Décimo aniversario de los 81 puntos de Kobe

Debe ocultarse algo más tras esta preciosa casualidad. Justo 24 horas antes del día en el que se cumplen diez años de la actuación más estelar de la historia, su artífice, , es oficialmente seleccionado, como líder indiscutible en las votaciones, para asistir a su último . Traviesa coincidencia del destino.

1.891.614 votos. Este All-Star ya rezuma melancolía. Normal. Como decía alguno por ahí que no trasnochó aquel 22 de enero de 2006 y vio el resultado a primera hora de la mañana siguiente: “Creí que el boxcore estaba roto o era un fallo informático”.

Kobe estuvo en la cancha 42 de los 48 minutos posibles. Con el reloj marcando 9:18 minutos restantes del primer cuarto, empezó la tormenta, a pase de Kwame Brown. De hecho el ’24’ comenzó despacio, sin apresurar el diluvio. El vendaval crecería por debajo del radar.

Su primer cuarto fue una típica llovizna londinense, un txirimiri comparado con lo que vendría después. La bestia ‘sólo’ anotó 14 puntos.

Poco a poco fue desatándose el tornado. En el último cuarto Kobe era ya un huracán incontrolable. Y es que en el minuto 28 (es decir, con apenas 20 por delante), La Mamba únicamente llevaba 30 puntos. Se avecinaba un alud baloncestístico imposible de predecir.

Bryant tiró mucho. Tiró muchísimo, pero su acierto fue colosal. 21 de 33 en tiros de dos, 7 de 13 en triples y 18 de 20 en tiros libres. ¿Había alguna forma de mejorar esto? Sí, culminando una remontada. Los siempre fueron ese pez enganchado al anzuelo de los Raptors, la desgraciada víctima, reacios a soltar el cebo.

Una primera mitad a remolque, en la que los angelinos se fueron al descanso 14 tantos por debajo. Llegaron a perder por dieciocho.

, privilegiado asistente en primera línea, no podía presagiar lo que se estaba fraguando en la muñeca del competidor más pesado de todos los tiempos. Ni él ni nadie. Porque sí, Kobe es un tostón. Es competitivo hasta el fastidio. Su voracidad, como el universo, no conoce límites. Gracias por ello Kobe.

Por su culpa, a Antoni Daimiel, otro privilegiado que tuvo el placer de narrar el partido, se le acabaron los adjetivos. Cada nueva canasta era ya incalificable. Se le agotaron los “increíble” y los “impresionante” para tener que dar paso a los “fantasía” y “de ciencia-ficción”.

Por otra parte, el egoísmo de Kobe estuvo más que justificado. Mirando su quinteto (y lo que aguardaba en el banquillo) a uno se le desmoronaba el alma a los pies. Recordemos quienes fueron los titulares y que hicieron en esa velada.

TITULARESMTC3PTLRORDRARTPPTS
Kwame Brown321/50/01/2461010223
431/71/25/60101070248
Chris Mihm305/80/02/3538202112
Smush Parker355/111/52/2112430313
Kobe Bryant4228/467/1318/20246231381

Lamar Odom, único exento en la criba de talento, —aparte del propio Kobe, claro está— tuvo una noche gris (de 10 rebotes y 7 asistencias). Lo demás, parece sacado de un rastrillo de tercera mano.

No es momento de ensañarse con Kwame Brown; bastantes palos ha recibido el chaval —por el mal ojo de Michael Jordan— para el resto de su vida. De Chris Mihm pocos recuerdan que fue número siete del draft y que transitó por la liga sin pena ni gloria. Con Smush Parker, basta echar un vistazo a su currículo para saber que ésta fue la temporada de su vida. El resto de su carrera se desarrolla por derroteros suburbiales del mundo de la canasta de lo más inusitados.

Curiosamente, lo más potable comenzó presenciando el show desde el banquillo. Ahí aguardaban Sasha Vujacic y Luke Walton. Puro carisma y pegamento del vestuario. Un jovencísimo Andrew Bynum, con los 18 recién cumplidos, también asistió, aunque sin desprenderse del chándal, al desfile de esta hueste de un solo hombre.

Lo cierto es que lo que aquel Kobe dejó aquella noche en el Staples, fue tan solo el más cegador reflejo de una campaña para la historia: 35,4 puntos de promedio por actuación. Sólo así, en ese erial que eran los Lakers, se explica que lograra colarlos en Playoffs, séptimos, con un récord de 45-37.

Tampoco sería justo olvidar, mientras la estupefacción peinaba el graderío, a quienes les tocó sobrevivir como pudieron al clinic sobre la madera. Clásicos de la liga como , . Podrían haber sido otros cualquiera, da igual, nadie habría detenido a Kobe. Pero ellos pasaban por allí y, simplemente, les tocó la china.

Hoy, una década después, todos aquellos atónitos con entrada que casi desgastan sus ojos de tanto restregarlos y vitorearon cada nueva perforación de la red, hoy podrán decir ese “Yo estuve allí”; y los demás sentiremos envidia, de la insana, y les preguntaríamos que sintieron al ver una última vez —en aquella ocasión con el ‘8’ a la espalda— a Dios disfrazado de jugador de baloncesto.

Simplemente, Kobe

Testarudo e inconformista rozando lo patológico, Kobe nos saca una sonrisa a los que llevamos mucho años disfrutándolo y, algo, ya le conocemos: “Tenía que haber metido 90 puntos o más“, decía el otro día rememorando el partido para ESPN. “Fallé un par de tiros libres después de llevar 62 consecutivos. Tuve algunos tiros abiertos que erré. Podía haber metido más. Hubo muchísimas oportunidades fáciles que desperdicié. Creo que los 100 [puntos] eran posibles. Si no me hubiera sentado esos seis minutos en la primera parte, quizás los hubiera logrado”, palabra de Kobe.

Homenaje de la NBA

No podía faltar. El guiño de la liga estaba asegurado, y nada como mostrárnoslo a modo de flash-back. Una sinopsis perfecta de la mejor película de la historia retransmitida en riguroso directo.

La colección se compone de cinco entregas, con las que la NBA nos ha ido seduciendo estos últimos días. Aquella profecía escrita por algún profeta perdido, y que saboreamos arrancando desde que el escolta sacó del coche el primer pie.


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