Existe vida más allá del Draft


David Stern se ha pasado treinta años saliendo al atril acompañado, habitualmente, de esa banda sonora compuesta por una extraña música de organillo y los coros de la multitud en forma de abucheo. No eligió un mal año para su estreno. Iniciarse en esto de: “With the first pick….” pronunciando el nombre de Hakeem Olajuwon no es moco de pavo. Si poco después lo acompañas con el de un tal Michael Jordan y la sal y la pimienta la conforman Charles Barkley y John Stockton, este señor, que por aquel entonces aun llevaba bigote, salió doctorado en su primer día de clase.

Llegó el 2014 y por fin la NBA cogió aire con un ilusionante sucesor en el Comisionado, Adam Silver. Algunas diferencias; Al número 1 del draft, Andrew Wiggins, le habían autorizado contratar al sastre de Lionel Messi para eventos de gala y, por primera vez en muchos años, el cámara no tendría que alejar el zoom óptico cuando se produjera el clásico apretón de manos entre tanto mástil con traje y el —nuevo— Comisionado (1,90m). Pero una cosa no había cambiado en ese relevo de poderes. Al igual que venía sucediendo desde el 2004 cuando, por segunda vez, la ciudad de Charlotte configuró una franquicia en la NBA con los Bobcats, —benditos Hornets de nuevo— el número de nombres que serían anunciados desde la palestra serían exactamente sesenta.

Antes de los años 80, las tardes se diluían en oscuridad hasta que se completaban las siete rondas del draft (¡21 rondas en los 60!). Actualmente, el espectáculo premonitorio se limita a dos rondas de 30 jugadores cada una. Seis decenas de afortunados que ven un sueño hecho realidad y, un buen puñado de ellos, su futuro económico resuelto.

La Summer League, un oasis para los undrafted

¿Pero qué sucede con los no elegidos?. Turno de seguir demostrando durante las Ligas de Verano lo que, al parecer, no fue suficiente durante el curso regular. En su tiempo hice mis cábalas sobre cuantos jugadores se declaraban elegibles anualmente para el sorteo del draft, —acotando ese grupo de universitarios estadounidenses que podrían querer dedicarse profesionalmente al baloncesto— y cual fue mi sorpresa al comprobar que el número era infinitamente inferior al que imaginaba. En esta última edición del draft de 2014, solo 80 jugadores se han presentado; 45 jugadores procedentes de la NCAA, 30 internacionales, y 5 aspirantes de la D-League.

Ésto nos deja una remesa de 20 jugadores para ganarse un contrato profesional, y entrar en la lista de los 15 definitivos que conformarán la plantilla de cada una de las 30 franquicias de de la NBA. Difícil, pero no descabellado. El tapete sobre el que lucirse, las Summer Leagues. Se celebran dos, la que tiene sede en Orlando y el plato fuerte, La Summer League de Las Vegas. En ésta última participan la mayoría de los equipos de la liga, con plantillas compuestas por jugadores con menos de 3 años de experiencia profesional, las elecciones del draft de ese año y otros jugadores invitados. Y es que no todos los undrafted gozan de un billete para esta nueva oportunidad. Pero los que realmente tienen posibilidades de jugar en la mejor liga del mundo, sin duda estarán allí.

Analistas expertos han hecho una pequeña lista con los jugadores más notables que no fueron seleccionados en este último draft. Para el que escribe estas líneas, tres de ellos son realmente reseñables y otro más por añadidura.

1- Jahii Carson: ha firmado por los Wollongong Hawks de la NBL australiana.
2- Patric Young: el primero en ganarse un hueco en la NBA gracias a la Summer League, siendo firmado por los New Orleans Pelicans.

El tercero es un jugador que otrora, en su época de instituto, sonaba para convertirse en una gran estrella, James McAdoo. Y es aquí cuando saco al cuarto en discordia, y si bien no he podido nombrarlo antes es porque al parecer, en el último momento, decidió retirar su candidatura del draft de 2014. No es famoso por los centímetros que se eleva desde el suelo, sino por los muchos que es capaz de despegarse de él; su nombre, Aquille Carr. Ambos jugadores, McAdoo y Carr, apuntaban muy alto en sus días de instituto pero, por diversos motivos, su brillo ha ido menguando hasta tener que pelear por obtener un contrato profesional.

Aquille Carr y James McAdoo

Aquile Carr es un fenómeno de Youtube con más de 15 millones de visitas. Es prácticamente imposible verle en acción y no pensar inmediatamente en Nate Robinson. Carismático, eléctrico, rápido, desequilibrante, con un crossover mareante y una potencia de salto descomunal. Una ligera diferencia que lo hace aún más espectacular si cabe, mide 1,68 ( siete centímetros menos que el base de los Nuggets). Aquí un aperitivo para quienes aun no lo conozcan.

Son varios los portales que hablaban recientemente de Carr como undrafted, es decir, como si se hubiese presentado al draft sin ser seleccionado. Información errónea; así figura en la web oficial de la NBA. Tampoco es algo especialmente relevante pues, de los `mock drafts´—simulacros de los jugadores elegidos— realizados, no figuraba en ninguno.

Este pequeño base de Baltimore se ganó el mote de “Crimestopper” durante su paso por el Patterson High School. En un artículo del Washington Post nos revelan el por qué:

Aquille Carr adquirió esa brillante apodo porque, según cuenta la leyenda, todos los vendedores, los estafadores y los cabezas de chorlito salidos de Baltimore, cerraban sus negocios durante dos horas cada vez que Patterson tenía un partido.

“No hay manera de que nadie trate de matar o robar a alguien cuando está jugando Patterson,” dice el propio Aquille. “Vienen a ver un espectáculo de primera”.

Una serie de malas decisiones —obviar el paso por la universidad— una cabeza poco dispuesta, su precaria situación económica familiar, la mala fortuna y otros intangibles, han ido retrasando el anhelo de Carr por dar el salto más grande de su vida y aterrizar en la NBA.

Tras un par de intentos fallidos de ganar reconocimiento en Europa y Asia, fue seleccionado por los Delaware 87ers de la D-League. 10 apariciones, 10,7 puntos y 2 asistencias en 14 minutos por partido, fueron sus bagajes antes de ser cortado por el equipo. Otro muro en el camino y otra oportunidad para volver a levantarse y entrenar con más ambición que nunca.

Los Saint John Mill Rats de Canada han sido los primeros en dar el paso y concederle una oportunidad. Una liga con un nivel similar a la liga de desarrollo estadounidense y una buena alfombra colindante a la pasarela de la NBA, sobre la que volver a encandilar a aquellos que no creyeron en él. 20 años, y absolutamente todo por demostrar.

El caso de James McAdoo comparte un cierto paralelismo con el del pequeño Aquille, solo que éste ha dispuesto de una autopista hacia el éxito que, hasta ahora, no ha sabido aprovechar. Hubo un tiempo en el que McAdoo aparecía en los pronósticos como un futuro lottery pick , pero nunca se desarrolló como se esperaba en la Universidad de Carolina del Norte. Atléticamente, acapara todo el conjunto de habilidades necesarias para ser un jugador de la NBA, a lo que hay que sumar sus 2,07 metros de envergadura.

Serias dificultades para adaptarse al baloncesto universitario, limitaciones en la parcela ofensiva, y quizás cierta precipitación al presentarse al draft en su tercer año de carrera, han privado a McAdoo de ser uno de los 60 agraciados. Ni sus 14 puntos y 6,8 rebotes por partido durante sus últimas dos temporadas con los Tar Heels de Carolina, han parecido ser suficientes para convencer a los scouts de la NBA que era digno de ser seleccionado.

Perserverar o rendirse

Llegados a este punto, los jugadores se encuentran en una encrucijada. ¿Probar suerte en el extranjero?, ¿afiliarse a la D-League?, ¿intentarlo en entrenamientos privados y pelear por contratos de 10 días?, ¿o sencillamente bajar los brazos y dedicarse a otra cosa?.

Existen más frases inspirativas para seguir luchando que excusas para claudicar. Pero como no solo de pan —ni de palabras— vive el hombre, pongamos algunos ejemplos de jugadores que no fueron drafteados, y luego se labraron una exitosa carrera en la NBA.

  • John Starks: Fue el primer jugador no elegido por el draft que jugó en la NBA. Y triunfó, ampliamente. En cantidad, ya que superó los 10.000 puntos y en calidad. Para la memoria, este mate sobre Horace Grant —y tapón fallido de Michael Jordan—.

  • Udonis Haslem: Emigró a Francia donde jugó en el Elan Sportif Chalonnais. Tras su buen hacer en el país galo, fichó por los Miami Heat como agente libre y fue elegido en el segundo mejor quinteto de rookies de la temporada.

  • Jose Calderón: Es el prototipo de gran jugador europeo de explosión relativamente tardía. Firmó por los Toronto Raptors como agente libre. En sus 10 temporadas en la NBA, se ha asentado como base titular y un jugador de garantías. Ostenta el récord histórico de porcentaje de tiros libres en una temporada en la NBA (98,1%)

  • Brad Miller: Increíble pero cierto. El ex-pívot dos veces All Star no fue drafteado. Llegó a la NBA vía Italia, tras una trayectoria universitaria más bien discreta. Incluso ha defendido los colores de la selección estadounidense.

  • Ben Wallace: Otro que probó suerte previamente en Italia. El único, junto a Dikembe Mutombo, en haber ganado 4 veces el galardón de Mejor Defensor de la NBA. Nada más que añadir.

  • Jeremy Lin: el ejemplo mediático más reciente. La NBA adora casos como éste propios de Hollywood. Un fenómeno mundial de trabajo, superación y empatía. El prodigio `Linsanity´ seguirá filmando su particular película en la meca del cine, Los Angeles.

  • Otros jugadores de renombre : Darrell Armstrong, Raja Bell, Bruce Bowen, David Wesley, Avery Johnson.

Para la ocasión, dos de esas frases como granos de arena que hay sobre superación.

“Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo”

“Nunca tires la toalla. Úsala para limpiarte la frente y sigue avanzando”


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