¿Conoces la historia de Terence Davis?

No elegido en el último draft, el novato de Toronto, que empieza a mostrar su solidez, vivió toda una odisea para poder jugar en la NBA

Toda su familia y bastante amigos, alrededor de 40 personas, se habían congregado en casa. Era el 21 de junio de 2019, la fecha para la que Terence había trabajado toda su vida. Durante esa cita, esperaba ser drafteado para, así, empezar a gestionar de lleno el sueño de su existencia: jugar en la NBA.

“De verdad que esperaba escuchar mi nombre en el draft”, aseguraba después de la celebración , jugador senior (cuarto año, ciclo colegial completo) de la universidad Ole Miss (University of Mississippi).

El camino hasta llegar al draft no se le había dado nada mal. Se había hecho a sí mismo de la manera más estadounidense posible, desde las catacumbas. Terminó sus días universitarios en el segundo mejor quinteto de la conferencia en la que jugaba (Southeastern), pero su nombre aún no había tenido demasiado eco entre los diferentes radares NBA que peinaban las competiciones formativas. De hecho, Davis no había sido invitado a la concentración previa al draft 2019 que se iba a celebrar en Chicago.

Sí se había dejado ver en algún evento menor para jugadores que acababan período estudiantil con ciertas aspiraciones, como el Portsmouth Invitational Torunament. Normalmente, las franquicias NBA muestran presencia e interés muy relativos en este tipo de certámenes menores dado que los talentos más hondos no pasan cuatro años en la universidad. Davis venía de hacer 15,2 puntos por partido en su última temporada, algo que no había sido del todo pasado por alto en los despachos. No sonaba demasiado de cara al draft de la NBA, pero en abril sí había recibido una invitación para el Elite Camp de la G League; la congregación reuniría a ciertos jóvenes con más que probable futuro en la liga filial de la NBA y, con suerte, algunos minutos residuales con los mayores a través de un contrato dual. Era un comienzo. Por eso Terence Davis se agarró a esa oportunidad con condiciones simiescas.

“Sentí como que las puertas del cielo se abrían para mí. Era solo una invitación. Alguien se había lesionado y me habían llamado como recambio. Mi agente me llamó y me dijo lo de la invitación. Fui allí hasta un día antes de que empezara todo”, podía recordar Davis, en declaraciones recogidas hace algunos días por el portal The Undefeated.

Su nombre era el último (había entrado de rebote) del Elite Camp y ni siquiera tenía camiseta con su nombre esperándole puesto que era un relevo de muy última hora. Pocos le habían visto jugar y delante suyo solo había ojeadores de G League, pero ya en el segundo simulacro de cinco contra cinco, Terence se fue a 24 puntos en 22 minutos. Fue esa actuación la que valió al ahora escolta de los Toronto una de las cinco invitaciones que ese evento concedía para el NBA pre-draft camp. Sí, lo había conseguido. Se codearía con algunos de los jóvenes más prometedores del país en la concentración antecedente al draft, que se celebraría, siguiendo la tradición contemporánea, en el Barclays Center de Brooklyn.

El tamaño de sus manos

En aquel campus previo al draft, Davis siguió borrando el polvo de su todavía desapercibido nombre. En los dos partidos de entrenamiento que pudo disputar, promedió 15 puntos y un 57,1 por ciento en tiros totales. No solo por tales credenciales recibió atención de los scouts, sino que sus manos (parecía un pequeño Kawhi) eran las más grandes en un base-escolta desde la edición del año 2010, llegando casi a 11 pulgadas (10,75).

De la noche a la mañana, Terence Davis había pasado de ser carne de ligas menores o incluso de sacar la bandera blanca y dedicarse a otro oficio, a recibir invitaciones de entrenamiento de los Hawks, Timberwolves, Suns, 76ers, Jazz, Kings, Bulls, Nets, Mavericks o incluso de los finalistas Warriors, según pudo reconocer su agente. Había conseguido justo lo que estaba buscando, ser alguien dentro de los despiadados corrillos de la liga y sus alrededores. Había empezado a aprovechar su gran oportunidad.

Los acontecimientos parecían avanzar siguiendo el mejor de los guiones, sin embargo el mencionado 21 de junio llegó el primer revés en su aventura por ser profesional. Como otros ahora jugadores en activo antes que él, no fue seleccionado por ningún equipo en el draft del 2019. Habían pasado las 60 elecciones y nadie había apostado por soplar su nombre al comisionado de la NBA, Adam Silver, y a su personal adjunto en la segunda ronda.

Terence estaba entonces en su casa de Mississippi, con la vivienda repleta de allegados esperando que fuera elegido, pero una tremenda decepción y vergüenza empezó a invadirle.

“Esto es el principio”

“Estoy temblando. No estoy llorando. Pero podéis notar el temblor en mi voz… Familia, esto es lo que hay. Unos pocos equipos me ofrecieron un contrato dual (two-way). Les dije que no. Creo que merezco algo que más que un contrato dual. Todos esos chicos que han sido elegidos esta noche, tendrán que pasar por la Summer League igual que yo. Dios, esto no es el final de mi historia. Es solo el principio”, pudo comunicar a quienes se habían citado en casa para animarle y felicitarle.

Dicho y hecho. Suprimido del draft 2019, su siguiente paso era la Liga de Verano. Los Denver Nuggets le ofrecieron la oportunidad de entrar en su equipo estival a los pocos días de celebrarse el draft. Él aceptó, rechazando llamadas similares de Golden State, Toronto (ya andaban con la mosca detrás de la oreja) o Memphis.

En su debut con los colores de Colorado, Terence Davis se fue a 22 puntos, 8 de 13 en tiros (5 de 7 en triples) y hasta rebañó cinco rebotes, jugando también un buen partido en defensa. No le hizo falta esperar más. Esa misma noche de primeros de julio, recibió una oferta de Toronto, que le ofrecía un contrato garantizado para la temporada 2019-20.

Llamada de Toronto

“Juro que le dije a mi agente que si se trataba de una broma. Pasó muy rápido. Yo pensaba que no podía ser real. ‘Esto es real, es en serio’, me decía mi agente. Fui el único jugador no drafteado que firmó un contrato garantizado de toda la Liga de Verano”, relataba él mismo.

Uno entre muchos, entre bastantes. Davis empezaba ya a avisar de que el protagonismo no tardaría demasiado en sugerirle alianzas. Y, efectivamente, después ha ido confirmando que posee derecho de asilo permanente en la mejor competición de baloncesto del mundo.

A pesar de no haber sido elegido en el draft, Terence Davis está llevando a cabo un notable arranque con los Raptors esta temporada. 15,5 minutos, 6,8 puntos, 2,1 asistencias o 61,0 por ciento en efectividad de lanzamientos (eFG%) son parte de sus credenciales. Nada mal para un novato no alumbrado el 21 de junio en Brooklyn.

Ante New York

Davis ha vivido su gran puesta de largo en la NBA en las últimas dos semanas. Anoche, en la victoria ante los Knicks, llegó a 15 puntos, 4 rebotes, 5 asistencias y fue el segundo jugador que más lanzamientos a canasta intentó (13) y el tercero que mas minutos disputó (casi 29) en su equipo.

El escolta, de 22 años, forma parte del cuerpo de ayuda que Toronto ha levantado para suplir las bajas de Kawhi Leonard, Kyle Lowry y Serge Ibaka, estos dos últimos lesionados ahora mismo. Ha visto cómo sus minutos en pista daban un estirón y cada vez actúa con mayor confianza y asiduidad. Ya cuenta dos obras de 15 puntos, una de 16, otra de 19 y ha rebasado los 10 tantos en hasta en seis de sus 17 primeros encuentros profesionales.

La palabra es prometedor. Y además de sus puntos, Davis juega con la energía propia de quien ha tenido que hacer ingentes horas extra para moverse donde está. Hambre, intensidad y un físico a vapor, atlético e incansable, son también otras de sus variadas credenciales.

El olfato de Canadá

“Tiene todo el talento del mundo. Puede jugar en esta liga. Es explosivo, fuerte y compite muy bien. No esperaba que hiciera todo esto. Puede tirar muy bien y también es muy atlético. En Toronto tenemos una historia escogiendo a tipos como Freddie (VanVleet), Pascal (Siakam) o Norm (Powell). Nuestros ojeadores han hecho un gran trabajo con estos chicos”, podía declarar de manera reciente Nick Nurse, técnico de los Raptors.

En efecto, Toronto posee un cada vez más amplio pedigrí de descubrimientos en rondas altas del draft, o bien con jugadores que ni siquiera formaron parte del rito de iniciación para jóvenes talentos.

  • Norman Powell: número 48 del draft 2015
  • Pascal Siakam: número 27 del draft 2016
  • Fred VanVleet: no drafteado en 2016
  • Terence Davis: no drafteado en 2019

De manera curiosa, la historia del nuevo escolta de los Raptors es bastante equivalente a la de Fred VanVleet, que no fue elegido en el draft 2016 y ahora es toda una potencia exterior en la Conferencia Este y hasta recibió un voto para ser MVP de las pasadas Finales. También casualidad es que, tras no ser investido en el último draft, Davis retuiteó un mensaje que VanVleet había colgado en Twitter tras vivir esa misma situación durante su turno de 2016. Estaba delante de toda su gente (como Davis), agradecía a todos su apoyo y aseguraba que eso solo era el principio de su historia. Y así ha terminado siendo, con VanVleet y Davis además compartiendo equipo en la élite (en este capítulo de Extra nbamaniacs nos explayamos de lo lindo con el genuino caso vital del base de Rockford, Illinois).

Puertas va abriendo la vida para quien sabe esperar; como la que granjeó un contrato de dos años y algo menos de un millón de dólares (898.310) anual a Terence Davis, el novato que no fue elegido en el draft y tras solo un puñado de partidos parece querer empadronarse durante bastante tiempo en la liga. Desde luego, su historia es digna de una mini serie en plataforma de pago y, de igual modo, inspirará a futuros jóvenes para no agachar las orejas hasta conseguir minutos en la NBA.

(Fotografía de portada: Vaughn Ridley/Getty Images)


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