Hollywood ya no brilla como antes: Tras la tempestad llega la desidia


¿Despacio y con buena letra? No, más bien lento y sin tinta para retomar su historia. Tras un curso pleno de récords negativos y humillaciones en la cancha, el rumbo que están tomando Los Angeles Lakers está muy lejos de hacer honor a la que es, junto a Celtics, la franquicia por excelencia de la NBA.

Hollywood ya no brilla como antes. Antes las estrellas querían jugar de oro y púrpura, ahora ponerles la camiseta es todo un reto. LeBron James y Carmelo Anthony decidieron que serían agentes libres iluminando la esperanza de los fans angelinos; un espejismo, ambos ni se plantearon jugar para Lakers. No duele el ‘no’, duele el hecho de que una llamada de Lakers ya no sea ni tomada en cuenta, que prácticamente vean el unir su futuro a los californianos como hipotecar sus carreras a cambio de nada.

La quimera habita en el Staples Center. Mucho se ha escrito sobre un futuro lleno de triunfos, títulos y estrellas. LeBron y Carmelo jugando juntos, Kevin Love llegando libre en 2015, Rajon Rondo siendo la piedra angular de un nuevo ‘Big Three’. Todo suposiciones aceptables a priori, pero que en realidad no hacen más que enmascarar una realidad que no parecen, o no quieren ver, en la oficina angelina. Y es que imaginar está bien, pero sin trabajar, sin ir poniendo poco a poco las piedras de un nuevo camino, todo quedará en eso, en meras elucubraciones.

Sin respeto por los símbolos. Tal y como se marchó ya se ansiaba su vuelta, y cuando ese momento llegó, cuando la oportunidad asomó, se le cerró la puerta. Phil Jackson no iba a cambiarlo todo de la noche a la mañana, eso seguro, pero no es menos cierto que si hay una persona capaz de aunar fuerzas en los Lakers, ese es el ‘maestro Zen’. Tan claro estaba que, tras su regreso a la liga trabajando para los New York Knicks, dos de los mayores iconos de los angelinos, Kobe Bryant y Magic Johnson, no pudieron esconder su desilusión, e incluso enfado, ante lo que veían como un nuevo error de una franquicia que no sabe hacia dónde va.

Ni vienen ni se quedan. Visto que convencer a los mejores para que aterricen en Los Angeles es hoy un imposible, podría haber quien pensase que al menos existiría la posibilidad de mantener lo que ya tienes, pero tampoco es el caso. Dwight Howard salió huyendo, casi espantado tras un año que se le hizo eterno. Pero el caso que realmente simboliza hasta qué punto se está hundiendo el barco es el de Pau Gasol. El jugador español ha aguantado de todo, traspasos fallidos incluidos, y aun así seguía convencido de seguir, pero hasta él, que ha mostrado un amor por esta camiseta que es casi impropio de esta liga, ha terminado claudicando ante el ‘no proyecto’ de los Buss y compañía.

Ya veremos a qué jugamos. Dejando de lado la planificación de la plantilla, que a estas alturas cuenta con ocho jugadores bajo contrato garantizado y unos cinco millones de dólares de margen bajo el tope salarial, aún queda por saber quién será el dueño del banquillo. Este es otro de los asuntos en los que la tranquilidad con la que se está trabajando parecería hacer ver que todo está controlado. Nada más lejos de la realidad. Este es otro ejemplo de la decadencia en la que están sumidos los Lakers, que han visto como Tom Thibodeau ni quería reunirse con ellos para tratar la opción de entrenar al equipo, y como tres de los entrevistados: Kurt Rambis, Alvin Gentry y Lionel Hollins, se han decantado por otras opciones, los dos primeros incluso sin ser entrenadores jefe.

Sin entrenador, con el ‘no’ de LeBron James y Carmelo Anthony, con el adiós de Pau Gasol, sin saber qué hacer con Steve Nash, con la incógnita de que Kobe Bryant volverá. Así asoma un presente y futuro angelinos que llenos de problemas contestados con desidia, nos conducen a la única verdad de oro y púrpura, que no hay un plan, no hay un proyecto.

Pero aun así, vislumbrándose ya un nuevo año de penalidades, se lo toman a broma por Hollywood. No hay más que escuchar a Mitch Kupchak, general manager del equipo, que cuando se le preguntó sobre cuando habría entrenador contestó sonriente: “Tal vez podamos esperar hasta septiembre”. Eso para el entrenador, pero para hacer un equipo serio y con verdaderas aspiraciones, ¿cuál es la fecha? ¿Dos mil cuánto?


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