El debate: inmediatez, calidad y el ¿deterioro? del baloncesto

Ayer tuve el privilegio de asistir a la octava edición del ‘Basket & Cheese’, iniciativa llevada a cabo por el Obradoiro CAB, club de la ACB española, en el que se realizó una mesa redonda sobre ‘Deporte, empresas e instituciones ante las nuevas tendencias de ocio‘.

Una de las ponencias fue especialmente interesante. Alejandro González, scout internacional de los Pelicans, hizo un pequeño resumen de cómo su franquicia está acometiendo la interacción con la afición y la potencial audiencia dentro del frenético mundo de las nuevas tecnologías, las redes sociales e Internet. La tendencia actual reside en exprimir al máximo la experiencia del usuario y la participación de los mismos como fuente primordial de contenidos e iniciativas. En pocas palabras: adaptarse a las peticiones del usuario, en vez de la variante tradicional de crear en función de las necesidades (y posibilidades) del equipo, desplazando al seguidor a un segundo plano como observador.

Un mundo en el que ya estamos irremediablemente inmersos. Los departamentos de marketing realizan constantemente estudios de mercado personalizados con el propósito de descubrir los intereses de cada sector de la población (sexo y edad) y poner así en práctica sus respectivas iniciativas en función de los mismos. En un momento de la charla salió una frase que me estremeció: “dejar el poder en manos del usuario”. Un temor que reconoció compartir el propio Alejandro. Y no es para menos. La inmediatez exigida por el mundo digital y la plena adaptación al usuario ha aumentado prodigiosamente los ingresos de las franquicias. Pero a un precio que comienza a ser alto. Porque inmediatez suele ser sinónimo de simplicidad. La simplicidad trae consigo un descenso de la calidad del producto. Y las nuevas generaciones son las encargadas de reproducir este nuevo sistema líquido. Me explico.

Vivimos en la era de los highlights. De los top 10 de jugadas. De la lluvia de vídeos que inundan la red con chavales prodigiosos de tan solo catorce o quince años que hacen auténticas monstruosidades ante el resto de chavales, mucho menos desarrollados. ¿Os suena? Si, ha sido el caso de Zion. El mayor fenómeno desde LeBron James. Un boom que puede ser explicado con el siguiente dato: los Pelicans vendieron unos 2.000 abonados en las seis horas siguientes tras elegir al de Duke con el primer pick del draft, tal y como afirmó Alejandro durante la charla. La pregunta que yo me hago es, ¿cuánta gente realmente sabía de Zion algo más que lo que mostraban los highlights? ¿Cuántos conocen sus carencias en el tiro en suspensión o su dificultad para finalizar con su mano no natural? Estamos construyendo entre todos (medios de comunicación incluidos, por supuesto), una mucho más consumista y liviana en la que la información personalizada, profunda y analítica quede relegada a un segundo plano. Todo se consume de una manera mucho más rápida y menos exigente con la capacidad de análisis y entendimiento del usuario medio. Un sesgo muy grande para toda esa población cuya única fuente de información procede de la propia y de los medios de comunicación. Lo he podido vivir de primera mano: artículos meramente informativos sobre Doncic y LeBron superan el centenar de comentarios mientras que otros, mucho más elaborados, reflexionados y construidos, caen en el pozo del anonimato. ¿Buscamos un contenido rápido con el que simplemente amenizar nuestro camino al trabajo o queremos realmente contenidos longform que nos ayuden a tener otra visión del amplio y complejo mundo del baloncesto?

Un punto muy importante e interesante a tener en cuenta también lo aportó el propio scout. ¿Qué modelo implantar? ¿El americano, más cercano al espectáculo, el pasar un buen rato familiar en un pabellón rodeado de miles de servicios complementarios y lluvias de camisetas y actuaciones durante los tiempos muertos? ¿O el europeo, mucho más pasional y centrado específicamente en el baloncesto? ¿Cuánto de deporte y cuánto de negocio implementar? ¿Dónde dar comienzo al entretenimiento y dónde poner límites a la parte más científica del baloncesto? El ejemplo utilizado por Alejandro fue majestuoso: un partido que los Hawks perdían por más de veinte puntos en su cancha se transformó inmediatamente en una auténtica fiesta cuando en un tiempo muerto lanzaron cajas de comida rápida en pequeños paracaídas. ¿Imagináis algo así en un encuentro entre Panathinaikos y Olympiacos? ¿O en un partido en plena lucha por el descenso en cualquier cancha de la liga española? El tema debe ser muy serio cuando Adam Silver está obsesionado con implementar alguna nueva medida con la que impulsar el soporífero y excesivamente amistoso All-Star Weekend.

Todos sabemos que la NBA es un negocio y que actúa como tal. Un modelo que se ha ido implementando en pequeñas pinceladas al otro lado del charco. Y en Asia, donde la NBA ha ido incrementando su interés desde la irrupción de Yao Ming. El mismo Obradoiro tiene un sistema de analítica avanzada de los mejores de Europa y José Manuel Calleja, director general de la ACB y otro de los ponentes del evento, afirmó rotundamente que los intereses económicos de la liga giran en torno al consumo masivo del seguidor alrededor del mundo digital. Los e-sports (por poner un ejemplo), el respaldo de los influencers y el material audiovisual por encima de fomentar, por desgracia, la asistencia a unos pabellones cada vez más vacíos por parte de una afición que se siente cada vez menos identificada con los proyectos deportivos de sus clubes.

En definitiva, y sin extenderme mucho más, un temor que gira en torno a un consumismo cada vez más frenético y superfluo que, en mi opinión, puede hacer mucho más daño al deporte en sí que los beneficios que aporta. Ojo, no critico los avances tecnológicos. Soy el primero en visualizar cada partido y disfrutar cada nueva posibilidad que incorpora el NBA Pass League. Pero como aficionados, si el poder está nosotros, también recae en nosotros la responsabilidad de exigir un producto global más profesional, especializado y enriquecedor. De momento, hay días en los que prefiero cerrar Twitter, poner el modo avión de mi teléfono móvil y disfrutar tranquilamente de algún partido del torneo preliminar para el AfroBasket de 2021. Llamadme freaky.

Queremos saber tu opinión

Te acabo de dar una charla que, quizá, no te importe lo más mínimo. O quizá sí. Pero llevo reflexionando desde ayer sobre ello y tenía muy claro que el artículo de de hoy iba a seguir estos derroteros. Son muchas las preguntas en el aire y numerosos los enfoques que realizar al respecto pero, en términos generales, ¿qué opinas del auge y la inmediatez que impone el mundo digital a la NBA?, ¿corre peligro el baloncesto de perder en cuanto a calidad de difusión?

Estamos encantados de poder conocer tu postura al respecto. Déjanos tu opinión en la caja de comentarios. ¡Te leemos!

(Fotografía de portada de Ezra Shaw/Getty Images)


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