NBA: nueva Edad de Oro

ya tiene un anillo. Los de Oklahoma City ya han probado el sabor amargo (unas Finales perdidas) que sirvió justamente de vitamina a los el pasado año. Y tiene ahora un par de nuevos e históricos compañeros de equipo.

A menos de un mes para que empiece la regular season y con los training camps ya a pleno rendimiento, esta temporada NBA tiene los ingredientes necesarios para convertirla en algo cercano a la leyenda. “El Renacimiento” de la Liga, fechado en julio de 2010, cuando Bron decidió llevarse sus talentos a South Beach desencadenando ríos de ira allí por donde él o su nuevo equipo pasaban, se ha transformado ya en la “Edad de Oro” de la Liga, digna sucesora de lo que sucedía en la NBA de los ’80, cuando un montón de narrativas sobre jugadores se agrupaban a la perfección, capturando el imaginario de todo un país.

Como Magic y Bird, James y   son jugadores que trascienden de sus respectivas posiciones, jugadores que hacen del juego del baloncesto algo extremadamente bello, y jugadores tan peligrosos que son capaces, por sí solos, de llevar a sus equipos hasta la consecución de campeonatos. Como Magic y Bird, puede que Bron y KD se encuentren algunas veces más en unas Finales durante esta década, construyendo así una rivalidad entre ellos mismos y sus equipos que les convierta en leyendas. Como Magic y Bird.

Excepto que, ahora, existe un tercer equipo capaz de hacerles sombra en tan advertida supremacía.

Como los Sixers de 1983, los actuales tienen talento suficiente como para convertirse en uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Aquel año, en Philadelphia, Moses Malone se unía al mismo roster en el que ya figuraban Julius Erwing, Mo Cheeks, Bobby Jones o Andrew Toney. Ahora, además de Kobe, son , , y los que forman un quinteto ya para recordar. Y sean o no capaces de cubrir con las altas expectativas que sobre ellos se han generado (la edad de Kobe o Nash o la falta de madurez de Howard pueden ser aquí barricadas insuperables), su historia será más absorbente e irresistible que cualquier otra.

Buenas notícias para la NBA como negocio, sin duda. Recientemente se han firmado algunos nuevos contratos televisivos (el de los propios Lakers con la Time Warner Cable de proporciones mastodónticas), viniendo, como veníamos, de una temporada post-lockout que ya fue muy apetecible a nivel de ratings de las principales cadenas con derechos sobre la competición.

Que se lo pregunten a la TNT, con un récord de más de 2,5 millones de espectadores de media la pasada temporada regular. O a la ABC, con 5,4 millones de media, también récord. O los más de 5 millones de televidentes que la TNT cosechó de media por partido de Playoffs. O el 25% de aumento que cosechó el seguimiento de la NBA en ESPN respecto al año anterior. Por no hablar de las dos últimas Finales, ambas en el ranking de las cinco más vistas de la historia.

Pero es que se espera que para esta temporada que ahora comienza (desde el principio y hasta los Playoffslos datos sean todavía mejores. Historias que se nos harán tan comunes como apasionantes: los Heat buscando repetir, los Thunder la redención, los Lakers tratando de convertir potencialidades en realidades, los nuevos Nets de Brooklyn retando desde el primer día a los Knicks por el control de los focos nada menos que en New York… y tantas otras de Boston, San Antonio, Clippers, Bulls, etc.

Podemos decir lo que queramos de David Stern, pero la actual NBA ha necesitado menos de una década desde la retirada definitiva de Michael Jordan para levantarse de sus propias cenizas, y volver a ser un producto altamente atractivo, un escaparate donde millones de ojos del mundo, en cada instante, ponen su atención.

Thunder, Lakers y Heat son equipos lo suficientemente buenos como para tratar de buscar su propio camino hacia la historia y, al mismo tiempo, como para derrumbar las historias de los otros dos.

LeBron James, inevitablemente, inicia ahora su particular intento de convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos. Kobe Bryant, por su parte, buscará consolidar su lugar en el trono del mejor jugador de su generación. Dwight Howard tendrá que demostrarnos que todo el ruido y furia que llega desde Orlando está al servicio de algo significativo. Y Kevin Durant simplemente tendrá que crecer aún más como jugador para poder parar al resto.

“Podemos ser mejores de lo que fuimos en la pasada temporada”, declaró James a los periodistas citados en el Media Day de Miami de hace unos días. “¿Somos ahora mejores de lo que fuimos hace cuatro meses? Por supuesto que no, pero tenemos el potencial para llegar a serlo. Y en cierta forma, esto asusta”.

Los Thunder también tienen el potencial para ser aún mejores. O los Lakers, cómo no con el potencial para ser el mejor equipo con el que Kobe haya jamás jugado.

Sí, asusta. Pero es un miedo apasionante. Se acerca el momento de disfrutar cada instante de esta NBA.





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