, el de jugadores con ciertas carencias defensivas y una gran altura, pívots de antaño, vamos, Marjanovic avanzaba poco a poco. Minutos aquí, puntos y rebotes allá. Era todo parte de un proceso que se detuvo por los 21 millones de Detroit. Nadie puede culpar a Marjanovic, todos seguramente nos habríamos resuelto primero la vida y luego habríamos preguntado.

Así que el serbio se puso a las órdenes de Stan Van Gundy, en una etapa profesional donde la cuenta de banco tenía más dólares pero en la que Marjanovic se estancó. Básicamente porque dejó de jugar, dejó de ser interesante. Era uno de esos casos de jugadores que se les ficha para luego dejarles en el banco como espectadores privilegiados.

Hubo alguna noche interesante en Detroit, claro, como la del 5 de enero de 2017, cuando firmó 19 rebotes y 15 puntos en 22 minutos. Ese día no estaba Aron Baynes y Marjanovic estableció su récord personal de rebotes, que sigue vigente. Después, con la temporada ya agonizando, 27 tantos contra los Rockets en abril de 2017, su tope anotador como profesional.

Marjanovic había demostrado que en la NBA su perfil tenía sitio si se le daban minutos y que era capaz de exprimir los segundos que estaba en pista. Su rentabilidad por minuto estaba sobradamente demostrada, pero no había manera de que gozara de estabilidad. Sus apariciones, intermitentes y en un número veinte veces menor que las vividas en San Antonio, con 35 encuentros para la 2016-17 frente a los 54 de la 2015-16, seguían dejando los mismos números, casi calcados. Algo más de 9 minutos por partido y alrededor de 5,5 puntos y 3,5 rebotes por encuentro. Y ese porcentaje de acierto en tiros de campo, en su caso en tiros de dos exclusivamente, que en San Antonio llegó al 60 por ciento y que se mantiene por encima del 50 por ciento en toda su carrera de la NBA.

¿Qué falla entonces?

Buena pregunta. Hágansela a Van Gundy y quizá, pronto, a Doc Rivers. Porque, veamos, en Los Angeles, en los Clippers, está pasando más de lo mismo con Marjanovic. Traspasado a California como parte del envio de Blake Griffin a los Pistons, Boban tardó en jugar, que no en debutar. Esto lo hizo a los pocos partidos de llegar, centésimas de segundo para defender la última posesión de los Clippers, que ganaban por tres puntos a los Mavericks.

Decíamos que eso es debutar, porque jugar lo hizo después. Y en serio, tras su minuto y cinco segundos contra los Warriors, lo hizo frente a Denver, el 27 de febrero. Ese día todo el mundo alabó a Marjanovic, quien con una segunda parte imperial lideró la remontada de los Clippers en Denver. Un triunfo esencial en los anhelos angelinos de estar en los playoffs y que fue guiado por el pívot, capaz de hacer en cuarto de hora 18 puntos, con 5/8 en tiros de dos y 8/9 en tiros libres, 6 rebotes, 1 asistencia, 2 robos y 1 tapón. La pesadilla de Nikola Jokic. Y claro, tras ello, la pregunta de por qué no juega más, por qué no se le usa más. La respuesta no puede reducirse exclusivamente a que su estilo de juego, su perfil, no va con este baloncesto. Y menos cuando siempre que sale, cumple.

Vuelta a la realidad

Tras el show contra los Nuggets, más de lo mismo, lo de casi siempre en la carrera de Marjanovic en la NBA. Pocos minutos y rol marginal. De hecho ni participó en los encuentros ante los Nets y ante los Pelicans. Al novato con mejor índice de eficiencia en una temporada, al amigo de Milos Teodosic, le queda un curso de contrato, por 7 millones de dólares. No le van a escuchar alzar la voz, ni quejarse. Seguramente le volvamos a ver brillar, por minutos, por momentos. Siempre le queda la opción de pasarse al ‘otro lado’, al que abrazan tantos y tantos pívots: los triples. Mal no se le da. Como casi nada de lo que hace en la pista este genio, a su manera, incomprendido por la NBA.


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