Heat: LeBron James o muerte

Nada que reprochar al corazón que está poniendo en cada partido. El problema está en su cabeza, y es del todo comprensible. Como sucede con el niño que no quiere hacer sus deberes porque sabe que igualmente siempre le pondrán un excelente.

Pero cuando de lo que se trata es de trazar el camino de tu propia grandeza, uno no puede tomarse unas vacaciones. No se puede pedir a nadie que te lleve hacia la leyenda. No se supera a Michael Jordan yendo cuesta abajo. Al final, y pasados ya casi dos años, ese es el principal error que emana de The Decision.

Los ganaron de 19 puntos el pasado jueves, y lideran la serie 2-1. Ese Game 3 fue el del derrumbe de Miami, sin por lesión y sin por injustificable ausencia mental. Se ha hablado ya mucho y se sigue hablando de esto último. Nadie puede negarlo, Wade, si estuvo, estuvo horrible. Pero sucede que los han estado sin LeBron James, también.

Para entender mejor a dónde lleva esto, se recomienda ir a YouTube y buscar “LeBron James + 48 points + Detroit”. Hay que ver a ese LeBron James, el de la exhibición personal en ese partido con dos prórrogas de las Finales de Conferencia de 2007 ante los . El que puso, él solito, a Cleveland liderando la serie por 3-2 anotando 29 de los últimos 30 puntos de su entonces equipo.

“LeBron está tratando de acabar con el partido” dice el analista que comentaba el partido. Añadiendo: “esto es increíble. Esto es Jordanesco”. Viendo esas highlights la pregunta viene sola: ¿es ese el mismo James que estamos viendo ahora?

En el tercer cuarto del pasado Game 3 de su actual serie contra Indiana, todo su equipo a un lado. Al otro, James (con balón) contra George Hill. Uno contra uno. Uno cuantos dribblings de LeBron, llega la ayuda defensiva y entonces aparece su pase.

El James de Cleveland jamás hubiera permitido que los Pacers le pasaran por encima. De ninguna forma. El James de Cleveland llevó a unos míseros Cavs hacia unas Finales de la NBA.

Bien es cierto que los Pacers no son los Knicks. Indiana es un equipo, con todas sus letras, lleno de confianza y ambición. Eso es verdad. Pero tanto como que el James de Cleveland hubiera ganado el partido del pasado jueves. De hecho, James todavía puede ganar estas series contra Indiana por sí solo, que nadie dude de ello. Puede hacerlo.

¿“The Decision”?. Ya no cuenta, ya no vale. El plan ha muerto. Si hay que conseguir el primer anillo en la cuenta del actual mejor jugador de la NBA, James deberá hacerlo de la misma manera que intentaba hacerlo en los Cavs, antes de que decidiera que aquello era demasiado difícil para él.

Aquel James todavía está dentro de este James. Simplemente está de “vacaciones”; lo que por cierto fue su idea aquel tumultuoso verano de 2010: ir a South Beach con tus amigos, reunirse con Wade y Bosh y ver como los campeonatos se apilan uno encima del otro.

Que nadie se engañe. Pedirle a James que sea capaz de dar lo que solo él es capaz de dar no es ponerse una venda en los ojos. No estamos ciegos, la actuación de Dwayne Wade en ese Game 3 del pasado jueves fue un auténtico desastre. Lento, perezoso, incluso indolente.

Desde antes de los Juegos Olímpicos de Pekín, en el verano de 2008, se viene hablando de cómo el juego de Wade desgasta en demasía de forma ineludible su cuerpo. De cómo de corta se quedaría su gran carrera profesional por el tipo de exigencia que requiere su cuerpo para desarrollar el juego como lo hace. Sucede algo parecido con Derrick Rose, más aún ahora tras su reciente y severa lesión.

Pero más allá del aspecto de la fatiga física, algo sucede con Wade y su sospechoso comportamiento. Todos hemos visto ya el enfrentamiento con su entrenador en un tiempo muerto del citado partido del pasado jueves, pero es que tras el Game 2, Wade ya se quejó públicamente de que los Pacers habían “celebrado demasiado” su victoria en Miami. Hay más, pues al final de la regular season ya empujó a Rip Hamilton después de un desacuerdo arbitral por una posible falta, y en la primera ronda contra New York, lanzó despectivamente la zapatilla de Mike Bibby fuera de la pista en lugar de entregársela.

Debe ser un sentimento de traición por parte de su propio cuerpo. La caída ha llegado más rápido de lo esperado, demasiado pronto en su reagrupamiento con James. Puede que Wade ya nunca más vuelva a ser Wade. El hecho de que, por primera vez en los hasta ahora 96 partidos de Playoffs que acumula, Wade se quedara sin anotar en toda una media parte puede ser indicativo. O puede que no. Pero parece que Wade ya no volverá a ser el que fue, al menos de forma constante.

Se acabó pues el tiempo de las “vacaciones” para LeBron James. Con el gran talento llegan las grandes exigencias. Reciente y merecidamente ganador de su tercer MVP de la temporada regular, sus Heat han tenido este año un balance de 13 victorias y 1 derrota en los partidos en los que Wade ha estado ausente y él no.

Es la hora, de nuevo, de ver al tres veces ganador del Mejor Jugador de la Temporada. El de Cleveland, el de ante los Pistons en 2007. Puede hacerlo, pues el instinto asesino sigue ahí, dentro de su cuerpo. King James.





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