El último gran desafío de Steve Kerr

está viviendo una situación insólita para él en San Francisco. Como jugador estuvo presente en la etapa de máximo esplendor de los Bulls y colgó sus botas con dos anillos más en unos Spurs que iniciaban su propio legado en la liga. Una década después aterrizó en Oakland, donde se encontró con un equipo construido y moldeado bajo la figura de Mark Jackson. Allí daría comienzo un lustro histórico en el que sus superarían el récord de victorias en regular season en posesión de sus también Bulls. Un equipo que revolucionaría por completo los manuales de baloncesto hasta el momento escritos, argumentando dicha transformación con cinco apariciones consecutivas en las Finales y tres campeonatos.

Siete meses después, pocas franquicias en la NBA han sufrido una caída tan fulminante y repentina. La solidez de las grandes dinastías de los deportes profesionales nada, a su vez, en un mar inestable y escurridizo. No importa cuán talentosa o firme parezca, nadie es capaz de anticipar su declive, dentro de un marco en el que juegan miles de variables y factores, muchos de ellos espontáneos e imprevistos.

Era evidente que serían un equipo muy diferente una vez que desde las oficinas se llevara a cabo el traspaso de Andre Iguodala para facilitar la salida de Kevin Durant rumbo a Brooklyn. No obstante, las aspiraciones de playoffs se mantuvieron intactas aún con la ausencia a largo plazo de . Sin embargo, la fractura sufrida por en el cuarto partido del curso envió a los Warriors al peor de los escenarios de los que podrían haber previsto.

Esto ha creado un nuevo tipo de desafío y, por lo tanto, una nueva perspectiva para Steve Kerr y su cuerpo técnico. En vez de concurrir en ajustes en los esquemas preparando una nueva experiencia en playoffs, los Warriors han regresado a los postulados más básicos. Kerr se ha visto obligado a volver a inculcar los principios tácticos y estilísticos que revolucionaron la competición en el último lustro sin su principal catalizador y ejecutor en la pista. La plantilla activa de Golden State es prácticamente nueva, salvo por las excepciones de y Kevon Looney, y sin la salvaguarda de la serie de veteranos con los que Kerr ha trabajado a lo largo de su estancia en el banquillo.

Hasta ahora, el modus operandi había sido muy sencillo. El gran talento presente en el roster le permitía abordar una posición de mero observador, salvo para realizar algún pequeño ajuste puntual, dejando estos, incluso, en manos de sus estrellas. Pero nunca había tenido que focalizar toda su atención en los recovecos y las minucias más sencillas como lo ha hecho esta temporada. Una tarea, la primera, muy desafiante pero completamente diferente a la de entrenar en los conocimientos y habilidades más básicas del sistema a un equipo cuyas aspiraciones se limitan a una cifra cercana a las 20 victorias.

“No es fácil perder, pero disfruto enseñando”, afirmó Steve Kerr en una reciente entrevista para Sports Illustrated. “Tenemos grandes jugadores. Estos jóvenes están ansiosos por aprender y compartir pista todas las noches. Y nuestros veteranos están haciendo realmente un buen trabajo.”

La confluencia de las salidas de Durant e Iguodala y las lesiones de Curry y Thompson le ha otorgado al equipo de la Bahía una clara visión de sí mismos. Los Warriors no tienen que abordar ningún tipo de expectativa y pueden permitirse ser pacientes con sus dos estrellas lesionadas, mientras orientan sus esfuerzos en el desarrollo de los jóvenes. Piezas que, en algún momento, pueden aportar la misma profundidad de banquillo del que el equipo pudo presumir durante los primeros años de éxitos colectivos.

Actualmente, casi todos los jugadores que componen el roster están disfrutando de una maximización de minutos fruto de la necesidad. En ausencia de un perfil anotador de primera línea, los Warriors están muy limitados en cuanto a potencia de fuego. Registran el peor offensive rating de toda la NBA y en defensa han mejorando en las últimas semanas pero aún así están situados en el 20º puesto. D’Angelo Russell es el único catalizador real pero no anota con la suficiente eficacia y las lesiones están lastrando su temporada.

Los Warriors, eso sí, no necesitan que su núcleo joven contribuya de forma obligatoria a una causa ganadora esta temporada, sino, más bien, redirigir sus esfuerzos a encajar sus virtudes en un sistema más funcional y productivo de cara al próximo curso. Jugadores como Eric Paschall, Damion Lee, Omari Spellman, Ky Bowman o Jordan Poole perderán responsabilidades desde que los pesos pesados del equipo regresen, pero pueden conformar un sólido y versátil núcleo con el que potenciar y construir la rotación del equipo en función de las características y habilidades de cada uno.

Este año de transición también le permitirá a Curry, Thompson y, en cierta medida, a Green, quien ha disputado más de 450 partidos en las últimas cinco campañas, tomar un periodo de reflexión y descanso antes de comenzar una nueva época, tanto a nivel deportivo como personal y colectivo.

“Hice un comentario después de perder ante Toronto en las Finales en el que dije que deberíamos tomarnos un año sabático, ir a Italia y beber vino”, recordó Kerr en la misma entrevista. “Estaba bromeando. Pero, de una manera irónica, este es probablemente el momento para que Steph y Klay desconecten.”

En San Francisco todavía puede quedar mucho trabajo por hacer. Incluso con Curry y Thompson sanos, quienes cumplirán en los próximos meses 32 y 30 años, respectivamente, y cuyo prime puede empezar a quedar atrás. “No es fácil para nadie perder”, prosiguió el técnico. “Te afecta y quieres que esos esfuerzos sean recompensados. Tienes que mantener la fe y seguir luchando. Y ese es mi trabajo, mantener sus espíritus en alto y traerlos de vuelto al mejor nivel.”

Si bien Curry ha demostrado ser capaz de elevar el juego de su equipo a un nivel casi inimaginable, los complementos actuales es posible que no sean lo suficientemente notables como para que los Warriors compitan inmediatamente por un título. Traspasar a Russell se perfila como el método idóneo para fortalecer la plantilla con más talento mientras se sigue desarrollando a los jóvenes. Quizá nunca vuelvan a ser aquellos Warriors que dominaron el Oeste cinco años consecutivos. Pero sí demostrar el nivel suficiente como para competir directamente con la élite actual de la conferencia. Steve Kerr, cara a cara ante su último gran desafío.

(Fotografía de portada de Ezra Shaw/Getty Images)


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