Juwan Howard, marcado por su pasado


Cuando Juwan Howard fichó por Miami Heat sabía que era su última oportunidad de ganar un anillo. No sólo eso. Él, único integrante en activo de los Fab Five, podía salvar el honor de la hornada de brillantes jugadores de la Universidad de Michigan. Ni Chris Webber, ni Jimmy King, y mucho menos Ray Jackson, que nunca jugó en la NBA, habían disputado una final de la NBA. Sólo Jalen Rose disputó la del 2000 ante los Lakers, con los Pacers. Elegido en el draft de 1994, ni podría imaginar que tardaría diecisiete años en disputar la gran final de la mejor liga del mundo, y mucho menos que su papel iba a ser tan residual. Pero llegó la final contra los Mavs y él estaba allí. Atrás quedaban las frustraciones de Webber con los brillantes Kings, o el buen papel de Jalen Rose como profesional. Sólo él podía ganar un título que tendría una porción para cada uno de sus cuatro compañeros universitarios.

Un diario español tituló, tras el sexto partido de las Finales, “La maldición de los Fab Five”. Y tiene su cuota de razón. El fracaso del Big Three fue el fracaso de Howard, aunque este tuviese un protagonismo infinitesimal en la derrota. Casi dos décadas después de haber perdido dos finales NCAA de forma consecutiva, Juwan se quedó con la miel en los labios de nuevo. Su equipo era el favorito, como cuando la Universidad de Michigan desaprovechó la cosecha de talentos más brillante que habían visto en el baloncesto universitario.

Curiosamente tuvo que ser con Miami, con quien Howard ya había tenido firmado un contrato en el año 1996. En aquel entonces, tras dos buenas temporadas en los Wizards, consiguió un contrato astronómico de más de 100 millones de dólares a cobrar en siete años. Aquellos Heat, ya de Pat Riley, pretendían juntar un puñado de estrellas  (Alonzo Mourning, Tim Hardaway, o PJ.Brown) para hacer frente al trasatlántico que capitaneaba Michael Jordan de nuevo. Pero la NBA no permitió aquel contrato que vulneraba las normas de los límites salariales y Howard tuvo que dar marcha atrás y renovar por Washington por 105 millones de dólares.

En el verano del 2010, y tras 14 años, un paso por siete equipos, cuatro traspasos, tres contratos como agentes libres y temporadas de frustrados intentos de ganar partidos en playoffs, el veteranísimo integrante de los Fab Five, “volvía” a Miami cobrando poco más de un millón de dólares, o lo que es lo mismo poco más del 1% de aquel gigantesco contrato fallido del año 96. No era cuestión de dinero, era cuestión de acabar con una maldición. No lo ha logrado. Como los Fab Five, parece marcado por su pasado.

Fuentes: Wizards Insider | Diario El Mundo


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