Cuando Joel Embiid quiso jugar para Cavaliers y Lakers


Faltaban pocas semanas para el draft del año 2014. Aquel en el que muchos se afanaban en tasar a Andrew Wiggins como nuevo gran dominador de la competición. Supuesto discípulo de Kevin Durant como alero superdotado en lo físico y técnico. También encaraba aquel certamen Joel Embiid, el joven llegado de Camerún que se había iniciado en el baloncesto a los 15 años. Solo cuatro más tarde estaba a punto de ser investido como futuro profesional de la NBA.

Todo un logro con mayúsculas contando que Embiid había llegado a los Estados Unidos con 16 años y sin entender ni papa de inglés. De niño, había soñado con ser una estrella del voleibol, pero un campus para adolescentes organizado por el jugador NBA Luc Mbah A Moute, también camerunés, descubrió un talento natural en Joel Embiid.

Así las cosas, después de que A Moute abriese la puerta, el pívot ahora de los 76ers no dudó de sus opciones y se mudó a Estados Unidos. Le esperaba el baloncesto de instituto, en The Rock School, una escuela cristiana en la localidad de Gainesville, Florida. Tan bien se le dio su repentina experiencia como inmigrante que Embiid logró liderar a su equipo a un título estatal. Después, con una fama que ya le precedía como jugador colegial, Embiid fue reclutado por la Universidad de Kansas. Era el salto casi definitivo, pues suponía una academia de prestigio en el mundo NCAA.

Allí no es que dejase números aplastantes (11,2 puntos, 8,1 rebotes o 2,6 tapones), pero sí se intuía que había material de sobra para la NBA. Para entrar como primera ronda del draft, de hecho. Y, actuando en consecuencia, muchos equipos habían seguido sus evoluciones. No solo Philadelphia.

El poseedor del número 1 de la ceremonia estuvo especialmente interesado en Embiid. Llegaron hasta a hacerle una prueba de campo para examinar al milímetro sus evoluciones.

Los Cavs venían de un viaje desastroso, una temporada más con resultados negativos (33-49) y la cuarta consecutiva sin pisar playoffs desde que LeBron James reservase billetes en un chárter a Miami.

Dan Gilbert, propietario de los Cavs, se había hartado de la situación. Despidió a su general manager de entonces, Chris Grant, y también al entrenador, Mike Brown, desde 2005 en el cargo. El dueño entregó las llaves de todo a un David Griffin que había llegado a la franquicia en 2010 y ya contaba con pedigrí suficiente para sujetar el timón en solitario.

Prueba con los Cavs

A Griffin le llamaba poderosamente la curiosidad la talla y finura técnica de Embiid. Por eso no dudó en citarle en las instalaciones de entrenamientos de los Cavs. Haría una práctica privada con ellos.

Para más suspense, Cleveland se había llevado de manera milagrosa el número 1 del próximo draft; resultó así pese a contar solo con un 1,7 por ciento de opciones antes de que bailaran las papeletas. Su decisión estaba entre el portentoso Wiggins, Jabari Parker, que venía de hacer casi 20 puntos de promedio en Duke, y el incipiente Joel Embiid, que aunque no hubiera llegado a la NBA, ya hacía gala entonces de su archifamosa verborrea.

El entrenamiento terminó con series de lanzamiento. Embiid se mostró muy sólido en el rango medio y también desde la línea de tres. “¡¿Cómo no me vais a elegir en el primer puesto del draft!?”, decía el pívot dirigiéndose a Griffin tras anotar su primer intento desde lejos.

“Mira lo bueno que soy”, aportaba después de conectar el segundo triple. “Me necesitas, Griffin”, con el tercero. Un “venga, Griff, tienes que draftearme”, acompañó al cuarto. U otro “soy muy bueno”, al quinto. “Tengo que ser número uno”, dijo en el sexto. Y “cómo vas a dejarme escapar”, adornó el séptimo lanzamiento seguido anotando, según registró un reportaje del portal Bleacher Report.

Embiid deseaba por encima de todo ser número 1. Esa necesidad de que los objetivos apunten en su dirección ya había germinado. Pero la prueba no fue lo suficientemente buena para los Cavs, que se decidieron por Wiggins, a la postre llave maestra para conseguir el traspaso de Kevin Love.

Cleveland tenía la orden de escoger a alguien para ganar de inmediato. Embiid y sus problemas en las rodillas no encajaban en esos briefing obligatorios. Por mucho que Griffin hubiera querido hacerse con el pívot de Kansas, los médicos de la franquicia se lo habría desaconsejado.

Quería ir a los Lakers

Sabiendo que los Cavaliers pasaban de llamarle al escenario en primer lugar, Embiid enfocó su mirada hacia los Lakers. Deseaba acabar jugando en aquel universo púrpura y oro. El pívot había estado viviendo una temporada en Los Angeles y le gustaban lugar y atmósfera.

“Pon en marcha tu magia”, le había dicho a Arn Tellem, ex agente de Kobe Bryant que había ayudado al milagro de que los Lakers pudieran hacerse con el ‘8’ en 1996.

Tellem supo desde el principio que no había opciones de terminar en los Lakers —Embiid tenía demasiado cartel—, que elegían en séptima instancia; la entidad angelina terminó apostando por un hombre alto y obtuvo los servicios de Julius Randle.

Descartada, pues, la opción de California, los hilos se movieron para que Joel Embiid acabara en Philadelphia. A Embiid al principio no le sedujo demasiado la idea, pero terminó cediendo. Allí debutó dos años después y todavía lidera un equipo que aspira a pelear el título de la NBA.

Como tantos otros antes y después que él, Joel Embiid sintió el irrenunciable canto de sirena de los Lakers. También el de ser número 1 del draft del 2014. Pero era un amor imposible. Ni un genio de la lámpara con Arn Tellem pudo conseguir su voluntad de alojarse en Los Angeles.

Se selló así la pista de aterrizaje en la NBA de uno de los mejores pívots en la actualidad. Uno que está llamado a batir muchos récords en los Philadelphia 76ers.

(Fotografía de portada: Gregory Shamus/Getty Images)


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