Los Thunder no son lo que pensabas… y quizás no les haga falta serlo

La primera reacción al conocer que Russell Westbrook, Paul George y Carmelo Anthony iban a jugar juntos en Oklahoma, la más instintiva de todas, posiblemente fuese imaginar la creación de un ataque dominante. Más allá de problemas en la gestión de balón, juntar a tres máquinas de anotar debía derivar en una estampida ofensiva. Puntos por castigo. Imaginarlo era natural y de hecho los 77,7 tantos por encuentro que promediaron entre los tres el curso pasado no hacían más que alimentar esa idea.

En paralelo, sin embargo, la realidad sugiere un camino diferente.

Y lo hace no tanto por el hecho de que a los les esté costando arrancar, algo en cierta medida entendible para un equipo diferente y con roles muy relevantes por ajustar, ni siquiera por la circunstancia de su duro récord negativo contra el Oeste (2-6) o el fatídico ante su propia División (0-5). Lo hace especialmente porque los Thunder no son ese perfil de equipo. Y, más allá, porque su éxito ni siquiera depende directamente de que logren serlo algún día.

Oklahoma era y es un bloque construido para dominar desde la parcela defensiva. Para amordazar y no fluir. Para destruir rivales, no para construir virtuosismo. Y como tal se comporta, a la espera de que su ataque, obligado a la heroicidad como rutina por parte de Russell Westbrook la última campaña, vuelva a la normalidad. Sin embargo ese escenario ofensivo normal, en su caso, no tiene por qué derivar en dominio. Su capacidad de sometimiento en mayo ha de nacer de otro lado. Ha de llegar atrás.

Es una cuestión de estructura. El equipo que en su día gobernaron Westbrook y Durant, absorbiendo volúmenes de uso ofensivo salvajes, posee automatismos casi insalvables que le hacen atacar de un modo muy determinado. En su caso, mostrando el apogeo de un sistema ofensivo vertical. Y así la honesta idea de Billy Donovan a su llegada, consistente en generar un clima saludable de circulación de balón y buenos tiros, fue eclipsada rápidamente por la tozuda realidad que imperaba desde la etapa de su predecesor, Scott Brooks: un equipo con semejante desequilibrio individual apenas necesita circular para castigar y, como consecuencia, acaba haciéndolo cada vez menos.

El ejemplo de los Warriors resulta utópico —casi injusto— para el resto, no sólo por niveles de talento sino por cómo interactúa ese talento. Golden State es un equipo generacional, una aguja en el pajar capaz de generar secuencias brillantes de movimiento con y sin balón incluso teniendo bombas atómicas en lo individual, como Curry y Durant. Para el resto de equipos la vida trata de ser mucho más simple: si tengo un poder, lo exploto. Y si puedo explotarlo cada vez, aunque sea repitiendo siempre las mismas secuencias, lo hago. Darwin aplicado a la supervivencia competitiva.

Secuencia clásica ofensiva. Se busca el bloqueo para emparejar a Westbrook con un interior rival. Sus compañeros se abren… y él ataca:

No es casual que equipos de élite, en teoría plagados de recursos, acaben entregándose casi por completo a lo que generan hombres como LeBron James, James Harden, John Wall o Chris Paul. Como tampoco es casual que Cavs, Rockets, Wizards o Clippers pasen (pasasen, en el caso de los angelinos) a ser el día y la noche según el rendimiento de sus machos alfa. Cuando un equipo cuenta con una respuesta comodín a todos los problemas, acaba siendo preso de ella. En lo relativo a los Thunder, tanto Westbrook antes como George y Anthony ahora plantean soluciones individuales a múltiples escenarios colectivos.

El efecto en Oklahoma es bien conocido. No hay equipo actualmente en la que circule menos el balón que los Thunder, así como tampoco conjunto que recurra más al aclarado (situaciones de uno contra uno) que ellos. Sin embargo el dato, contundente por sí mismo, no viene solo. Y es eso lo crucial.

TemporadaPases OKC / Pos. NBAMedia pases NBA
2017-18258 / 30º296
2016-17260 / 30º299
2015-16264 / 30º303

El sistema no conocía, ya con Durant, una cultura del pase. Esencialmente por dos motivos: el primero es que normalmente no la necesitaba. Sus estrellas apenas requerían un bloqueo a siete metros para generar un tiro (propio o ajeno) pocos segundos después. El segundo motivo es que resulta extremadamente difícil implantar esa cultura colectiva cuando tienes jugadores que resuelven tan fácilmente por sí mismos. Todo sistema tiende a lo simple.

Los Thunder fueron el duodécimo equipo que más usó el aclarado el curso pasado (7.7% de sus jugadas), pero también estuvieron en el top 10 hace dos (8.2%). Era ya un recurso normal. Y así no extraña que ese dato se dispare al 12.8% esta campaña, porque la costumbre existente ya entonces ha sido hormonada ahora con las llegadas de Paul George y Carmelo Anthony.

Ambos, junto a Westbrook, han estado entre los trece jugadores de la NBA que más posesiones de aclarado han usado por encuentro los dos últimos años. La última temporada (2016-17), Westbrook fue segundo, Anthony tercero y George undécimo. En otras palabras, era parte relevante de su estilo. Ahora, todos juntos y en una estructura que acoge esa opción de forma natural, resulta muy complejo erradicar el vicio.

Los Thunder no circulan el balón y durante el último lustro representan el gran paradigma de ataque vertical de la NBA, uno consistente en sistemas rápidos que promuevan desequilibrio individual de un jugador mientras el resto espera abierto únicamente para ejecutar. Uno manda, el resto mira. Más allá de filias o fobias, es su idea. Pero no es precisamente una nueva.

Oklahoma no es el ataque que esperabas que sea. Y posiblemente, por una simple cuestión de forma, ni tiempo ni rutinas le hagan serlo. Sin embargo tal circunstancia no necesariamente invalida su candidatura. Un ataque puede responder actuando de esa forma.

Su (gran) poder, y a la vez su esperanza, radica en otro sitio.

El mal récord global de inicio no debe volver invisible su muestra defensiva. Por pequeña que aún sea (que lo es), no deja de ser sugerente. Sólo Boston está defendiendo mejor que los Thunder porque, incluso estando por formar, es ahí donde se encuentra su verdadero potencial. Toda candidatura de la franquicia en la fase final pasa por la excelencia defensiva y, con más detalle, replicar el modelo que tuvo contra las cuerdas (1-3) a los Warriors en mayo del año pasado.

El despliegue físico del combo Roberson-George-Adams resulta devastador, porque a su tamaño unen envergadura y conocimiento defensivo. Son altos, largos, rápidos de pies y de manos, inteligentes sobre el balón y aplicados sin él. Material de telaraña. Y si bien la versión atrás de Westbrook dista hoy de la corrección, abonado por exceso a atacar líneas de pase y creando huecos cuando falla, su potencial atlético –quizás el mayor visto en un base en la historia- permite dibujar un esquema de ayudas que, a medio plazo, ahogue todo espacio rival.

A pesar de la presencia de Carmelo Anthony como potencial foco problemático atrás y en cierto modo como elemento a cubrir, la estructura de los Thunder asoma las primeras semanas de curso insinuando dominio, aquí sí dominio, en cuatro situaciones defensivas clave:

EstadísticaPos. NBADato permitidoMedia NBA
T334,2%36,2%
Zona restringida61,5%65,2%
Pick&Roll manejador0,72 pts/pos0,82 pts/pos
Aclarado0,85 pts/pos0,90 pts/pos

Los Thunder están siendo capaces de nublar porcentajes rivales en áreas vitales (tiro de tres y cerca del aro), conteniendo la acción primaria de cada ataque (el pick&roll en el que el manejador de balón trata de desequilibrar) y de paso reducir el impacto del uno contra uno. Una nómina terrorífica que, unida a su estructura, plagada de versatilidad y hombres intercambiables, ofrece su verdadera imagen: potencial ogro defensivo. Es eso lo que es.

Entre toda la baraja, a falta de la evidente mejora que ha de producirse cuando los nuevos comiencen a generar hábitos defensivos por conocerse mejor en pista, sólo surge un enigma. Uno que, no obstante, tiene tal entidad que podría producir dos escenarios bien distintos: o proyecta toda la obra o amenaza con derrumbarla.

Se trata del rebote.

Durante los últimos seis años Oklahoma ha sido uno de los cinco mejores equipos de la Liga en ese apartado. En los dos más recientes, directamente el más poderoso de todos (54,7% de capturas en el curso 2015-16 y 53,7% en el 2016-17). Sin embargo los formatos predilectos hoy son otros, la apuesta por la versatilidad tiene consecuencias a nivel de tamaño y posibilidades interiores. Los Thunder juegan más pequeño y han perdido rotación dentro. Y ahí aparece la duda.

El equipo ha comenzado la campaña con el décimo peor dato de rebote de la NBA (49,1% de capturas), llegando a ser el cuarto peor en su propio aro (74,5% de rebotes defensivos). Ese apartado, el de controlar los tableros, ha sido esencial para proyectar el poder del equipo de Donovan y hacer efectivas sus posibilidades defensivas antaño. Hoy aparece inestable.

Si bien el cinco inicial, con Westbrook-Roberson-George-Anthony-Adams, obtiene grandes datos, todos los demás formatos se derrumban. Y en el caso de Adams la situación no es reversible: le necesitan todo el tiempo en pista. Los Thunder capturan el 52,5% de rebotes con él sobre la cancha pero sólo el 44,7% sin él, equivalente al (abismalmente) peor dato de la Liga.

Tanto Westbrook como la baraja de aleros (Roberson y George) contribuyen en el rebote defensivo pero la estructura parece suplicar un paso adelante también de Anthony para estabilizar la lucha bajo los aros. Es justamente el nuevo rol de Carmelo la circunstancia que más parece condicionar qué vaya a suceder con los Thunder este año.

Su función como ejecutor y relevancia en el clutch llegado el momento clave del calendario parece fuera de duda. Carmelo abierto para tirar es una puñalada para el rival. Pero los Thunder no necesitan tanto esas opciones como otras que de verdad podrían disparar el potencial colectivo, unas enfocadas a reforzar el gran argumento competitivo que pueden presentar en un Oeste como siempre cargado: su capacidad de destruir la ofensiva rival. Carmelo deberá integrarse y responder ahí, formar parte de la telaraña que entre Roberson, George y Adams deben gestar los próximos meses bajo la supervisión de Donovan. Es ese, dentro de lo defensivo, el gran reto.

Es por ello, al final, por lo que Oklahoma vive desde el inicio un proceso de falsas apariencias. Y por lo que todo su tonelaje ofensivo, en realidad concentrado en puro desequilibrio individual, es sólo la punta del iceberg. Lo que sostiene su verdadera fuerza, escondiendo su candidatura, se encuentra debajo. En su caso, atrás.

Los Thunder no son lo que pensabas.

Y de cara a culminar su proceso de crecimiento con vistas a mayo, su único objetivo, quizás no les haga falta serlo.


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