Kendrick Perkins: “Tuve que dejar de lado mi orgullo y calzarme las botas”


Casi 1.000 partidos en la NBA, entre liga regular y playoffs, y pieza importante de los Celtics que ganaron el anillo en 2008. Este es un resumen rápido de los que es Kendrick Perkins en la reciente historia de la competición. Un pívot que promedió 5,4 puntos y 5,8 rebotes en sus 13 cursos de carrera. Un jugador que tras la gloria de los Celtics, aguantó el nivel durante más de un lustro, pero que sin embargo apuró sus últimos minutos en la NBA  durante la 2015-16. De momento.

“Tuve que dejar de lado mi orgullo y calzarme las botas”. Tras un año en blanco, Perkins sentía que estaba capacitado para rendir al alto nivel. “Llegó en una forma tremenda”, aseguró Tyronn Lue cuando no le quedó más remedio que cortarlo. Perkins había trabajado fuerte en el verano de 2017 y había sido invitado al training camp de los Cavaliers. Y Lue lo cortó porque no le hacía falta, entonces, y porque el límite de jugadores en la plantilla así lo exigía. A Perkins se le ofreció formar parte del cuerpo técnico, pero ya habría tiempo para eso, pensó. Él quería jugar.

“Tuve que dejar de lado mi orgullo y calzarme las botas”, aseguraba esta semana a la web oficial de la G League, donde presta servicios desde el inicio de la temporada a los Canton Charge, el vinculado de los Cavaliers. A sus 33 años, promedia en los 6 primeros partidos unos guarismos de 12,2 puntos, 8,2 rebotes, 2,7 asistencias, 1,5 tapones y 0,8 robos. En 27,1 minutos de juego.

Volver a la NBA

Lue llevaba razón, está en forma. Y en sus deseos de jugar no sólo está el de competir en la G League, el de sentirse jugador, sino que al fondo de este camino no jalonado ya por el orgullo ni el prejuicio se encuentra la vuelta a la NBA.

“Al final del día, no se trata de una situación de ego. Sólo busco hacer las cosas bien, mejorar y lograr mi objetivo, que es regresar a la NBA”.

Lógicamente, cualquier cambio en la vida requiere de un periodo de adaptación, por mucho que en el caso de Perkins todo se reduzca a lo mismo, jugar al baloncesto. Si vemos cómo se mueve por las pistas de la G League estaremos de acuerdo en que ha entrado con buen pie en la competición. Porque, recordamos a Lue, está en forma. Y eso es lo primero. Y lo primordial.

“No sabía qué esperar”, señala el center sobre su aterrizaje en la G League. “Mentalmente, me tuve que preparar. Pero al contrario de lo que mucha gente puede pensar, no está mal. Compites a alto nivel, te dan un bonito apartamento para vivir y el resto sale solo”.

Para alguien que ganó la NBA, es un ejercicio conmovedor de humildad jugar lejos de los grandes focos y por apenas unos miles de dólares al mes. Pero para Perkins forma parte todo de una transición.

Alabanzas de sus compañeros

El regreso a la actividad profesional por tanto no es por dinero ni por nada parecido. El octavo mejor jugador en activo en porcentaje de tapones en la NBA (4,1) ha ganado cerca de 60 millones de dólares en la liga.

“Esto demuestra cuánto ama el juego y cuánto desea regresar. Ama jugar y ser un líder. Día sí y día también el ejemplo que arroja es increíble”, apuntó durante el training camp de los Cavaliers Nate Reinking, entrenador de los Charge. El valor de Perkins va más allá de las estadísticas. “Establece en el equipo una química espectacular, que también es importante”, señala Renkins.

“Trae muchísimo al equipo, simplemente con estar a su lado. Todo el mundo le respeta y todo el mundo aprende de él. Es como un entrenador en la pista, porque ha estado en cada situación que se da, por tanto él sabe todo lo que necesitas”. Palabras de su compañero John Holland, uno de los dos jugadores de los Cavaliers con contrato dual y que alterna presencias en la NBA con partidos en los Charge, al lado de Perkins.

“Aprovecho la oportunidad que tengo”, apunta Perkins sobre su regreso. “Al final, sigo jugando a un juego que amo. Intento sacar lo mejor de esta situación. Juego buenos minutos y produzco ofensivamente, cosa que no había hecho desde hace mucho tiempo. Tienes que demostrar que todavía puedes jugar y mantener el ritmo del juego. Tienes que salir y producir. A veces no hace falta decir nada porque el juego habla por sí mismo”.


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