Freno al odio hacia LeBron James

Todo esto ya ha llegado demasiado lejos.

Tras la ajustada derrota de los del pasado viernes en Salt Lake City (99-98), muchos fans y la mayoría de analistas NBA coincidieron en señalar como único culpable de la misma a . Nadie pensó en por fallar el tiro abierto que hubiera dado la victoria a Miami. O incluso en por fallar un vital tiro libre instantes antes o por hacer falta a un tirador como Devin Harris permitiendo así a los Jazz ponerse por delante en el marcador antes de la ya famosa última posesión de LeBron.

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En cambio, el único culpable de lo sucedido a ojos públicos pareció ser LeBron James, puede que el deportista más odiado del mundo y, ahora, también la cabeza de turco de cualquier problema que haya en el globo.

Quizá ya no interese darse cuenta que, sin LeBron James, Miami hubiera perdido el partido mucho antes y de forma mucho menos honrosa. Sin su esfuerzo en forma de 17 puntos en el último cuarto del encuentro, los Heat no hubieran tenido la oportunidad de ganar el mismo sobre la bocina. Pero claro, en ese instante decidió darla al compañero que estaba solo, así que tiene todo el sentido del mundo culparle por tal derrota.

Esa decisión de James de pasar el balón a Haslem el pasado viernes catapultó de nuevo la ya recurrente pregunta que planea sobre el planeta NBA: ¿Tiene LeBron James el instinto asesino suficiente como para cerrar partidos?

Antes, pongámonos en antecedentes. El pasado 8 de Julio de 2010 LeBron James consiguió pasar de ser uno de los deportistas más admirados del mundo a uno de los más odiados. Y fue tan solo en cuestión de segundos. “The Decision” trajo consigo un huracán de críticas, incluso de la gente a la que la NBA no le dice nada.

La violencia con la que muchos se expresaron entonces fue, y es todavía, totalmente innecesaria, además de injustificada. En realidad, los únicos que tenían verdaderos motivos para estar muy enfadados con James eran los seguidores de Cleveland , pues James no hizo otra cosa que ir en directo a un programa de una cadena nacional a, básicamente, humillarles. Ellos sí pueden odiar a LeBron James por el resto de sus días, pero… ¿y el resto?

LeBron James no es más que un jugador más de la NBA que trata de hacer su camino en el profesionalismo para tratar de lograr los máximos éxitos posibles, tomando para ello decisiones no siempre acertadas. Nada fuera de lo habitual. De hecho, juega muy bien al baloncesto. Tan bien, que muchos otros miles de fans o analistas que no le odian, disfrutan analizando los pormenores de su juego al detalle. Y ese estudio, no puede de ninguna manera llegar a la conclusión de que James no sabe cerrar partidos pues nada está más lejos de la realidad que dictan sus actuaciones desde que llegó a la NBA en 2003.

LeBron James lleva ganándose la vida cerrando partidos desde que los Cavs le draftearon en aquel año. Lo que es del todo imposible, sin embargo, es cerrar todos los partidos, todas las noches. Y todavía más exigirlo como si nada.

Que uno recuerde, tan solo una vez no ha estado LeBron James a la altura del acontecimiento en el que participaba, y fueron las pasadas Finales de la NBA contra Dallas. Para uno de los mejores jugadores de la historia de la NBA, ese rendimiento es del todo inaceptable. Menos de 18 puntos por partido en esa serie final, y la peor caída en anotación media de una temporada regular a sus respectivas Finales de toda la historia de la NBA (de 26,7 a 17,8 puntos por partido) no merecen otra descripción.

Pero… ¿la excepción no confirmaba la regla? LeBron James lleva cerrando partidos ya desde el instituto y, para no ir más lejos, parece olvidado el hecho de que sus actuaciones fueron las que cerraron partidos en las tres primeras series de Playoffs de la temporada pasada.

Pero nada de eso vale. Lo único que cuenta es que James no es un clutch player, pues el hecho que decidiera pasar el balón en la última posesión de la derrota del pasado viernes en Utah indica claramente que no quiso lanzar el último tiro.

Quizá convendría considerar que tan solo por el hecho de que uno decida pasar, no tiene porque significar que no quiera tirar o que no sepas cerrar los partridos. James decidió pasar a Haslem simplemente porque había dos jugadores que se quedaron con él en defensa, entre ellos el defensa de Haslem. Ni que decir tiene que si Udonis Haslem anota ese tiro ni tan siquiera estaríamos hablando de esto. Incluso con el mal resultado final, LeBron James tomó la decisión adecuada en esa jugada ese día.

James está haciendo una de las mejores temporadas regulares que la historia de la NBA haya visto, con lo que cuestionar tan a menudo ese aspecto de su juego parece hasta ridículo. Estamos ante, actualmente, el mejor jugador de la Liga y claro candidato a su ya tercer galardón como MVP de la regular season.

Honestamente, James se equivocó en el cómo transmitió que había decidido cambiar de aires, pero eso no quita que las críticas y el odio que constantemente se vierten sobre él hayan ido ya demasiado lejos. Puede que haya llegado el momento de mostrar a LeBron James el respeto que se merece por lo que, cada noche, hace sobre la pista.





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