¿Cuál sería ‘la sorpresa’ de estos playoffs?


Hace dos años exactos, la eliminatoria de primera ronda entre Oklahoma City Thunder y Utah Jazz reflejaba un empate a uno y ponía rumbo a Salt Lake City por primera vez.

Quin Snyder había logrado, en base a una férrea defensa en pabellón hostil, dejar a su rival por debajo de los 100 puntos en el Game 2. Una obsesión que encontraba su justificación en una prometedora estadística: en fase regular, de los 41 encuentros en que había evitado que sus oponentes alcanzasen las tres cifras, en 34 había salido victorioso.

Estos Jazz no eran los Grizzlies del grit&grind, pero una plantilla de talento variado, oculto y disperso (Rudy Gobert de muralla, Ricky Rubio como la irregular magia, las hechuras y el triple de Joe Ingles o el insólito talentazo de un Donovan Mitchell como curtidísimo rookie) consiguió aglomerarse en un molde sólido y firmar una segunda vuelta espectacular, capaz de compensar con creces el desastre de la primera… y colarse, in extremis, en los playoffs.

Ahí, tras firmar el 4º mejor balance del Oeste en RS, les esperaban los Thunder de Russell Westbrook, Paul George y Carmelo Anthony. Temporada, a pesar de las dudas y los altibajos, con más claros que oscuros.

Duros en defensa, poderosos en el rebote (en el ofensivo sobre todo), líderes en robos y con un plus en lo individual imposible de cuantificar. George, West y Melo pudieron serlo todo; pero lo inútil de la sinapsis –incapacidad de ceder, de asumir el rol, de identificar la ventaja…– terminó por condenarlos, dejándolos en casi nada.

El Westbrook que lleva dos meses (¡ya era hora!) callando bocas en Houston llegó tarde a su papel en OKC. De hecho, jamás pisó el andén. Carmelo, quien más chirrió en su ceguera, viose desplazado en playoffs al banquillo por Alex Abrines… poco más que añadir.

Y Utah, menos nombre pero infinitamente más mejunje, terminó llevándose una serie preciosa de forma contundente (4-2).

Equipos revelación

Cada año suele haber una sorpresa. De mayor o menor calibre, pero la hay. La de los Jazz fue una lección de baloncesto; del poder de la pizarra por encima del de la chequera.

Un año después (en la 2018/19), el primer plot twist no se hizo esperar, dándose en plena campaña regular: Los Ángeles Lakers de LeBron James se ahogaban mucho antes de llegar a la orilla (37 victorias), y sus vecinos los Clippers –ya sin Griffin, ya sin Paul y ya sin Jordan (DeAndre)– con once triunfos más y a pesar de ESPN, Las Vegas o Charles Barkley, se clasificaban para las series y dejaban un sabor de boca más que bueno ante los Warriors de Klay, Steph, Green y Durant.

En semifinales, el giro especulativo lo dieron los Bucks, confirmándose como un proyecto maduro y pulverizando a su paso a los Boston Celtics por 4-1.

Y si nos vamos a un año antes (la 2016-17) la sorpresa, podría decirse, jamás saltó.

Lo que pudo ser y no fue‘, anulado en seco por el autopisotón –culpa y dolo a partes discrecionales– de Zaza Pachulia sobre (o bajo) Kawhi Leonard, cuando los Spurs vencían por diecinueve en el Game 1.

2011: ‘Y cuando ya nadie lo esperaba’

Pero nada, en mi memoria de lo que va de siglo (previa genuflexión a los Pistons de 2004), como lo que hicieron los viejos Dallas Mavericks de 2011.

No bastaron, sin embargo, las machadas a los Lakers de Kobe y Pau en 2º Ronda (4-0) y a los jóvenes Thunder de Durant, Russ, Harden e Ibaka (4-1) en la antesala de las Finales por el campeonato. No bastó que Dirk Nowitzki estuviese desplegando el baloncesto más maduro de su carrera.

Desde Las Vegas les daban una probabilidad de 18/1 en contra en octubre, estimación que sufrió un bandazo hasta plantarse en 8/5 cuando la historia era ya sólo cosa de dos: los Mavs ya no parecían una mera comparsa en manos de los Miami Heat del Big Three, pero aún así les privaban ampliamente del cartel de favoritos (1/2 se pagaba el anillo para Florida).

Unos pocos ingenuos ganaron sus miles en aquel mes de mayo, y fue el primero y único anillo de Dirk, pero también de Kidd, de Marion, de Chandler y de Terry.

Suena duro acompañar ese quinteto del epíteto de ‘sorpresa’, pero tal era (y es) ya el nivel.

¿Cuál es el tuyo?

Playoffs 2019-20; pongamos que se juegan.

  • Los Grizzlies de Ja Morant, sorpresa ya de fase regular.
  • Los equilibrados Pacers de Oladipo, Brogdon, Turner y Sabonis.
  • El asalto in extremis de NOLA, con Ball, Holiday, Redick y Williamson a la cabeza.
  • El mejor ataque de la NBA representado en los Mavs de Luka Doncic.
  • Los tapados Magic de Gordon y Vucevic, bien entrenados por Steve Clifford.
  • OKC post-Russ, pero con la mejor rotación de point guards (Paul-Shai-Schöder).
  • Unos Nets que navegan mejor sin Kyrie Irving.
  • La última bala de Melo en los Blazers de Lillard y McCollum.
  • La seguridad de unos Heat comandados por Jimmy Butler y Erik Spoesltra.

¿A cuál de estas Cenicientas creéis que se le ajusta mejor el zapato de cristal?

(Fotografía de portada de Christian Petersen/Getty Images)


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