NBA 2012-13: jugadores a examen

A este nivel, un jugador NBA debe tener confianza ilimitada en sí mismo y creerse siempre superior a sus oponentes si el objetivo es el éxito personal y colectivo. Desde fuera, sin embargo, parece una locura que, por decir uno, DeShawn Stevenson se considere mejor jugador que LeBron James. Pero así debe ser y, de hecho, así es en la gran mayoría de jugadores de la Liga.

Después, la realidad pondrá a cada uno en su lugar. Mientras tanto, el argumento inicial se complica cuando no tan solo uno mismo espera lo máximo de sí, sino que, y por muy distintos motivos, son también los fans/mass media de la NBA los que ponen todos sus ojos sobre tí para que realices una buena campaña. Presión externa, se llama. Y algunos jugadores deberán convivir con ella de forma superlativa durante la próxima temporada 2012-13.

(): En los 25 encuentros en los que Lin salió de titular el año pasado en New York, sus promedios (18,2 puntos, 3,7 rebotes, 7,7 asistencias y 2 robos) le llevarían esta temporada al All-Star Game de ser Lin capaz de igualarlos en Houston. Pero dos principales razones invitan a pensar que esto no va a ser así.

La primera es que, tras el imborrable impacto estadístico de sus primeras apariciones, él mismo sesgó su rendimeinto en las últimas. De hecho, 13,6 puntos, 3,6 rebotes, 5,9 asistencias, 1,3 robos y 3,9 pérdidas, son sus más realistas números en los últimos nueve partidos como titular, anotando tan solo el 39,1% de los lanzamientos intentados. Y la segunda es que es ésta una Liga de constantes ajustes y, una vez los contrarios digerieron el fenómeno Linsanity que arrasó con el planeta el pasado mes de febrero, y fueron capaces de aprender a pararle en pista, su producción se resintió.

Ahora que en los Rockets el nivel de sus compañeros se antoja inferior al que tenía en la Gran Manzana, llega la hora de ver de qué pasta está hecho, en realidad, Jeremy Lin.

(): El polaco podrá siempre decir que la temporada 2011-12 fue la mejor de su carrera deportiva. 15,4 puntos, 10 rebotes y 1,5 tapones por encuentro así lo atestiguan. Podrá o no él mismo mencionar que sus canastas llegaron todas desde cerca (o muy cerca) del aro. Pero no olvidará jamás (lo mencione o no) que el 79,6% de las canastas anotadas por Gortat este pasado curso provienen tras asistencia.

Estamos pues, ante un jugador incapaz de crearse sus propias canastas (valga como referencia aquí que el 44,4% de las canastas de Kobe Bryant en la temporada anterior fueron tras asistencia). Pero, más que cualquier otra consideración, estamos ante un jugador cuyo rendimiento va a estar constantemente sometido a examen ahora que Nash ya no comparte su vestuario.

Y no se trata de menospreciar a Goran Dragic, pero éste no es Steve Nash. Dragic mejora a Nash a la hora de crearse sus propios ataques, pero esto perjudica a Gortat. No se espera otra cosa que su número de rebotes pueda aumentar, al tiempo que el de puntos disminuya.

(): Da pánico en Chicago darse cuenta que estos Bulls deben apoyarse en este Boozer para dar estabilidad al equipo mientras Derrick Rose no vuelve de su grave lesión.

Y es que el declive estadístico de Boozer desde su llegada a Chicago es un hecho irrefutable. En la temporada 2009-10, su última en Salt Lake City, C-Booz promedió 19,5 puntos, 11,2 rebotes, 3,2 asistencias y 1,1 robos por partido disputado. Desde entonces, sus puntos, rebotes y asistencias no han hecho otra cosa que disminuir de forma alarmante. Puede que su propia justificación sea que en los Bulls juega menos minutos, pero eso será antes de observar que sus números medios, trasladados a 36 minutos de juego, siguen el camino cuesta abajo también.

Pero lo peor quizá sea su defensa. Un dato revela su personal catástrofe: la temporada pasada, mientras Boozer estuvo en pista, Chicago permitió 102,2 puntos en contra por cada 100 posesiones. Con Boozer en el banco, sin embargo, fueron 93,6. Un de ninguna forma justificable diferencial que todo parece indicar que no se aminore a no ser que Boozer aumente su rendimiento. Todos seremos testigos de lo que acontezca.

(): Paul Pierce ha sido el pilar sobre el que se han apoyado los Boston Celtics desde que éste llegara a la NBA en 1998. Pero serán ya 35 los años con los que el jugador afronte esta nueva campaña, en una situación en la que saber dar un paso atrás será lo más beneficioso para los C’s.

Dicen que lo más duro para este tipo de atletas profesionales que han sido líderes de alguna organización durante tanto tiempo, es autoconvencerse de que ha llegado el momento de delegar el control de la misma. Y ese, más que cualquier otro, es el reto al que Pierce se somete este año: admitir que, pudiendo todavía aportar mucho, su figura representa el pasado de la franquicia. Su futuro, el de los Celtics, está en manos de Rajon Rondo.

La temporada 2011-12 ha resultado ser una de las más sólidas de Pierce en lo que a defensa se refiere. Pero también la más pobre en porcentajes de acierto ofensivo desde que Garnett y Allen se unieron al proyecto verde. Su edad, como sucede con Kobe Bryant, le obliga a ir aumentando paulatinamente su ratio de tiros exteriores en contra de los interiores, así que estar acertado es ahora, si cabe, más determinante de lo que un día fue.

(): Los Thunder estuvieron hace tan solo unos pocos meses a las puertas de la grandeza. Y a tan alto nivel deportivo como son unas Finales de la NBA, cierto suele ser que, a menudo, la diferencia entre ganar o perder se encuentra en los más pequeños detalles.

Uno de los más importantes en este punto, resultó para Oklahoma City que Kendrick Perkins pasara de un ratio de efectividad de 9,1 en la temporada 2010-11, a uno de 8,7 en la 2011-12. Más allá incluso de ser Perkins un factor a descartar en el ataque de su equipo.

Estar más tiempo en el banquillo del que probablemente él mismo espera esta próxima temporada será una dura prueba mental para Perkins. Pero cada vez más cuesta imaginarse a Scott Brooks confiando en Perkins mientras éste proponga tan horrorosos números en pista. El curso pasado, 6,8 puntos por partido durante la regular season, por 4,7 durante los Playoffs.

Además, su facilidad por perder el balón le condena sobremanera. ¿O no es como para pensárselo el poner en pista a un jugador que pierde uno de cada cuatro balones que toca? (El 27,5%, concretamente, el curso pasado). Números muy malos para un guard, pero remarcablemente terribles para un center. Y lo que es peor, para el center titular de, oficielmente, el segundo mejor equipo de la NBA.





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