Un motor muy especial

Electricidad, talento, evolución y liderazgo.

Tras un año de adaptación a la NBA en el que nos enseñó velocidad, talento, ganas y carácter con cierto déficit de control que solo puede arreglar la experiencia, De’Aaron Fox ya se ha convertido en el indiscutible líder de los sorprendentes Sacramento Kings.

Ayer, en un encuentro marcado en el calendario ante la gran sensación del último draft, el esloveno Luka Doncic (que estuvo fantástico también: 28+6+9), Fox se llevó un triunfo importantísimo. Anotó 28 puntos (los mismos que Buddy Hield) y volvió a demostrar que es uno de los mejores jugadores jóvenes (y de los más especiales sin duda) que podemos ver a día de hoy en la NBA.

Eléctrico era el adjetivo que más me gustaba para definit a Fox en college. Su año en Kentucky junto a Malik Monk fue un maravilloso aperitivo de lo que ahora mismo tenemos por delante. Un aperitivo que solo contaba parte de la película.

Si me pidieran dos palabras, probablemnte diría electricidad y carácter. Pero sería injusto hablar del actual De’Aaron Fox sin subrayar los instintos, los recursos, las manos y una toma de decisiones que ha evolucionado exponencialmente día tras día desde que entró en la Liga. Quizás es ese el apartado de su juego que más ha crecido junto con la visión de juego. Y quizás eran las dos dudas más importantes que había en su año de college. Eso y el lanzamiento exterior, que ahora ronda el 40% de acierto. Su evolución está siendo verdaderamente increíble.

Es el coast-to-coast en cuestión de segundos, el crossover, la parada en seco para su tiro de cuatro/cinco metros (con o sin tablero), el manejo de balón en uno contra uno (mejora cada día en el pick&roll), la aceleración (electricidad) para sacar ventajas, la visión que crece, las finalizaciones tras contacto, las bombas, semiganchos y demás en las cercanías del aro (uno de mis tiros favoritos: tremendamente difícil de ejecutar; más complicado si cabe de defender)… Es todo eso dentro de un físico que vuela y una mente que no para. Es el motor de estos nuevos y divertidos Kings. Un motor muy especial. Y con él ha evolucionado su equipo.

Los Kings han pasado de ser el equipo más lento de la competición a ser el segundo más rápido (por detrás de los Hawks). Y han pasado de ser el equipo que menos anotaba a ser el cuarto que más puntos pone cada noche en el marcador. Fox es el motor, la chispa que enciende el fuego. Detrás, una temporada fantástica de Buddy Hield (ambos están en números de Jugador Más Mejorado), el Cauley-Stein menos errático, los triples (y los espacios…) de Bjelica, la proyección de Marvin Bagley III (lesionado y perseguido por el nivel de Doncic… De eso hablaremos otro día), la experiecia de Shumpert (tampoco estuvo ayer), el conocimiento y la constancia (más allá de los números) de Bogdanovic, las posibilidades que ofrece Jacksonl, la oportunidad que parece está aprovechando Yogi Ferrell… En fin, que a Joerger le están saliendo muchísimas cosas bien (aunque aún falta mucho atrás…). Y que casi todas empiezan en Fox. Y a la carrera.

Del base de los Kings siempre han calado más las sensaciones que los números. No eran los puntos, sino cómo atacaba. No eran las canastas, sino cuándo y cómo las conseguía. Pero esta temporada va tan sobrado que destaca también en lo segundo.

Para que os hagáis una idea, y ya que ayer jugó contra otro joven que también combina sensaciones con líneas estadísticas reservadas para los más privilegiados, Fox, que aún tiene 20 años, es el único jugador de la NBA que promedia al menos 18 puntos y siete asistencias sin haber cumplido los 28 (!!!). ¿Sabéis cuántos jugadores promedian 18+7 en la actualidad? Exactamente seis: James Harden, LeBron James, Russell Westbrook, John Wall, Jrue Holiday y, sí, De’Aaron Fox.

De todos ellos, el ex de Kentucky tiene el mejor porcentaje en los triples (aunque es el que menos lanza), el segundo mejor en los tiros, el tercero mejor True Shooting y el tercer mejor récord de equipo. No intento decir que esté por encima de nadie, pero sí que está ahí, llamando a la puerta. Y que está haciendo un baloncesto de muchísimos quilates.

(Fotografía de Christian Petersen/Getty Images)


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