Lonzo Ball, de principe a artesano en el reino de LeBron


“La nueva cara de los Lakers, el tipo que nos guiará a donde queremos ir”. Esta frase podría haberse escuchado en la presentación de LeBron James con los Lakers sin que nadie lo viera exagerado. Pero Magic Johnson no lo dijo en su honor, sino en el de Lonzo Ball un año antes. Tras ser seleccionado como número 2 del draft, el base salido de la cercana UCLA era encumbrado como el príncipe que iba a devolver a los Lakers a la gloria.

En 2018, la cara de la franquicia es LeBron James. La gran esperanza joven es ahora Brandon Ingram, beneficiado por una espléndida pretemporada. Y Lonzo Ball ha pasado de aumentar más sus expectativas con una memorable Liga de Verano de 2017 a perder ya la titularidad en los Lakers en beneficio del más experto Rajon Rondo.

En medio, las incontables bravuconadas de su padre, el triple-doble logrado más joven de la historia superando al propio LeBron James, lesiones, un tiro exterior tan atípico como desconcertante en su irregularidad, más lesiones, partidos de genio alternados con otros mediocres, y un desgarro de menisco que le hace visitar el quirófano en verano.

De la luz a la sombra

La llegada de la estrella más brillante de la liga ha dejado ahora a Lonzo Ball a la sombra, especialmente sin que el deslenguado LaVar Ball haya intervenido en los últimos meses para devolver el foco a su hijo. Todo antes de un segundo año en la NBA que puede ser crítico para su carrera.

Consciente de que su frágil físico para el estándar NBA puede pasarle factura a menudo, Lonzo Ball aprovechó su rehabilitación para ganar músculo. El objetivo fundamental fue fortalecer su cuerpo no necesariamente para mejorar su juego, sino su durabilidad. El base se perdió 30 partidos por lesión en su año de novato, y los Lakers (24-28 con él, 11-19 sin él) fueron peor equipo en su ausencia.

Pese a su complicado debut profesional, hubo suficientes destellos para mantener la fe en Lonzo Ball. Su capacidad de pase le llevó a ser el noveno jugador con más asistencias por partido de la temporada, con 7,2. Y solo dos veteranos del lustre de Chris Paul y, precisamente, Rajon Rondo, le superaron en asistencias promediando menos pérdidas de balón. Además, también rozó el Top-10 de la liga en robos de balón con 1,7.

Controlando expectativas

Esto fue suficiente para meterle en el segundo mejor quinteto de novatos de la liga, pero supo a poco por las expectativas creadas. Este año, la situación es diferente. Sin Liga de Verano para lucirse, con su padre más preocupado por sus hijos pequeños y con ese imán de atención que es LeBron James a su lado, Lonzo Ball debutó el miércoles en pretemporada casi en secreto.

En sus dos enfrentamientos ante Golden State, el base fue eficiente. Una palabra aburrida que no vende zapatillas, pero que explica bien lo que Lonzo Ball puede ser hoy separando las expectativas de la realidad.  No hubo en su juego un tiro inexplicable o un pase sin sentido, mostrándose a la vez siempre activo en defensa y cómodo en el trabajo sucio. A la vez, tampoco hubo ninguna fantasía en sus asistencias, algo reservado en estos primeros partidos de fogueo a LeBron James.

Todo es susceptible de cambiar en cualquier momento. La necesidad de vender BBBs puede embravecer a LaVar Ball y crear una tormenta en los Lakers con su hijo de epicentro. Y el propio Lonzo Ball puede volver a encontrarse demasiado cómodo en cancha, confiando más en su tiro de lo que debería en ocasiones. Y donde manda LeBron James, jugar sin cabeza se paga caro.

Pero el crecimiento de Lonzo Ball va a llegar desde los fundamentos, midiendo cada decisión, cada pase y cada tiro con precisión artesana. Y para ello tiene a dos de los mejores modelos posibles en LeBron James y Rajon Rondo. Las cámaras están ahora apuntando a otro lado y la cara de los Lakers está sobre otros hombros. Potencialmente, el mejor regalo posible.


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