Kwame Brown: ¿por qué fue número uno del Draft?


No sé si alguno de vosotros tiene cuota en ese ejército de frikis que se identifica por tener incrustada, tanto en la barra de marcadores como en la primera pantalla del móvil, la App de la RAE o de cualquier otro diccionario de definiciones. En mi caso se trata de algo innegociable. Envidio a todas esas personas que son capaces de leer o escuchar una palabra que ignoran (o les suena a medias) y seguir con sus vidas como si tal cosa. Tan temerarias o más que aquellas que, en los baños de los hoteles, se lavan cabeza y axilas con esos botecitos que prometen ser gel y champú al mismo tiempo. Por favor.

Sin embargo, Kwame Brown, no sé por qué, siempre ha sido la excepción. La horma ‘del saber’ de mi zapato. Más allá de ser mundialmente caricaturizado como una de las mayores chuflas de la historia del Draft, nunca me detuve realmente a intentar entender qué vio Michael Jordan en él para escogerlo por delante de Tyson Chandler y, sobre todo, de Pau Gasol y Eddy Curry, picks 2º, 3º y 4º respectivamente de un draft no precisamente parco en talento [siete All-NBA y un All-Star salieron de él, además de algunos grandes jugadores, (Shane Battier, Jason Richardson, Richard Jefferson) y otros sólidos –y míticos– en su rol (Vladimir Radmanović, Brendan Haywood, Samuel Dalembert, Jason Collins o Brian Scalabrine).

Pero no solo a Jordan hay que cargarle el peso del cadáver, pues si rememoramos el momento exacto de aquel 2001 en que David Stern anunció el nombre de Kwame como the first pick, comprobamos que el cámara no logró filmar a nadie llevándose las manos a la cabeza; ni tampoco se capturaron gritos de indignación o de sorpresa.


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