¿Es Kevin Durant imparable?

Visto lo visto esta temporada, y tras la segunda victoria en la serie final del Oeste ante San Antonio, parece que la pregunta se responde sola. Por supuesto que KD también puede tener ocasionalmente aquella noche aciaga en cuanto a acierto, pero todo parece indicar que Durant ya ha pasado al nivel de jugador en el que nada ni nadie puede llegar a tener el control de sus propias acciones. Superlativo.

Hace ahora un año vimos a sufrir (a veces) ante las asfixiantes defensas de Shawn Marion o Tony Allen. Hoy Kawhi Leonard, por su parte, puede evitar que algunos pases lleguen a Durant aquí o allí, pero una vez el balón toca sus manos, todas las ventajas se inclinan hacia el máximo anotador de la competición.

Más allá de su asombrosa habilidad para encestar, existe una razón casi prosaica por la que Durant es una fuerza inexorable: es increíblemente alto.

Muchos jugadores de la NBA tratan de exagerar su longitud, añadiendo algunos centímetros a una medición ya con zapatillas. KD mide 2’06m descalzo, lo que es casi la altura media del center rival. Por no hablar de los 2’26m de envergadura de brazos, superando la anchura de cualquiera de sus marcadores. Simplemente, no hay antídoto para esto en la defensa rival.

Hubo un día en el que el débil manejo del balón abría a Kevin Durant las puertas de la vulnerabilidad. Ya no. Sus capacidades de dribbling en el bote han mejorado desde el pasado verano y todos estamos siendo testigos. No es que Durant siga siendo fluido y eficaz en los coast-to-coast, es que ha aprendido a crearse su propio tiro con aplomo.

En la temporada pasada, el 62,4% de sus tiros de campo venían de asistencia. Este año, esta cifra ha disminuido hasta el 48,1%. Kevin Durant ha mejorado mucho en autosuficiencia, deshaciéndose de la dependencia que antes tenía del juego que, principalmente, le generaba Russell Westbrook.

El pasado Game 4 fue el más vivo ejemplo de la fuerza de Kevin Durant. Sus primeros 36 minutos son el reflejo de cómo Durant también ha aprendido a esperar a que el partido llegue a él. Después, 18 puntos en el último cuarto (16 de consecutivos) con la facilidad con la que uno se pone cada día los pantalones. Un 70% de efectividad en anotación desde la pintura, por un 60 fuera de ella. Sin fallo en los 9 intentos de tiro libre. ¿Qué se puede hacer?

San Antonio puede ganar la serie y plantarse en las Finales, por supuesto. De hecho, su ataque es capaz de contener una mala noche en lo defensivo. Pero lo que no tienen los Spurs (ni ellos, ni nadie) es alguien capaz de parar a Kevin Durant. Y parece que va a ser así durante la próxima década.





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