El Paul Millsap prometido

Ese complemento perfecto del que tanto hablamos en el verano de 2017.

La historia que os voy a contar hoy es una de mis favoritas del momento. Por lo que ha costado su llegada (casi dos años…) y por lo que puede significar para una de las franquicias que mejor ha trabajado durante toda la temporada.

El 13 de julio de 2017, firmó tres años y 90 millones de dólares con los Denver (el último, la temporada que viene, es opción de equipo). Una barbaridad anual en una agencia libre que, si bien no llegó a la fiesta del dólar que fue la de 2016 (aquel verano se firmaron algunos de los peores contratos de la historia de la ), aún daba coletazos de grandeza. Pero era un contrato corto en un equipo muy joven. Un contrato que podía expirar antes de que tocara renovar a la generación de 2016 (Murray, Juancho, Beasley). Una barbaridad controlada.

Aquel movimiento tenía que significar el paso hacia delante definitivo de los Nuggets. Era el fichaje que transformaría al equipo en una potencia del oeste. Hablábamos maravillas de la pareja Jokic-Millsap sin que hubieran jugado un solo minuto juntos. La movilidad, sus recursos, su comprensión del juego… ¿El mejor juego interior pasador de toda la NBA? Era un proyecto ilusionante, en el que la experiencia de Millsap ayudaría al elenco de jóvenes a dar el siguiente paso competitivo. Y creo que así está siendo, pero casi dos años después. Y con muchísimos matices: hasta ahora casi han ayudado más los Nuggets a Millsap que Millsap a los Nuggets. Pero la balanza ya ha cambiado.

Las primeras pruebas no fueron buenas, llegaron las lesiones (solo jugó 38 partidos la temporada pasada) y se habló incluso de problemas de compatibilidad. Sobre el papel no tenía ningún sentido, pero las sensaciones sobre la cancha contaban otra historia.

Desde entonces, la película ha ido cambiando con el paso de las jornadas. Sin la regularidad necesaria, pero dando pequeños avisos a toda la NBA. Cada vez estaba más cerca el momento que llevábamos esperando desde aquel 13 de julio de 2017. Y creo que ya ha llegado: Paul Millsap, el de verdad, ha aterrizado en Denver casi dos años después.

Por fin

Ahora sí. Ahora tenemos sobre el parqué aquel juego interior del que hablábamos cuando los Nuggets cerraron su fichaje. Movilidad, IQ, daño dentro/fuera (entiende los espacios, los cortes…), rebote, recursos, continuidad en el movimiento de balón, gran pasador… Millsap se ha convertido en una extensión del juego de . Un apoyo constante; un complemento perfecto. Una pieza que encaja como creíamos que podía encajar en el balón-dominante juego interior (ayer los tres máximos asistentes del equipo fueron Jokic, Millsap y Plumlee) de estos Denver Nuggets. Y aún no ha llegado la hora de la verdad.

Los de Colorado son segundos en el oeste, empatados (ojo a esto) con los tras los resultados de la jornada de ayer. Temporada verdaderamente impresionante, para quitarse el sombrero. Mérito tremendo tanto de la joven plantilla como de un cuerpo técnico que ha resuelto todo tipo de problemas (uno de los equipos con más lesiones en la primera parte de la temporada) y que siempre ha sabido encontrar héroes (las columnas de Juancho, de Monte Morris o de Malik Beasley). Pues bien, ahora le toca a Millsap.

Llegó la hora

Su experiencia, que podría/debería ser diferencial en playoffs para un equipo tan joven, ya está dando sus primeros golpes: bandeja ganadora contra Indiana, 33 puntos (season high) ante Dallas, 3+1 decisivo para cerrar el partido de ayer en Boston… En fin, que por fin estamos viendo al Millsap que esperábamos. No los números, que en su caso dan absolutamente igual (entiende lo que ocurre sobre el parqué y ejecuta más o menos según las necesidades del equipo). Sino las sensaciones, el juego.

“Mr. 4th quarter”, le llamaba ayer el narrador de los Nuggets. Ahora sí. Ahora podemos decir que Paul Millsap ha llegado a Denver.

(Photo by Matthew Stockman/Getty Images)


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