Kawhi Leonard en clave de tragedia


Artículo publicado originalmente en el antiguo Extra nbamaniacs el 19 de julio de 2019.

El seísmo que llevó a Kawhi Leonard a los Clippers pareció inspirado en un archivo clasificado del Servicio Secreto. Escasísimas filtraciones acertadas en los días previos, prácticamente nulo conocimiento de las intenciones del jugador por parte de la prensa y destino final que, con base en los rumores llovidos aquellos días, muy poca gente esperaba. Una tormenta de verano tan repentina que en solo unos minutos editó el código civil de la NBA hasta el esqueleto: es el fin de los súper equipos y el prólogo de una era en la que hasta ocho o incluso diez equipos podrían tener posibilidades de alcanzar las Finales. Ha llegado la etapa de las grandes parejas, literatura de Tolkien si nos lo llegan a describir hace un par de años, pero ya pura realidad en la liga.

Lo cierto es que, seguramente, solo la familia, su tío (figura prácticamente paterna), su madre, mujer y muy poco más estuvieron al tanto de las intenciones de Kawhi Leonard antes de comprometerse con los Clippers y de dejar patas arriba media competición. A lo mejor ni siquiera ellos conocían todos los detalles: que estaba intentando seducir a Kevin Durant y Paul George para unirse a él en Los Angeles, que firmaría solo dos años más otro opcional… 

La desinformación general fue reflejo del propio carácter innegociable del jugador, de su conducta rutinaria dentro de una mente minimalista e introvertida hasta el extremo. Leonard es un organismo entre un millón, reservado como pocas estrellas en la historia de la liga y amante de la discreción hasta el punto de, por ejemplo, haber mantenido durante muchos meses después de llegar a la NBA (año 2011) el coche utilitario que conducía en la universidad. Él es un ser único por los hábitos que ha adoptado, por lo hermético e ilegible de toda su existencia.

Y a lo que vamos en esta pieza es que toda esa ausencia de campanillas dentro de la decisión de Kawhi este verano (así como su carácter como ser humano) empezaron a germinar cuando él solo tenía 16 años.

Era solo un adolescente, pero ya entonces vivió la mayor tragedia de toda su vida. La que marcaría el resto de sus días.

El padre de Kawhi, Mark Leonard, regentaba un lavadero de coches en Compton (condado de Los Angeles), una de esas ciudades equivocadas si lo que querías era esquivar cualquier tipo de problema. El lavadero era el lugar donde progenitor y vástago pasaban la mayor parte de tiempo juntos; allí el joven Kawhi exprimía su físico para ayudar a su padre en sesiones de hasta 10 horas diarias de trabajo entre esponjas, parabrisas y carrocerías imperfectas. Era el negocio de su familia y, como tal, él daba todo lo que podía ayudando.

“Era un trabajo realmente duro, pero me encantaba”, reconocía el propio Kawhi. Aquel lugar fue el rincón del que procedían gran parte de las memorias con su padre. También era allí donde Kawhi y Mark compartían risas, enseñanzas, lecciones y miles de conversaciones. Era su santuario particular. Tenían una gran relación, muy unidos desde que el ahora jugador de los Clippers fue muy un pedugo.

Y, de repente, el horror.

“Estábamos yendo a un partido. Llamaron al teléfono y él lo cogió. Muy, muy serio, colgó y me dijo, ‘mamá, dicen que mi padre ha muerto”, podía relatar la madre de Kawhi, Kim Leonard, años después de la tragedia.

Mark había sido asesinado a sangre fría cuando estaba en su negocio, en el lavadero donde había compartido tantos momentos con su hijo pequeño.

En el momento del siniestro, Mark se disponía a echar el cierre, como en cualquier otra jornada, cuando se vio asaltado por siete hombres. Era enero del año 2008; diez balazos a sangre fría consumieron la vida del cabeza de familia de los Leonard. Su padre había desaparecido de repente y era para siempre.

“En el teléfono me dijeron que mi padre estaba muerto. Sentí como que el mundo se paraba. No quería creerlo en ese momento. Parecía como que no fuera algo real. No estoy seguro de lo que pasó, realmente no sé nada salvo que alguien desconocido se acercó a donde estaba mi padre y le disparó. Creo que es mejor para mí no saber quién lo hizo”, contaba el propio Kawhi también años después del suceso que 11 años después sigue sin sentencia ni culpables reconocidos.

La familia Leonard, de hecho, hace años que dejó de pedir responsabilidades a las autoridades de California, de Los Ángeles y al detective privado que habían contratado para esclarecer el suceso.

“Kawhi estaba en el asiento de detrás y cogió el teléfono. Muy serio, colgó después de recibir un mensaje y me dijo: ‘mi padre está muerto. Casi ni parecía que estuviera sufriendo mientras estaba diciendo eso”, relataba la madre del alero. El jugador, por aquel entonces un adolescente, estaba en pleno shock y esa comitiva de horrores en su cerebro marcaría su personalidad y sus actos de por vida. Sí, aquel horroroso lance hizo que naciera el Kawhi más retraído que todos conocemos. Había empezado a forjarse su carácter discreto, y había ocurrido a raíz del trágico asesinato de su héroe.

Relación con su padre

El vínculo de Kawhi Anthony (segundo nombre) con su progenitor era muy estrecho. Mark, de hecho, le había insuflado desde pequeño una formidable afición por el fútbol americano, deporte que Kawhi practicó hasta su adolescencia. A Mark le hubiera encantado que el menor de sus cinco hijos (todas chicas menos Kawhi) terminase siendo jugador profesional de la NFL (como Stevie Johnson, primo de la familia).

Es más, al propio Kawhi no le hubiera importado hacer carrera como gran jugador de football y siguió entrenándose entre hombreras y yelmos contemporáneos hasta el segundo curso del instituto; ya después se decantó por aros y tableros, esa sí fue su gran pasión desde que tuvo un raciocinio medianamente independiente. Su padre, aunque en parte triste porque su hijo no compartiera el fervor por las yardas y hierba al ras, apoyó la decisión de Kawhi desde que la hubo conocido.

Con Mark no solo pasaba tiempo en el autolavado, también se entrenaban y jugaban juntos a baloncesto. Él era la figura referente de aquel adolescente que apuntaba a estrella del deporte gracias a un creciente físico hercúleo y a una dedicación prácticamente enferma.

“¿Se ha ido de verdad? ¿Hay alguna posibilidad de que esté vivo o de que se hayan equivocado de persona? Acababa de hablar con él ese día. Fue muy duro para mí”, se preguntaba el jovencito Kawhi en aquel momento. Su vida había dado un oscuro vuelco y la sacudida había sido de una escala tal que instauraría la discreción en su carácter y en su mente para siempre.

El partido de después

Con todo el drama queriendo salir pero siendo empujado hacia lo más hondo de su ser, Kawhi tenía que afrontar un partido (jugaba en el instituto Riverside) solo unas horas después de que a su padre le arrancaran la vida a disparos. Él decidió disputar aquel choque. Se suponía que su padre habría estado en la grada animándole, así que no podía fallar. Anotó una buena cantidad de puntos e hizo un partido bastante potable pero, al terminar, aquel adolescente a punto de explotar no pudo resistir más. Aunque rara vez mostraba sus sentimientos en público, menos en aquella situación límite y en un pabellón atestado de gente, al acabar el juego se entregó a brazos de su madre y rompió a llorar. Como nunca lo había hecho, al menos con miembros de su familia siendo testigos.

No aguantó más. La rabia y tristeza contenidas habían volado la barrera sentimental que Kawhi había levantado delante de su fisionomía.

“El baloncesto me ayuda a tener mi mente alejada, distraída, rescatándome cada día cuando estoy triste. El baloncesto es mi vida, y quería jugar y sacar mi mente de todo esto. Fue muy triste. Se suponía que mi padre debía de estar en las gradas en el partido. Él hubiera estado muy orgulloso. Traté de jugar todo lo duro que pude. Eso sería lo que mi padre hubiera querido”, podía decir el Kawhi de 16 años horas después de aquel choque, solo días y momentos tras el asesinato de su padre. Por fuera aparentaba entereza y sobriedad, como un adulto, pero por dentro seguía diluviando como el niño que era.

Al partido del duelo, por cierto, asistió como espectador el actor Denzel Washington, cuyo hijo actuaba en aquel mismo encuentro. Al poli-oscarizado intérprete le sorprendió la historia que le estaban contando cuando estuvo ubicado en la grada: un compañero de su hijo acababa de perder a su padre y era el jugador más destacado del equipo en aquel choque.

“Mi hijo tenía un partido y era en el instituto King Riverside, y lo recuerdo porque aquella noche dijeron: ‘hay un chico de los que juega que han asesinado a su padre recientemente’. Tuvimos un momento de silencio por él, y el nombre de aquel chico era Kawhi Leonard. Hizo como 29 puntos y 27 rebotes y yo pensé como ‘wow, este chico está inspirado y motivado por haber perdido a su padre’. Y menudo partido. Nadie sabía que podría seguir haciendo eso durante los siguientes 20 años. Ya entonces era alguien especial”, comentaba tiempo después de aquellas fatídicas 24 horas Denzel Washington.

“Kawhi, ¿estás bien?”

Aquel maremoto de lágrimas en brazos de su madre, tras el partido, fue un oasis en el desierto de impresión de emociones. Hasta los 16 años Kawhi ya había sido un chico de naturaleza algo retraída, pero tras el deceso de su padre aquello se multiplicó por varios dígitos. Su madre siempre aseguró que su hijo nunca volvió a ser el mismo tras la tragedia.

Cada vez que ella preguntaba a Kawhi si estaba bien, la respuesta no llegaba o si lo hacía era en forma de un escueto “I m OK”. Ni una palabra más; ni mucho menos alguna emoción

De hecho, tras el oscuro suceso, la madre de Kawhi, Kim, empezó a palpar elementos extraños en su hijo. No le veía sufrir como lo hubiera hecho un chico de su edad en tales circunstancias. No expresaba sus emociones ni denotaba la tristeza propia de su situación. Eso llevó a su madre a desarrollar una preocupación muy grande. Trataba de preguntarle constantemente si todo estaba bien, si quería hablar de algo; pero las respuestas de Kawhi eran siempre hacia dentro, contenidas, sin traducir al idioma de los sentimientos o el lenguaje lo que rebotaba dentro de su cabeza en aquellos momentos.

“Era un dolor muy duro para él, quería mucho a su padre, se querían mucho. Mark era un modelo para su hijo y también uno de sus grandes amigos, con el que hablaba por teléfono todas las noches que no podía estar en casa”, contextualizaba la madre.

Mucha gente señala el trágico hecho, y el modo en el que Kawhi ordenó sus hábitos, como grandes responsables de su carácter posterior, del actual. De su naturaleza callada, tímida y discreta.

“De veras que no le veía expresar su sufrimiento por lo que pasó. Yo quería que lo hiciera. Yo le decía, ‘Kawhi, ¿estás bien? ¿Seguro?’ Pero él se lo quedaba todo dentro de sí. Yo estaba asustada. Él solo era un jovencito y había perdido a su padre, una gran figura en su vida. Eso podía haber derivado en cosas malas para él. Pero Kawhi siempre ha sido fuerte. Es un buen chico”, añadía su madre.

“Cuando pasó, pensaba en ello todo el tiempo. Pero conforme me he ido haciendo mayor, he parado de darle vueltas”, afirmaba hace no mucho el propio Kawhi.

Por supuesto que por la cabeza del jugador de los Clippers rebotaba un océano de pensamientos, el noventa y nueve por ciento relacionados con su pérdida, pero aprendió que el modo en el que mejor sobrellevaba todo era mostrarse parco, no decir apenas nada. Y eso ha sido su identidad hasta el día de hoy.

La figura de su tío

Tras la muerte del padre, su tío Dennis Robertson (hermano de la madre) decidió actuar. Cuatro jóvenes adolescentes eran demasiado remolque para una madre sola y recién enviudada. Dennis se trasladó a vivir con la familia Leonard para ser una ayuda en el día a día y en el duelo, y a la postre terminaría siendo una de las figuras más influyentes en Kawhi; la mayor en lo profesional sin ningún tipo de duda.

“Tras la muerte de mi padre, no había muchas figuras de hombres en la familia y él es un gran tipo, una buena persona con la que puedes hablar de lo que sea y que ha vivido experiencias como la mía a mi edad. Él ya ha luchado contra la vida”, decía Kawhi sobre su tío.

“Yo estaba feliz de estar ahí y de poder ayudarles, para que mi hermana pudiera pasar por todo ese proceso”, se confesaba Dennis Robertson, que guió los primeros pasos de Kawhi en el profesionalismo. Al final, se convirtió en el padre que el dos veces MVP de las Finales no pudo tener a partir de los 16 años y también en su apoderado no oficial. Dennis es en quien Leonard confía la duda de todas sus decisiones baloncestísticas y hasta un portavoz de su estado de ánimo y de sus denuncias. Lo ha sido y es todo para su sobrino. En los últimos dos años, también el nombre de Dennis ha saltado al plano mediático por su aparición en temas como la salida de Kawhi de San Antonio, tras los cortocircuitos de opinión con la franquicia de Texas.

Casualidad o no, Kawhi se convirtió en campeón de la NBA con los Spurs el día 15 de junio de 2014, cita de la festividad del Día del Padre en Estados Unidos. No pudo llegar mejor manera de brindar el triunfo a Mark que conseguirlo, aunque de manera fortuita, en semejante fecha. Claro, al final Kawhi consiguió colocar el trágico suceso en un departamento de su mente en el que no pudiera destruirle, sino que le hiciera más fuerte.

“Ahora todo de lo que me preocupo es de jugar y de divertirme. Estos van a ser los mejores años de mi vida, jugando en la NBA. Tener 27, siendo tan joven, no deberías estar estresado por cosas de la vida que realmente no importan. Creo que la muerte de mi padre me dio dimensión de que la vida y el baloncesto son dos cosas diferentes y que tienes que disfrutar del momento y de las cosas”, podía relatar Kawhi la pasada temporada.

Su código vital cambió y así lo hizo también su personalidad a raíz de la pesadilla. Kawhi es ahora uno de los líderes más atípicos que la NBA ha visto nunca: comanda como nadie, pero no lo hace desde la convencional arenga oral.

“Él es un tío que no habla mucho pero sí lidera. No habla mucho pero lidera con otras cosas. Lo hace de otras maneras”, podía subrayar su excompañero Serge Ibaka esta pasada temporada, antes de la disputa de las Finales.

Hasta grandes estrellas de la liga, como Anthony Davis, no saben cómo tratar con Leonard para no presionarle o que se sienta presionado. Este fragmento pudo es de una entrevista a Davis en ESPN de la que nos hicimos eco hace unos días.

Kawhi y su carácter

Es una mente única, la que le lleva a no tener presencia en las redes sociales, solo una cuenta de Twitter en la que ha publicado dos tuits y en la que hay sequía absoluta desde el año 2015. 

También en Kawhi habita una mente que le llevó a vivir en un apartamento con su madre durante las tres primeras temporadas en la NBA. Él era de California (aunque con raíces en Ciudad del Cabo, Sudáfrica) y en San Antonio quería estar acompañado por los suyos. Por eso vivió con su madre, lejos de la ostentación que ofrece ser una estrella joven con dinero y fama. El comportamiento de Kawhi huye de toda pomposidad y reconocimiento, prueba de ello es que tiene un hijo del que apenas se conocen detalles; o directamente que su fichaje por los Clippers se gestó desde el mayor secretismo conocido por una estrella de tal renombre.

El tatuaje “RIP Dad” dentro de su frontera corporal es la expresión más fiel de cómo afronta Kawhi Leonard la vida y los problemas: minimizando el ruido y aumentando al máximo su capacidad de reacción, de solución. Eso se lo debe en gran parte al asesinato aun sin resolver ocurrido en 2008, que grabó su vida para siempre.

“Siempre que tu familia tenga salud, tendrás la capacidad de hacer las cosas bien y salir adelante… Podrás salir ahí fuera y hacer lo mejor que puedas en todo lo que hagas. Tienes que tratar de ganar”, defiende Kawhi. Eso es lo que hizo él y lo que le llevó a ser dos veces MVP de las Finales ganando dos anillos sin decir una palabra más alta que otra, y a llevar una agencia libre tan íntima como la de 2019.

Es un gran ejemplo de que los seres humanos somos como afrontamos las dificultades que nos suceden. Y de una manera tan atípica, tan discreta, se ha convertido Kawhi en la personalidad más influyente de la NBA a día de hoy. En silencio, ha instaurado un nuevo orden en la competición. 

Y lo ha hecho desde la discreción más absoluta.

(Fotografía de portada: Harry How/Getty Images)


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