Celtics: Ray Allen, una historia de… ¿traición?

Tras un año estropeado por lesiones, rumores de traspaso, degradación profesional y decepción, saltó del encallado barco que son estos Boston para, hace tan solo una semana, aparecer en uno de los últimos sitios que uno hubiera esperado.

Menos de dos meses después de ver como su decimosexta temporada en la NBA terminaba de la misma forma en que lo hicieran quince de ellas (en derrota), el futuro Hall Of Famer tomó una decisión hasta ese momento del todo impensable: fichar por Miami , contrato de tres años en mano, para jugar el papel de reserva clave, nada menos que en el actual mayor rival de su ya antiguo equipo. Ups!

En South Beach, mientras tanto, el movimiento ha encontrado la aprobación de los dirigentes. Y los fans parecen ansiosos por olvidar las malas palabras que no hace demasiado pronunciaban tras el nombre de Ray Allen, conscientes que, según ellos, la incorporación del triplista más prolífico de la Liga poco menos que garantiza la consecución de un segundo anillo consecutivo. Pero en Boston, Allen ahora es como poco un tránsfuga que desertó de una franquicia leal, en favor de un camino más sencillo hacia otro título.

Y en su defensa, habrá que decir que los fans de los Celtics están, a medias, en lo cierto. Ray Allen ha elegido Miami como destino, renunciando a unos mayores emolumentos que los C’s le ponían encima de la mesa, precisamente porque en los Heat tiene más posibilidades de añadir otro anillo a su currículo, ya en el ocaso de su larga carrera. Porque a pesar de la innegable aparición y mayor protagonismo de en la franquicia verde, el Big Three de Miami lleva dos temporadas consecutivas eliminando en post-temporada al de Boston. Y eso, resulta demasiado evidente como para acabar siendo ignorado.

Para un jugador de la veteranía de Ray Allen, actualmente, no hay apuesta más segura en la NBA para un primer (en este caso, segundo) campeonato que enrolarse con Miami Heat. Y cuando, como en el caso de Allen, llevas ganados más de 175 millones de dólares a lo largo de tu trayectoria en la Liga, la diferencia entre ganar 12 millones más en dos temporadas, o 9,7 en tres, es del todo insignificante.

Donde los críticos/muy críticos con la decisión de Allen se equivocan, sin embargo, es en la afirmación de que, de alguna forma, el jugador “le debía” a los Celtics la renovación (o, al menos, la no marcha a Miami Heat); y de que estamos, entonces, ante un vendido (“mercenario” aquí también podría servir) por no haberlo hecho.

Habrá que mirar atrás, y recordar que los Celtics estuvieron casi toda la última campaña casi pidiéndole a Ray Allen que se marchara y, por tanto, al final, Allen ha sido tan leal con Boston como Boston ha sido con Allen. Y cualquier otra cosa, aquí, es tirar de memoria selectiva, lo cual puede llegar a ser entendible desde el punto de vista de la ira actual de un fan de los C’s.

Veamos. Mucho antes de que Boston protagonizara una, a priori, improbable buena campaña quedándose a tan solo un partido de las Finales de la NBA, su salida parecía un hecho, y los Celtics estaban dispuestos a renovarse, incluso si esto significaba prescindir de su legendario shooting guard. A medida que se aproximaba el trade deadline de marzo, Allen ya era más valioso para los Celtics como moneda de cambio que como jugador de Boston. Por aquel entonces, Danny Ainge, GM de la franquicia verde, dejaba caer lo poco que quedaba del contrato de Allen en los despachos de múltiples equipos, como quien lanza un anzuelo en el mar. De uno de ellos, los de Memphis concretamente, se dijo que habían cerrado un acuerdo con Boston que acabaría con Allen en Tennessee a cambio de . Ainge terminó cancelando el acuerdo en el último minuto (algunos dijeron entonces que incluso fuera de tiempo), pero llegó, eso sí, tarde a evitar que su entrenador, , le transmitiera la notícia al propio Allen.

Y por si eso fuera poco, los Celtics también enviaron a Allen al banquillo cuando éste salió de unos problemas en el tobillo al final de la temporada regular, forzando al 10 veces All-Star a jugar sustituyendo al guard de segundo año, Avery Bradley, cuando se reincorporó a la disciplina del equipo.

Si sentar o no sentar a Ray Allen en el banquillo fue la decisión más acertada en términos técnico-tácticos no es el debate, aunque viendo el nivel de actuaciones de Allen este pasado final de temporada, uno puede llegar a la conclusión de que no fue un mal movimiento. Sin embargo, el descenso de categoría dentro del equipo que sufrió Allen en ese momento fue una herida demasiado profunda en su orgullo.

A pesar de toda la frustración que Allen acumulaba en forma de inapropiado rendimiento en pista y, por ende, subestimación de sus compañeros, el jugador se mantuvo concentrado y comprometido. Aunque desacertado.

Ray Allen ha sido un Celtic leal hasta que su papel de jugador de Boston se ha extinguido, y ahora busca una mejor oportunidad. No nos equivoquemos, existen ciertamente motivos para criticar el hecho que veteranos con ya poca gasolina en sus piernas traten de buscar atajos que les lleven lo más rápidamente posible a la consecución del anillo. Pero ese es otro debate para otra columna.

Pero ir por el camino más fácil no convierte a Allen en un traidor, y sí en un jugador en defensa de sus mejores intereses. Puede que, en su lugar, muchos de nosotros hiciéramos lo mismo y, en este caso, no sería nuestra responsabilidad asegurarnos que los Celtics estuvieran satisfechos con nuestra decisión.





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