Shuttlesworth está, pero no será suficiente


Falta poco más de un mes para que Ray Allen cumpla 39 años. Una edad a la que muy pocos jugadores consiguen seguir en activo. Para el que fuera Jesus Shuttlesworth en el film de Spike Lee, He Got Game, el tiempo pasa de manera diferente.

Allen es el prototipo de estrella de la liga que se ha cuidado para alargar su carrera. Quizás lo decidió porque, como muchos de nosotros, ama este deporte, pero a mí me suena más a que hace siete u ocho años se miró al espejo tras un partido en el que las piernas le fallaron. Uno de esos choques en los que no te entran los tiros y, sabes que, ese centímetro menos de salto vertical que tus pesadas piernas ya no son capaces de lograr, te puede costar partidos, y por qué no, campeonatos.

Allen se vio en el reflejo de ese espejo. Treinta y pocos años, una carrera para enmarcar y, sin embargo, no atisbaba el anillo. Eso le tuvo que hacer reflexionar.

Cuando la temporada pasada llegaba a su fin, ese centímetro de salto vertical, que Allen ha ido cuidando meticulosamente con el paso de los años, le dio a Miami Heat la oportunidad de forzar el séptimo partido de Las Finales. Ese centímetro acabó significando el segundo anillo consecutivo de los Heat y el segundo entorchado también para Ray Allen, tras el título conseguido en 2008 como miembro de los Boston Celtics.

Cuando Allen anotó aquel lanzamiento desde la esquina derecha, y tras verlo repetido miles de veces (igual me estoy quedando corto), hay una pregunta que te asalta: ¿habría sido el último gran tiro de una de las mejores muñecas de la historia?

Me equivocaba, y seguro que muchos de vosotros también. Nunca pensé que durante el primer partido de Las Finales de la NBA 2014, la red social Twitter, se llenaría con comentarios tipo: “¡Jesus Shuttlesworth ha vuelto!”, “¡Jesus vuela!, “¡Oh dios mío, ahí va Shuttlesworth!”

La exhibición de Allen fue una sorpresa y un placer para nuestros ojos. 16 puntos, 3 rebotes, 3 pases de canasta, 5 robos de balón, y un mate tremendo. Un mate que el mismísimo Jordan hubiera firmado. Uno de esos que hacía Shuttlesworth en la película cuando Allen tenía poco más de 20 años.

No sirvió para nada. Los calambres de LeBron desmoralizaron al equipo y, el acierto de los Spurs durante el último cuarto, terminó con las esperanzas que los Heat tenían puestas en robar el primer encuentro disputado en el sur de Texas.

La diferencia, para variar cuando hablamos de San Antonio, la marcó el banquillo.

Ginobili se fue hasta los 16 puntos para anular la exhibición de Allen, y lo demás fue coser y cantar. Diaw es un maestro. Solo encestó un tiro de campo (1/5), pero le dio tiempo a capturar 10 rechaces y a repartir 6 asistencias: juega de lo que quiere y como quiere. Patty Mills es un anotador salvaje. Sale a tirar cada vez que sus compañeros le regalan una ventaja (los Spurs son mucho de regalarse tiros abiertos). Y hasta Belinelli, que ha sido el más irregular durante la segunda parte de la temporada, salió y aporto nueve tantos más. En total, más 14 para el banco de Popovich. Y que a nadie le sorprenda que acabaran ganando de 15.

Si los Big Three no fallan, que va a ser difícil que lo hagan, Eric Spoelstra va a necesitar sacarse un conejo del banquillo. Shuttlesworth está, pero solo con él no les valdrá.


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