Emeka Okafor y su particular ‘The Process’


Que más de cuatro años después de jugar su último encuentro oficial Emeka Okafor está en forma es un hecho que se puede comprobar si vemos alguno de sus partidos en la G League. Que esa forma, esa condición física, le llegue para algo más, sólo lo determinará el tiempo, una posible llamada de la NBA, quizá de los 76ers, con los que trabajó en la pretemporada 2017.

Okafor juega y rinde, de momento, con los Delaware 87ers, el afiliado de los Sixers en la G League. Está fino, se mueve bien, pasea con soltura sus 208 centímetros por la pista y no da la sensación de sufrir sobre la cancha. Si nadie supiera su historia, podría llegar a dudar que estemos ante el mismo hombre que en 2013 tuvo que aparcar el baloncesto por una hernia cervical. Él, Okafor, paró con 590 partidos de liga regular y unas medias de 12,3 puntos, 5,9 rebotes y 1,7 tapones. Ahora, en una competición menor como la G League, pero que sirve para tanto, firmaba en los 4 primeros partidos 14,3 puntos, 11,3 rebotes y 1,3 tapones en 26,2 minutos de media. Algún doble-doble incluido, primeras posiciones en la clasificación de rebotes y la sensación de que sí, de que está totalmente sano. No sería el primer jugador que volviera a la NBA bien entrada la treintena.

Porque Okafor tiene 35 años y hace más de una década, en 2005, fue Novato del Año. Y antes, en 2004, número 2 del Draft. Y olímpico en 2004, bronce con Estados Unidos justo en los días previos a ser profesional. Su carrera fue buena, iba relativamente bien, más allá de las expectativas que se pudieran crear. Pero era un jugador de esos que se dice sólidos, en Charlotte, en New Orleans y en Washington, las tres franquicias en las que repartió sus nueve cursos deportivos, hasta ese 2012-13.

Su propio ‘The Process’

Philadelphia, Joel Embiid, The Process. ¿Hay mejor lugar para que vivir una reconstrucción, una avance, un camino? Okafor eligió Phila para culminar su sendero propio, iniciado en el otoño de 2013. Cuando firmó por los Sixers para la pretemporada de 2017 no se trataba de la primera vez que buscaba volver. La idea le rondaba ya desde 2016, por lo menos, y llegó a tener algunas conversaciones con la gerencia de los Warriors.

Su carácter perfeccionista, como aseguró su agente Jeff Schwartz, le hizo alargar la recuperación hasta que todo estuviera atado, fijo, sin muelles sueltos. Si has esperado tres años, seis meses no son demasiado. Así que a finales de la temporada 2016-17, Okafor dijo las zapatillas de baloncesto estaban esperando a ser calzadas. Por él. Y esta vez iba en serio.

Contactó y merodeó otras franquicias, pero fueron los Sixers, The Process, donde mejor pareció encajar. La filosofía de una franquicia prometedora y joven aplicada al relato de un veterano, de vuelta de muchas cosas y cuyo porvenir se estrecha. Pero, repetimos, no sería el primero que vuelve a la NBA después de todo. Y de tanto.

“Hace cuatro años tuve una hernia cervical. Lo recomendado era la cirugía, pero yo seguí el camino natural, esto era, rehabilitación y descanso. Y ahí estuve, tomándome tiempo libre y asegurándome de que el problema sanaba y podía volver a jugar de la forma en que yo quería”, aseguró a los medios estadounidenses en la presentación de la pretemporada de los Sixers, a finales del pasado mes de septiembre.

“En términos de capacidad y acondicionamiento, creo que puedo jugar en la liga (NBA)”, apuntó entonces el de Texas. “Puedo contribuir mucho dentro y fuera de la cancha”.

Su pretemporada se saldó con un puñado de encuentros, 8 minutos de media y unos promedios de 2,6 puntos, 2,8 rebotes y 1 tapón. La liga que dejó Okafor en 2013 era algo diferente a la que esperaba él reintegrarse, con cada vez menos importancia para los interiores.

Al ser cortado por los 76ers tras el training camp, decidió enrolarse en los Delaware, en la G League, para no perder de vista la gran liga, por mucho que la edad, y sobre todo el perfil de jugador que es, jueguen ciertamente en su contra. Pero volver a jugar tras cuatro años ya es un paso. Y lo es hacerlo bien, de forma solvente, que para eso sirve también la G League.

Okafor se rueda allí esperando que los que le vean, porque le van a ver, encuentren algo que pueda hacerles descolgar el teléfono y apostar por un hombre que fue el mejor de su hornada en 2005 y que ahora vive, con optimismo, su particular proceso. “Tenéis que confiar en el slogan de The Process, dijo en sus cortos días con Philadelphia. “Yo tuve mi pequeño proceso también y al final todo ha funcionado”.


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