Stern y su legado: más luces que sombras

Llamémosle villano, bravucón o hasta estúpido. Digamos que es un maestro en el arte de mover despiadadamente los hilos de la NBA durante tres décadas, arrasando con los enemigos, dictando sus propias condiciones, moldeando la Liga con una fuerza bruta en forma de personalidad tan arrolladora como criticable.

Pero debajo de los abucheos, los sentimientos negativos y la sensación general de que David Stern no es precisamente un buen tipo, reposa un hecho innegable: Stern, que el pasado jueves anunció que dejará de ser el Comisionado de la NBA el 1 de febrero de 2014, es una de las figuras deportivas más exitosas de nuestro tiempo.

Durante lo que será un periodo de exactamente 30 años, Stern ayudó a transformar la un día despellejada Liga nacional en una marca global. Sí, le llegó la oportunidad en forma de mano ganadora, asumiendo las riendas de la NBA en 1984, con el duelo Bird-Magic en su etapa más apasionante y empezando su andadura al mando de la Liga nada menos que en el Draft del que saldría un tal Michael Jordan en la tercera elección.

Pero aún con todo, Stern ha sabido jugar esa mano con maestría, gestionando el final de la era Bird-Magic al tiempo que liderando el nacimiento y la plenitud de Jordan y sus Bulls hasta una relevancia en todos los sentidos hasta entonces inimaginable. Y también, tan importante como aquello, ha sido la gestión de la transición de la NBA desde la salida de His Airness hasta nuestros días; un tiempo éste de hoy, reconozcámoslo, brillante en cuanto a cantidad y profundidad de talento, así como en cuanto a la calidad de las miles de historias de las que disfruta nuestra generación cada día, en cada partido.

LeBron James y los Heat. Kevin Durant y los jóvenes y hambrientos Thunder. Kobe Bryant y el relanzamiento de una histórica franquicia con quizá uno de los mejores quintetos de la historia. La avalancha de point guards de calidad, las jóvenes estrellas, el ritmo de una Liga que es tan interesante como divertida. Esto es lo que Stern dejará atrás.

“No sé qué más decir más allá de lo que ya dije a los propietarios ayer en la sesión ejecutiva”, dijo Stern en la conferencia de prensa posterior a la reunión de los NBA Board of Governors, “les dije que ésta ha sido una gran carrera, que durará todavía 15 meses más, y que la Liga está con un aspecto y en unas condiciones fantásticas”.

Con David Stern al mando, la NBA ha internacionalizado el baloncesto, ha abierto grandes y fructíferos mercados mucho más allá de las fronteras norteamericanas, atrayendo talentos ahora irrenunciables de la competición como Dirk Nowitzki, Tony Parker, Manu Ginobili, Pau Gasol y tantos otros. Ha sobrevivido (lucrándose de poder en el proceso, todo sea dicho de paso) a cuatro lockouts, ha añadido siete franquicias y se marchará con la NBA siendo, quizás, el segundo deporte en la cultura americana tras el fútbol americano, y lo suficientemente popular como para organizar anualmente partidos en ciudades tan poco NBA como Raleigh, Kansas City, Las Vegas, Londres, Milan o Barcelona.

Existen, también, muchas razones por las que criticar a David Stern, un buen número de controversias que han marcado su camino tanto como lo han hecho sus éxitos.

Pero cabe considerar: en la cultura americana (y por extensión, mundial) se cree desesperadamente que para tener talento debes, además, ser una buena persona. Hay que ser agradable para tener éxito. Para ganarse alabanzas tienes que ganarte primero el afecto de la gente. Y este es un falso relato provocando por una sociedad que quiere que le digan lo que quiere oír y celebrar tan solo aquello con lo que se está de acuerdo. Pero, a veces, algunas autocracias pueden ser buenas, o hasta necesarias. No todo es análogo a la democracia, algo particularmente cierto en el mundo de los negocios.

La NBA es, también, una máquina de hacer dinero que vende partidos y fama, una vía de escape de la vida real. Ocio, al fin y al cabo. Y en ello, David Stern ha sido inapelable y constantemente ambicioso para, al final, salir vencedor. Ha ganado a competidores y adversarios varios. Brutal con sus enemigos, Stern ha actuado cual Rey, saliendo reforzado en la mayoría de los conflictos. Y el resultado es una Liga que puede vender productos como LeBron, Durant, Kobe y el resto de jugadores a marcas de zapatillas deportivas, a los chinos, a Europa y a gran parte de su país por millones i millones de dólares al año.

Stern será substituido por Adam Silver, su mano derecha durante los últimos 14 años, alguien que ha aprendido a manejar la NBA de quien todo lo ha controlado. “Serás recordado como el mejor Comisionado de todos los tiempos”, le soltó Silver a Stern, sentado a su izquierda.

Quizá sí. Pero quedan cosas por pulir en esta transición, incluyendo al propio Silver. Si Stern se ha autoimpuesto todavía 15 meses para delegar del todo en el hombre correcto, es para quitar dramatismo y especulación sobre el relevo, al tiempo que para seguir haciendo crecer a la gallina de los huevos de oro.

Los veredictos llegarán después. Por ahora, lo que ya podemos decir es que durante 30 años David Stern ha gestionado la NBA con mano de hierro y que, bajo su batuta, la ha convertido en la historia de éxito que hoy en día es.

“No creo mucho en la palabra que empieza por L; legado”, dijo Stern en dicha rueda de prensa. “Solo quiero decir a la gente que he tratado de llevar a la NBA por el mejor camino posible: tiempos muy interesantes y fructíferos, algunas aguas turbulentas, más oportunidades extraordinarias; y que la Liga ha crecido en popularidad, se ha convertido en un fenómeno global y que tanto propietarios, como jugadores, como fans lo han hecho extremadamente bien”. Pues eso.





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