Un enigma llamado Michael Beasley

es el claro ejemplo de lo que llamamos un ‘juguete roto’ de la NBA. Talento a raudales, futuro prometedor, pero una cabeza no apta para los flashes y focos de la mejor liga de baloncesto del planeta.

Llegó como número 2 del Draft 2008 a Miami Heat cuando por aquellos tiempos la franquicia de Florida estaba por los bajos hondos del Este. Oportunidades tuvo, minutos tuvo, pero sus problemas extradeportivos provocaron que saliera por la puerta de atrás, justo cuando conseguían componer su famoso Big Three (Lebron, Wade y Bosh).

Superados aquellos problemas con el alcohol, de nuevo recibió apoyo en Minnesota Timberwolves. Sus números crecieron allá por la campaña 2010-11, pero de nuevo sus problemas extradeportivos y su mala relación con sus compañeros provocaron que la franquicia lo dejara libre este pasado verano de 2012.

Después de verse sin equipo y en un mercado veraniego algo movido, la fortuna volvió a sonreír para el jugador. Los Phoenix le querían para su proyecto de renovación. 3 años por 18 de millones de dólares. La oferta le convenció, ya que según sus propias palabras, la aceptó sin titubear dada la buena impresión que le dio la dirección de la franquicia en su primera reunión.

Confiaban en su juego y en su presumible potencial. Pero de nuevo apareció esa bestia en forma de mala cabeza. Volvieron a florecer los problemas y su mala conducta de vestuarios hacia dentro. Beasley pasó de titular indiscutible a fondo de armario de Alvin Gentry. Pero todo tenía una supuesta explicación: El pasado 10 de diciembre salían a la luz los rumores que decían que Michael era “tóxico” para sus compañeros y justo coincidía con su papel testimonial en el equipo y con su mala racha. Beasley, de pilar de la franquicia, a hombre que rozaba los cinco minutos sobre la pista.

De nuevo el pasado 24 de enero Beasley volvía a ser noticia, y no precisamente por sus buenos dotes deportivos. El alero era detenido por exceso de velocidad (circulaba en una zona de 45 a 71 mph), pero en dicha detención se unieron cargos por posesión de armas y por tener el permiso de conducir y la placa de la matrícula caducados.

El propio Beasley declaró no conocer el motivo de su detención, pero se mostró abierto a culpar con su cargo y aceptó la multa. Sin embargo, el Arizona Sports hizo público el informe policial, el cual el agente decía que el jugador tenía trastornos en el habla y que sus respuestas eran lentas. Algo que ligado a sus antiguos problemas con el alcohol y a su mal momento de juego podrían explicar su bajón de rendimiento. Pese a todo, la franquicia ha optado por no multar al jugador y aceptar por “buena” la versión de su denuncia por exceso de velocidad.

Pese a todos los problemas que surgen alrededor de la figura del jugador, parece que últimamente está volviendo al camino correcto. En sus últimos diez encuentros roza la treintena de minutos y hasta en cuatro ocasiones ha superado la veintena de puntos, siendo los 27 tantos ante los Lakers su segunda mejor anotación de la temporada.

El jugador, en una reciente entrevista a Associated Press, se pronunció respecto a su mejoría a las órdenes de Lindsey Hunter: “Solo estoy jugando agresivo. Estoy tratando de comenzar una nueva vida. La bestia está de vuelta”.

Unas palabras esperanzadoras para el jugador y para la dirección de los Suns, quienes apostaron por Beasley y le dieron un voto de confianza cuando muy pocos se lo iban a conceder.





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