Lakers: Kobe, delega y vencerás

En cierto modo, el Camp de 2012 viene a ser una actualización del Camp de 2010. El talento abunda y el mandato del “todo o nada” impera desde la primera sesión de entrenamiento.

Y por ello, también, se repite la pregunta que perseguía a Miami cuando los Heat se entrenaron en la base aérea de Florida Panhandle en octubre de 2010: ¿De quién es el equipo?

El planteamiento tiene trampa pero, aún así, alguien ha caído en ella este año como sucedió dos años atrás, y esta vez ha sido : “No quiero entrar en el ‘bueno, compartimos responsabilidades’. No. Éste es mi equipo, ¿entendido?”, fueron las primeras palabras al respecto. Aunque, en honor a la verdad, inmediatamente matizó: “Pero quiero asegurarme que sea el de cuando yo me retire”.

Los Heat afrontaron la cuestión de otra forma en 2010, afirmando que ese no era el equipo de nadie, y sí de , y a partes iguales. El concepto en sí fracasó en manos de Mark Cuban y sus Mavs en las Finales de la primera temporada del Big Three como unidad. Tanto, que algo cambió drásticamente en el Año 2 de James, Wade y Bosh en los Heat.

Dwayne Wade dio un paso atrás. Clara e irremediablemente. La hasta entonces estrella del equipo, un jugador que, en esencia, tenía el rol que Kobe tiene ahora que empieza una nueva era en L.A., detectó que no hay mejor manera de adaptar a una nueva estrella en tu equipo que darle aquello que más hará que se adapte: las llaves de los sistemas ofensivos.

Así que Wade se las dio a James, y James le dio a la franquicia (y a Wade) un nuevo anillo.

Nada fácil para Dwayne Wade aceptar dar ese paso. Las grandes estrellas del deporte profesional que, honestamente y siempre, piensan en el bien del conjunto antes que en su propio bien, siguen siendo una entre un millón. Pero lo acertado y meritorio de la decisión de Wade está no tan solo en el Larry O’Brien Throphy que para siempre más estará en las vitrinas del American Airlines Arena de Miami, sino también en el MVP que LeBron James logró la temporada pasada, tanto en temporada regular como en las Finales.

Así que la dolorosa transición personal de Wade puso a los Heat en una situación mejor, además de fortalecer el brillante futuro a medio plazo de la franquicia con un jugador más joven y, aunque parezca mentira, todavía capaz de rendir a mejor nivel que el mostrado hasta el momento. Ya sabéis, algo parecido a lo que se puede decir de Dwight Howard o, al menos, lo que los Lakers esperan que se pueda decir.

Existe, sin embargo, un elemento clave diferente en la nueva jerarquía a la que se deberían enfrentar estos nuevos Los Angeles Lakers: por muy fea que se pusiera, que se puso, la primera temporada de James en Miami, Bron tenía un nuevo contrato de largo recorrido, sin cláusula de salida durante cuatro temporadas, concretamente. Howard, sin embargo, no tiene compromiso alguno con Los Angeles una vez termine este curso, con las misteriosas nuevas normas sobre extensiones de contratos o limitaciones financieras que incluye el Convenio Colectivo firmado en 2011 casi forzándole a salir a la free agency en el verano de 2013.

Esta es la razón por la que, si el propio Kobe cree que el futuro de la franquicia laker pasa por Dwight Howard como center, Bryant deberá empezar a compartir responsabilidades en ataque con él desde el principio.

En 2010, en Miami se juntaron tres jugadores de la misma draft class, en el mismo momento de sus carreras. En 2012, en cambio, en L.A. se juntan un jugador todavía (se espera) con su mejor momento por llegar (Howard), otro cuyo mejor momento ya pasó pero aún capaz de demostrar que es uno de los mejores tres jugadores de la Liga (Bryant), y finalmente otro en los últimos (y todavía vigorosos) coletazos de su andadura profesional (Nash). No es lo mismo.

Así que si Kobe no empieza a delegar (también) en Howard este año, ¿cuándo lo hará?.

Es bien sabido que un jugador del talento, autoexigencia y competitividad que tiene Bryant, como sucedía con Michael Jordan, tiende a pensar que está en su mejor momento de juego mientras siga en activo, pero eso es falso. Sirva el ejemplo de Wade: la decisión de dar un paso atrás en “su” franquicia ha tenido daños colaterales irreparables (reputación inferior, caída en las estadísticas, peores ratios… si hasta su acuerdo con las Jordan Brand se ha acabado rompiendo). Pero resulta que, a cambio, tiene un segundo anillo de campeón en su mano, algo difícilmente imaginable cuando los Heat estuvieron 4 años sin ganar una eliminatoria de Playoffs desde que en 2006 ganaran el título.

La última tendencia de las superestrellas NBA de cambiar de aires cuando ven que en sus anteriores conjuntos ya no pueden liderar, no aplica para Kobe. Bryant, como Magic, Worthy o West, no se moverá de los Lakers, pero eso no significa que no se equivoque si quiere seguir acaparando todo el único protagonismo de su equipo en ataque. El camino del éxito de jugadores ya en sus últimos buenos años de baloncesto en Los Angeles lo marcan Chamberlain, Abdul-Jabbar o McAdoo, delegando todos carga ofensiva en esa última época.

Como Phil Jackson ha declarado recientemente sobre la cuestión: “debes hacer sentir a Howard que es parte vital del proyecto desde el día uno”. Amén.

Evidentemente, estos ya no son los Lakers del Maestro Zen y sí siguen siendo los de Kobe Bryant. Pero de las intenciones de éste último en cuanto a involucración de sus compañeros dependen, no tan solo las aspiraciones de su equipo en post-temporada y su ansiado sexto anillo, sino también, y quizá más importante, las decisiones de Dwight Howard en cuanto a dónde desarrollar sus mejores años de baloncesto.





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