Ganar el tercer partido, clave en la historia de las Finales NBA

Los partidos impares en las series de Playoffs suelen ser de vital importancia. Ganar el primero, tercero, quinto – no digamos ya el séptimo – tiene el mismo valor que los pares, pero habitualmente esas victorias en partidos impares reportan más beneficios en cuanto al resultado final de la serie.

En el caso de las Finales de la NBA de 2013, San Antonio y Miami encaran el tercer partido con empate 1-1, lo que da más valor al tercer partido si nos fijamos en la historia.

Desde que el formato 2-3-2 fue instaurado para las Finales de la NBA en el año 1985, en 13 ocasiones se llegó al tercer partido con empate 1-1 y en 12 de esas 13 ocasiones el ganador del tercer choque se proclamó campeón de la NBA. O lo que es lo mismo, ganar el tercer partido tras un 1-1 ha dado el título en un 92,3% de los casos.

La ventaja de 2-1 en una serie a 7 partidos implica que el equipo que va perdiendo tiene que ganar tres de los cuatro siguientes encuentros, algo tremendamente difícil debido a factores como la presión, el cansancio físico a estas alturas de la temporada y el nivel parejo de los equipos.

La excepción

La única excepción ocurrió recientemente, en el año 2011 y precisamente con los Heat como protagonistas. Miami ganó el tercer partido en Dallas, poniéndose 2-1 en las Finales y con la ventaja de campo asegurada. Sin embargo, un desplome épico del equipo en los siguientes partidos y la superioridad manifiesta de los en los minutos finales acabó dando el título a los tejanos.

Estadísticas obtenidas de ESPN Stats, Elias Sports Bureau, Basketball Reference y NBA.com





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