La NBA y el calendario anómalo: otras temporadas con incidencias extraordinarias

Poco o nada se sabe de lo que será de la temporada 2019-20 en estos momentos. Podría tocar reanudación cuando la crisis sanitaria amainase, pero no se maneja ese supuesto con seguridad. No se sabe cuándo ocurrirá y si en tal momento se podrá volver a abrazar la normalidad. Lo único seguro por ahora es que la Liga permanecerá en estado de coma durante los próximos 30 días (ahora ya 28), tal como anunció el mandamás, .

El jueves se reportaron informaciones sobre una supuesta intención de reanudar, cuando fuera posible, un final de curso de dimensiones reducidas. Uno que podría estirar la fiesta hasta bien entrado el verano; julio o incluso agosto. Insistimos en que no se conoce cuándo podría empezar a vislumbrarse la continuación de la temporada. Y ahora parece imposible adivinar semejante dato.

Lo que sí se sabe es que la presente campaña 2019-20 está resultando más anómala de lo que cualquier aprendiz a guionista revelación podría haber dibujado.

No es la primera vez que la Liga tiene que plegar su calendario ante circunstancias excepcionales; pero sí quizá la más bizarra.

Historia de los 82 partidos

La contempló temporadas de 82 encuentros por equipo en la añada 1967-68. Antes de eso, desde su fundación (ejercicio 1946-47), se habían repartido 60 encuentros en cada casa.

En esa primera campaña de 82 partidos, dos franquicias acababan de aterrizar: los San Diego Rockets —desde 1971 alojados en Houston— y los Seattle Supersonics.

Aquel año solo existía un total de 12 equipos en la competición. Eso significaba que para cuadrar los 82 choques, cada conjunto tenía que vérselas un total de ocho veces con los sujetos de su misma conferencia; y hasta siete con los que se encontraban en la otra punta del país. Ese valor resulta mucho más elevado que el actual: cada equipo debe disputar un total de cuatro partidos contra los equipos que se hospedan más cerca y dos ante los de conferencia opuesta.

La Liga no tardó en dar la bienvenida a más franquicias (18 hasta el día de hoy) y con ello el número de enfrentamientos directos se fue dinamizando. Lo que no se modificó fue la cantidad total de partidos que cada equipo debía disputar para dar la temporada regular por finalizada. Se quedó en 82.

En la actualidad los ritmos competitivos establecen que cada conjunto disputará un promedio de 3,5 partidos a la semana dentro de un lapso de tiempo de unos 165 días. 41 choques serán dilucidados en casa y otros tantos de gira por las Américas.

De ese modo y empezando en 1967 hasta la actualidad, cada temporada normal en la NBA siempre gastó una talla de 82 encuentros exactos. Aunque hubo excepciones, como podría terminar siendo la actual.

La presente no será la única ocasión cuyo calendario tenga que prestarse a obras de emergencia. No son muchos los casos pero en el pasado también tocó improvisar fechas de estar por casa para poder sacar adelante una temporada.

Concretamente, este fenómeno ocurrió dos veces: durante los lockout —lo que se conoce como un cierre patronal— que tuvieron lugar en las temporadas 1998-99 y 2011-12.

En aquellos casos el componente anómalo se debió a la falta de acuerdo entre los propietarios de las franquicias y los jugadores respecto a cómo repartir los beneficios que generaba la competición. En ambas situaciones, no se llegó a un acuerdo para extender el convenio colectivo próximo a caducar el 1 de julio y por tanto se paralizó la nueva temporada.

‘Lockout’ de 1998-99

Esa fue la primera vez que se suspendieron encuentros debido a un contubernio entre franquicias y jugadores. , comisionado, y Billy Hunter, representante de la NBPA, eran los cabecillas de una crisis que no se capeó hasta bien entrado el mes de enero.

Antes del acuerdo, la Liga se quejaba de pérdidas millonarias en más de la mitad de sus equipos. Por ello, quería establecer condiciones más benévolas en el nuevo convenio que debía regir las relaciones contractuales con los jugadores en próximos años. Como resultado de la falta de acuerdo, se dieron más de 200 días de cierre patronal, 264 partidos que tenían que haberse disputado y no lo hicieron y, tras el nuevo trato, se consiguió salvar la temporada dejándola en 50 choques.

Los San Antonio Spurs terminaron imponiéndose en unas atípicas Finales en las que tuvieron delante a los Knicks de Jeff Van Gundy, octavo equipo del Este en la sintetizada temporada regular.

En aquella campaña no hubo All-Star y el parón también afectó a la selección de Estados Unidos de cara al Mundial del año 1998. Como los contratos de los jugadores habían perdido validez desde el 1 de julio hasta que existiera nueva concordia, los NBA no participaron en aquella cita. A cambio, USA Basketball tuvo que congregar a jóvenes universitarios o profesionales que actuaban en Europa.

2011-12

Nuevo cierre patronal. Lo que viene a ser una huelga a la inversa. O sea, que los propietarios de los equipos suspenden la competición, por la falta de acuerdo, en lugar de que los trabajadores se nieguen a acudir a su jornada.

En esta ocasión, las franquicias de la NBA volvían a argumentar pérdidas millonarias, de 300 millones de dólares. 22 de las 30 en total decían que tenían fugas en sus fondos económicos. Por eso deseaban mejorar, de nuevo, sus condiciones en el convenio actualizado por última vez en 2005 y que tocaba renovar para seguir con el tinglado habitual.

Llegados al 1 de julio de 2011 no hubo acuerdo y, por tanto, volvió a declararse el segundo estado de excepción. La Liga deseaba reducir el porcentaje del beneficio total (57%) que los jugadores recibían por la celebración de partidos. Consideraban esa proporción muy alta y querían suavizarla para poder sanar sus cuentas.

El colectivo de jugadores aceptó la bajada porcentual pero no en los términos exigidos por las franquicias y David Stern. Así, la situación se dilató durante meses hasta que en diciembre se alcanzó el ansiado nuevo acuerdo. 161 días de parón donde algunos jugadores migraron a Europa mientras se normalizaba la situación en la NBA (Serge Ibaka al Real Madrid, por ejemplo).

Aquella temporada quedó en 66 partidos, algo más que el anterior cierre, y en ella terminaron reinando, por fin, los Miami Heat de LeBron James.

De esa manera, no es esta 2019-20 la única campaña que encontrará un enemigo en el calendario. Lo que está por ver es cómo se sortea esta vez la dificultad. Si es que se puede sortear.

(Fotografía de portada: Maddie Meyer/Getty Images)


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