Thunder: lecciones de juventud

A cada paso que daba Oklahoma City en estos Playoffs, un eterno defensor de aquello de “la experiencia cuenta” en post-temporada NBA daba un paso al frente y se tiraba puente abajo.

Era fácil olvidar que y cuentan ambos tan solo con 23 años cuando veías cómo acabaron con Mavericks o Lakers al final de los partidos, ejecutando sabiamente el veneno cuando los dos últimos campeones de la NBA no sabían hacerlo. Díficil era también recordar que y tienen solamente 22 años cuando vimos cómo levantaron el 0-2 inicial en la serie ante aquellos invencibles San Antonio Spurs, o cómo empezó esta última serie final ante los .

Hasta que, cuando el equilibrio dominaba la lucha por el Larry O’Brien Trophy y las luces del hype que generan estas Finales solo dejan de cegar a unos pocos elegidos, Oklahoma City hizo algo hasta ahora desconocido en estos Playoffs: actuar acorde con su edad.

Tiros libres errados en demasía, pérdidas innumerables de balón, tiros de campo fallados cuando más había que meter y exceso de faltas personales tan frecuente como estúpido. Al final, y como consecuencia de todo ello, una ventaja de 10 puntos a mediados del tercer cuarto desvanecida. Derrota, 2-1 abajo, y los Heat con la opción de ser campeones sin necesidad de ganárselo en Oklahoma.

La falta de comunicación en el saque de banda de Sefolosha que, incomprensiblemente (pues era tras tiempo muerto), fue a parar cómodamente a las manos de Wade en la jugada clave del final del partido (con 16 segundos por jugar y tan solo cuatro puntos por detrás), es solo la punta del iceberg. El equipo con mejor porcentaje en tiros libres de la competición regular ya había fallado antes 9 de sus 24 intentos, además de perder el balón hasta cinco veces en los últimos 06:46 minutos y dar, por dos veces, opción al rival de 3+1.

Mención aparte merece . ¿Os acordáis cuando tan solo 48 horas antes del Game 3, Brooks y sus Thunder parecían determinados a no variar el estilo de juego ofensivamente más que agresivo de Russell Westbrook? No os preocupéis, visto lo visto 48 horas después, Scott Brooks tampoco lo recuerda. O al menos lo olvidó en el momento en que (incomprensiblemente) sentó a su pointguard titular al banco cuando, con Durant también apartado por exceso de faltas personales, su equipo dominaba el partido. Marcaba un 53-60 para los Thunder el electrónico en el momento en que Durant se retiró de la pista, con 05:41 todavía por jugar en el tercer periodo, que poco más tarde fue un 54-64.

El transcurrir de los partidos de esta apasionante serie dirá si ésa fue o no una decisión determinante para las opciones de anillo de los Thunder, aunque lo fue ya seguro para las de victoria de un partido que tenía, como poco en ese momento, controlado.

Se habla y se hablará de juventud. El problema aparece cuando ésta se asocia a inexperiencia. Y Brooks y sus jugadores pecaron de ella el pasado domingo.

Y es que es históricamente remarcable que un equipo tan joven llegue tan lejos en la competición. No se recuerda un campeón de la NBA de esas características desde 1977, cuando los Blazers ganaron el anillo con cuatro de sus cinco jugadores titulares por debajo de los 24 años (y, dicho sea de paso, ningún jugador de más de 27 al inicio de aquella exitosa campaña).

Aunque todavía sin quejas oficiales por parte de algún representante de la franquicia, andan con la mosca tras la oreja en Oklahoma City por la supuesta parcialidad de los arbitrajes. La relación se basa en la ya famosa falta no pitada de James sobre Durant que decidió el Game 2 en el Chesapeake Energy Arena, y la supuesta reiteración de faltas pitadas al segundo sobre el primero ya en aquel partido y desde entonces.

Se trata, al final, y más en unas Finales de la NBA que suelen decidirse por detalles como pueda ser éste, de ajustar lo que sea requerido (y la immadurez que ha mostrado Durant al respecto de cometer innecesarias faltas personales es, realmente, algo que ajustar y ajustarlo ya) y centrarse únicamente en lo que viene. Más aún, cuando lo que viene es un Game 4 que, desde el punto de vista de los Thunder, es un partido que, de perderlo, te puede dejar (históricamente, te deja, pues nunca nadie ha remontado un 1-3 en unas Finales) casi sin opciones de aspirar a aquello por lo que llevas luchando durante de seis meses.





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